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ENFERMEDADES ESPIRITUALES

En este estudio realizado por Mariana Caplan se profundiza la forma en que nuestros puntos de vista, perspectivas y experiencias, se infectan de contaminantes conceptuales y/o emocionales, siendo afectados de una forma invisible, al igual que con una enfermedad. Si bien las enfermedades de diagnóstico físico generan síntomas en el paciente que le impelen acudir a un especialista, en el caso de las enfermedades espirituales, la mayoría de las veces, los síntomas no son percibidos, por lo que la enfermedad puede seguir su desarrollo y convivencia con la estructura psicológica de la persona durante su proceso espiritual.

 Uno de los medios para sanarse, o aún mejor, evitar estas enfermedades, es estar informado, ya que el ego está siempre al acecho, esperando que “nuestras defensas” estén bajas para inyectarnos algún tipo de “infección” y así justificar su existencia.

 Las siguientes categorías de engaños psicológicos, amalgamados con la entrada del Blog “8 Trampas del PseudoTrabajo”, forman un cuadro útil para percibir las sutiles y difíciles desviaciones, no solo como un espejo generador de discernimiento de la veracidad del propio proceso interno, sino también como una visión general de la pseudo espiritualidad actual.

Cualquier emprendedor realista, que transite los senderos de la espiritualidad, se prepara para confrontar las enfermedades espirituales o trampas. Esto involucra conocer en qué consisten, saber detectar si se ha caído en ellas, y saber cómo salir de las mismas.

                                                                                                            Alfredo Marinelli

ENFERMEDADES ESPIRITUALES   por Mariana Caplan  

Muchas personas profundamente comprometidas con el viaje espiritual tropiezan, a lo largo de su vida, con versiones diferentes de la enfermedad espiritual. Y es que, por más sinceras que sean nuestras intenciones, nuestra cultura se halla tan enferma que, independientemente de la profundidad de nuestra comprensión espiritual, la mayoría vivimos de un modo relativamente desequilibrado. El riesgo de contraer una enfermedad espiritual es, aun entre quienes han dedicado su vida a la transformación, tan probable como el de contagiarse de gripe.

 Cualquiera puede caer presa de las enfermedades de transmisión espiritual sin que haya, para ellas, antídoto conocido. La mayoría no opera aisladamente, sino en relación con otras enfermedades. La debilidad de nuestro sistema inmunitario -inevitable, por otra parte, en una cultura que soslaya la importancia del discernimiento espiritual- acaba propiciando, más pronto o más tarde, la aparición de una o más de estas enfermedades.

 Mientras no cobremos consciencia de las enfermedades que padecemos, para poder así curarnos y recuperar la salud espiritual, debemos permanecer muy atentos para no acabar imponiéndonos, a nosotros y a los demás, etiquetas y categorías excesivamente estrictas.                

1. Espiritualidad "Fast-Food": Mezcla de la espiritualidad con la cultura que celebra la velocidad, el multitasking y la satisfacción de deseos instantánea, nos aboca necesariamente a una espiritualidad tipo comida rápida. Son muchos los libros, movimientos y maestros espirituales que prometen a sus lectores y a sus seguidores demasiadas cosas a cambio de muy poco. Libros tan populares como el “Manual de la Iluminación para Holgazanes”, sugieren la posibilidad de iluminarse sin realizar el menor esfuerzo.

La espiritualidad tipo comida rápida es un producto de la creencia, de que el alivio del sufrimiento inherente a la condición humana puede ser sencillo y rápido. Si algo está claro es que la transformación espiritual no es sencilla y no puede suceder rápidamente.

2. Espiritualidad Falsa: 
La espiritualidad falsa es la tendencia de hablar, vestirse y actuar como creemos que una persona espiritual lo haría. Es una forma de imitación espiritual que intenta copiar la realización espiritual, de la misma forma que una tela de manchas de leopardo imita la piel genuina de un leopardo.

Se manifiesta cuando el ego se apropia de verdades espirituales y cree en la posibilidad de acceder a estados elevados de conciencia, imitando externamente el aspecto y la conducta que supone que caracterizan a las personas iluminadas. Y es que, del mismo modo que el niño juega a ser bombero tomando la manguera del jardín o que la niña remeda a su madre colocándose sus zapatos de tacón y maquillándose, el adulto humano se disfraza, en un intento de emular la conducta de las personas supuestamente espirituales, con algún tipo de ropaje espiritual. Luego asiste a acontecimientos espirituales y, de un modo tan sencillo, cree haber accedido a las enseñanzas de la sabiduría perenne de los místicos de todos los tiempos, sin necesidad de emprender el trabajo real necesario para experimentar el arduo y profundo proceso de transformación interior.

3. Motivaciones Confusas: 
Ésta es una enfermedad que hunde sus raíces en la motivación que nos lleva a emprender el camino espiritual. Y es que, por más auténtico y puro que sea nuestro deseo de crecer, a menudo se entremezcla con motivaciones no tan puras, como el deseo de ser amado, el deseo de pertenencia, la necesidad de llenar nuestro vacío interior, la creencia de que el camino espiritual acabará con nuestro sufrimiento y la ambición espiritual, es decir, el deseo de ser especial, de ser el mejor, de ser "el elegido".

Aunque la confusión resulte inevitable cuando, por vez primera, nos embarcamos en el camino espiritual, si nuestra práctica espiritual no pone finalmente de relieve las fuerzas que inconscientemente estén operando, puede acabar provocando una enfermedad. En tal caso, podemos sucumbir al impulso de satisfacer nuestras necesidades psicológicas de aceptación, significado y singularidad, soslayando las posibilidades más profundas que nos brinda la vida espiritual. Pero, en tal caso, no lograremos satisfacer nuestras expectativas y, en lugar de entender el fracaso percibido como un aspecto del camino, culparemos a Dios, a nuestro maestro o al camino y acabaremos decepcionándonos del desarrollo espiritual.

4. Identificación con las Experiencias Espirituales: 
En esta enfermedad, el ego se identifica con las experiencias espirituales y, tomándolas como algo propio, empieza a considerarse -en una forma de inflación del ego- artífice de las comprensiones que, en ocasiones, afloran en su interior. En la mayoría de los casos, las experiencias no duran indefinidamente, aunque en algunos dure por un período más largo por el hecho de que se creen iluminados, o que deben de funcionar como maestros espirituales. Hay veces en que la identificación con las experiencias espirituales es tan profunda que uno acaba perdiéndose.

«La iluminación súbita del satori es un concepto sumamente resbaladizo», escribió el autor húngaro Arthur Koestler.  En la mayoría de los casos y, a pesar de nuestro esfuerzo por aferrarnos a ellas y de mantenerlas, las experiencias místicas acaban desvaneciéndose. Si combinamos esto con las humillantes realidades del cuerpo, la enfermedad y las relaciones humanas, acabamos descubriendo que las experiencias místicas son, en esencia, simples experiencias.

5. El Ego Espiritualizado: Esta enfermedad se presenta cuando la estructura de la personalidad egoica se confunde con conceptos e ideas espirituales, provocando como resultado una estructura egoica “a prueba de balas”. Cuando el ego se espiritualiza, nos volvemos invulnerables a cualquier tipo de ayuda, a nueva información, o a una crítica constructiva. Entonces es cuando, en nombre de una supuesta espiritualidad, nuestro desarrollo espiritual se atrofia y acabamos convirtiéndonos en seres humanos impenetrables. El ego espiritualizado se manifiesta entonces en modalidades, que abarcan el amplio abanico que va desde lo sutil hasta lo extremo, que echa mano de conceptos, ideales y prácticas espirituales para eludir la autenticidad y vulnerabilidad ante las circunstancias de la vida.

6. Producción en Masa de Maestros Espirituales: Muchas tradiciones espirituales modernas llevan a la gente a creer, que se encuentran en un nivel de desarrollo o iluminación espiritual que se halla muy lejos de la realidad.

Son muchos, tanto en Oriente como en Occidente, los maestros espirituales mediocres que enseñan a sus sinceros discípulos niveles bastante menos que óptimos. Ésta es una enfermedad que opera como una especie de producción en serie de la espiritualidad: ¡Ten esta experiencia, logra esa comprensión y estarás iluminado!… y en condiciones, según parece, de iluminar a otros del mismo modo..

El problema no es lo que esos maestros enseñan, sino el hecho de que se presentan como si hubiesen alcanzado el dominio espiritual. Esa es una creencia prematura que no sólo frustra la evolución del maestro, sino que también transmite, en sus discípulos, una imagen muy limitada del desarrollo espiritual.

7. Orgullo Espiritual: 
El orgullo espiritual aparece cuando el practicante, después de años de laborioso esfuerzo, alcanza cierto grado de sabiduría que utiliza para justificar su desconexión de cualquier experiencia adicional. Resulta tentador que, en lugar de permanecer continuamente abiertos a un conocimiento más profundo, nos durmamos en los laureles del logro espiritual. El maestro budista tibetano Chogyam Trungpa Rinpoche consideraba el orgullo espiritual como uno de los obstáculos más difíciles de superar. Ese era, en su opinión, un problema que frustraba el desarrollo tanto de los maestros espirituales (llevándoles a creer que habían llegado al final del camino) como de los practicantes avanzados (haciéndoles creer que se hallan en un estado muy superior al de sus compañeros más jóvenes).

La sensación de "superioridad espiritual", que consiste en sentir que "yo soy mejor y más sabio que los demás y, como soy espiritual, estoy por encima de ellos", es otro de los síntomas característicos de esta enfermedad de transmisión espiritual. El síntoma mental de esta enfermedad incluye la creencia de que se conoce de realmente el ego, la conciencia y la espiritualidad. Y, entre sus manifestaciones físicas, cabe destacar la sensación de distanciamiento, la mirada de aprobación cuando los demás están hablando de cuestiones espirituales y la necesidad de afirmar, en la conversación, la superioridad de nuestro conocimiento espiritual

8. Mente de Grupo: 
También descrita como pensamiento de grupo, mentalidad sectaria o enfermedad del ashram. La mente grupal es un virus insidioso y oculto que contiene muchos de los elementos de codependencia tradicional. Se trata de una enfermedad en la que un grupo espiritual, se pone sutil e inconscientemente de acuerdo en el modo adecuado de pensar, hablar, vestirse y actuar.

Las intenciones compartidas relativas a la práctica y el protocolo resultan invisibles y el establecimiento de acuerdos homogeneiza al grupo, proporcionándole un nivel de seguridad psicológica que tiene muy poco que ver con las aspiraciones compartidas del desarrollo espiritual. Los individuos y grupos afectados por la "mentalidad de grupo" rechazan a los individuos, actitudes y circunstancias que no se adaptan a sus reglas, a menudo implícitas a las que se somete el grupo en colectivo.

No hay grupo, independientemente de su grado de desarrollo, que no incluya, como parte de su estructura, aspectos de esta dinámica sectaria enfermiza. Y uno de los indicadores más claros de esta enfermedad es la negación o ignorancia de esa dinámica. El sectarismo y el pensamiento de grupo son inevitables correlatos del psiquismo humano. Y aunque, en algunos casos, sus consecuencias sean leves en otras, no obstante, resultan letales. Recordemos, en este sentido, los suicidios colectivos de Jonestown y de la secta Puertas del Cielo.

 9. El Complejo de los Elegidos: Una enfermedad espiritual relacionada con la anterior, aunque con el toque añadido del orgullo espiritual, es el complejo de persona elegida. Se trata de una enfermedad que se halla presente en todos los grupos espirituales y se expresa en la creencia de que “nuestro grupo es espiritualmente más poderoso, evolucionado, iluminado o, simplemente, mejor que cualquier otro grupo”.

Y esta conclusión suele ir acompañada de la idea de que "nuestro maestro es el más grande de todos los maestros" y otras creencias tales como "jamás (en toda la evolución de la humanidad) ha habido un grupo como el nuestro" o de que "nuestro grupo es el más importante y valioso para la salvación de la humanidad".

Esta enfermedad suele derivarse de una tendencia psicológica profunda e inconsciente de impotencia, de falta de amor y de inmaterialidad que lleva a maestros y a discípulos a creer que su camino no sólo es el mejor para ellos, sino el mejor de todos los caminos posibles. Existe una importante diferencia entre el reconocimiento de haber encontrado el camino, el maestro o la comunidad más adecuados para uno y el de haber encontrado el verdadero y único camino, la misma diferencia, en suma, que existe entre afirmar “mi esposa/esposo es la mejor pareja del mundo para mí” y decir que “mi esposa/esposo es la mejor de todas”.

También es muy habitual que las personas reafirmen su sensación de valía psicológica, creyendo que su asociación con un maestro poderoso o iluminado les confiere, de algún modo, poder o iluminación, un fenómeno conocido con el nombre de “culto a la personalidad”. Es como esos padres que se identifican desproporcionadamente con la belleza o los logros de sus hijos, como si las cualidades o acciones en cuestión no fuesen de sus hijos, sino suyas propias.

10. Supervivencia del Ego basada en la Ilusión de Separación: Una de las enfermedades de transmisión espiritual más sutiles e insidiosas -y que llega a afectar a la inmensa mayoría de la población de aspirantes espirituales del mundo- es la creencia de que la espiritualidad tiene que ver conmigo, es decir, que yo estoy estudiando, que yo estoy llevando a cabo prácticas, servicio y esforzándome en sentirme bien, ser más feliz y convertirme en una mejor persona.

La falacia básica implícita en este error gira en torno a la creencia en el "yo". El "yo" con el que casi todo ser humano se identifica es un constructo psicológico creado para sobrevivir, pero nos hemos identificado tanto con él que hemos acabado creyendo que somos el yo.

Los místicos de todas las tradiciones han afirmado que "Dios es Uno" y que "Tú eres Eso". Y, aunque todos los seres humanos sepan eso intuitivamente y muchos lo hayan llegado a experimentar por sí mismos, la creencia de que somos seres separados se mantiene durante toda la vida.

Este malentendido básico de nuestra identidad verdadera no sólo es el problema fundamental al que se enfrentan todos los aspirantes espirituales, sino el fundamento mismo de todas las enfermedades de transmisión espiritual. La inquebrantable certeza de que "yo soy quien creo ser" -que tiende a ser tan fuerte entre quienes entienden intelectualmente este concepto como entre quienes no lo entienden- es tan virulenta que tiñe toda nuestra práctica espiritual, desde el servicio hasta la meditación y el ritual.

La mayoría nos pasamos nuestra vida en el camino sumidos en esta enfermedad integrada en nuestra conciencia. Se trata de una enfermedad de trasmisión espiritual -quizá la más difícil de erradicar de todas ellas- que afecta tanto a maestros como a discípulos, movimientos religiosos y tradiciones espirituales.

11. El Virus Mortal: 
"YA HE LLEGADO": Existe una enfermedad letal para el progreso espiritual, que es la creencia de que "ya hemos llegado" a la meta del camino espiritual. Cuando esa creencia se asienta en el psiquismo, acaba todo posible avance espiritual. Y es que, en el mismo instante en que creemos haber llegado al final del camino, concluye todo posible desarrollo. Y no olvidemos que, cuando no seguimos avanzando, acabamos retrocediendo.

La enfermedad de creer que ya hemos llegado -conocida también como la afirmación prematura de iluminación, enfermedad zen o complejo mesiánico- es la mejor documentada dentro de las tradiciones espirituales y religiosas.

En su libro El corazón del yoga, T.K.V. Desikachar explica que: «El mayor de los obstáculos consiste en creer saberlo todo. Suponemos que hemos llegado al final y que hemos visto la verdad cuando lo único que, en realidad, ha ocurrido es que hemos experimentado un período de calma que nos lleva a decir ¡Esto era lo que siempre estaba buscando! ¡Finalmente lo he encontrado! ¡Ya lo he conseguido! Pero lo cierto es que la sensación de haber alcanzado el peldaño más elevado de la escalera no es más que una ilusión».

La tragedia es que esta enfermedad puede acabar infectando a la gente de un modo que deteriora gravemente su amor a la verdad. Es mucho el daño provocado por maestros espirituales poderosos, populares y carismáticos que, pese a tener una comprensión muy profunda, han perdido la humildad y, al no darse cuenta de lo mucho que ignoran, sólo enseñan prácticas y verdades a medias. Y estos casos despiertan muy a menudo, cuando las supuestas "verdades" se revelan falsas, un profundo sentimiento de traición, amén de resultar muy difíciles de curar. Son muchos, de hecho, los aspirantes espirituales sinceros que, después de haber sufrido los efectos de alguien aquejado del virus "yo ya he llegado", jamás acaban de recuperarse lo suficiente como para confiar en otro maestro.

Lo que no resulta tan sencillo es descubrir y admitir al pequeño mesías que hay dentro de cada uno de nosotros. Me refiero a esa pequeña voz que, contra toda evidencia e incluso contra la claridad de nuestra propia conciencia, insiste en que realmente sabemos lo que está ocurriendo, en que somos algo más sabios que los demás, en que nuestro juicio es objetivo y en que nuestra visión es exacta y verdadera. Esto, a decir verdad, es algo que, en alguna que otra ocasión, muchos hemos experimentado... pero, ¿seríamos tan honestos como para admitirlo?

Extractado por Alfredo Marinelli para el blog: "Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación". Fuente de Información “Eyes Wide Open: Cultivating Discernment on the Spiritual Path".

PSEUDO TRABAJO O TRABAJO FANTASÍA

COMENTARIO
por Alfredo Marinelli

 

Los conceptos de transformación y evolución conllevan objetivos elevados, abarcando aspectos psicológicos y cosmológicos de gran alcance. Estos objetivos van desde el conocimiento de sí mismo, el desarrollo de la comprensión y la voluntad, hasta la adquisición de estados superiores de consciencia, la creación de cuerpos superiores, el cumplimiento de un designio y aun la inmortalidad.

 

Sin embargo, a menudo se olvida que la relación del hombre con estas ideas y su contacto con los procesos del “Trabajo” no es una condición simple. A pesar de haber establecido esta conexión, el ser humano frecuentemente permanece en el “segundo estado de consciencia”, una condición análoga a un trance hipnótico.  La característica de este estado es el sueño, la fantasía y la ilusión, manifestaciones que persisten aun cuando se ha entrado en contacto con ideas de un orden superior.

 

En el segundo estado de consciencia, el individuo carece de consistencia interna e integridad real. Posee una notable propensión al auto-engaño y una incapacidad inherente para percibir en sí mismo los topes o mecanismos de defensa, por lo que suele distorsionar las ideas y a mantener una concepción incompleta de las acciones que debería emprender. Además a pesar de sus “buenas intenciones”, debido a su mal hábito de la postergación, no aplica en manera práctica las ideas con una auto-disciplina metódica y realista, En consecuencia, el acrecentamiento de la brecha entre el “conocimiento” y el “ser” se vuelve inevitable.

 

Esta situación genera un cúmulo de estados ficticios que sirven como lente para percibirse a sí mismo e interpretar su experiencia, asimilando de forma distorsionada los principios fundamentales del “Trabajo”. Esta es una circunstancia inherentemente conflictiva, con distintas variables y diferentes niveles de complejidad acorde a cada individuo. En lugar de obtener claridad y despertar, se incurre en lo que Robert S. de Ropp denomina el “segundo sueño”.

 

La herramienta clave con la cual se puede separar “la cizaña del trigo”, — es decir, distinguir la experimentación fehaciente de aquella basada en la ilusión y el engaño— es el discernimiento. El discernimiento no es una facultad automática, requiere de una etapa previa que es la auto-observación. Cuando se reflexiona y a su vez se pondera sobre todo lo observado, se inicia un proceso que culmina con la adquisición del discernimiento consciente, el único medio que hace posible distinguir lo imaginario de lo real.

 

Durante las distintas etapas de este proceso, y ante la ausencia de un discernimiento jerarquizado, resulta necesaria la incorporación de conocimientos específicos, que provean un marco contextual sólido, permitiendo evaluar la validez de nuestra capacidad de entendimiento.

 

El siguiente estudio realizado por Robert S. de Ropp cumple rigurosamente este requisito. Es un material imprescindible por su calidad informativa y esclarecedora, fundamental para diferenciar la fantasía de la realidad en los distintos procesos psicológicos de transformación.

 

Garín – Buenos Aires – Revisión 2025

Alfredo Marinelli

  


PSEUDO TRABAJO O TRABAJO FANTASÍA
por Robert S de Ropp  

Esclavos y Amos.


¿Qué es lo que denominamos con la palabra “Trabajo”? 

Puede ser definido muy sencillamente. El Trabajo involucra la transformación de un esclavo embrollado sumido en la ilusión, en un Amo totalmente integrado e iluminado.


Definamos qué pueden significar las palabras Amo y esclavo: 

El esclavo no tiene ningún control sobre su vida, es impulsado y atraído por fuerzas externas, está a merced de las impresiones casuales, es un esclavo de los hábitos, la mayoría de ellos perjudiciales, es fácilmente víctima de una excesiva credulidad y sugestión, de esperanzas y miedos de toda índole. Pero sobre todo el esclavo, es una criatura que vive en la fantasía. Habita un mundo de sueños. Está aislado del conocimiento del mundo real por un mecanismo existente en la corteza cerebral, cuyo funcionamiento genera ilusiones y engaños. El esclavo se miente a sí mismo acerca de él mismo, y acerca de todo lo demás. No sabe que miente. Es un esclavo que sueña que es libre. En su mentira sueña que conoce la verdad.


El Amo se ha liberado del mecanismo de su cerebro que produce dicha ilusión y engaño. Es un habitante del mundo real. Para poder entrar en ese mundo ha tenido que sacrificar sus sueños. Ha tenido el valor de enfrentar la verdad sobre sí mismo y sobre sus semejantes. Ha sido lo suficientemente fuerte y astuto para escapar de la prisión en la que los esclavos pasan la totalidad de su vida. Un Amo está completamente despierto. Ha visto la verdad y la verdad lo ha hecho libre. Pero ha pagado un alto precio para obtener su libertad.


Piense cuidadosamente: ¿puede usted pagar ese precio? ¿Se atreve a confrontar confrontar la realidad? ¿Podría soportar el dolor de conocer la verdad acerca de usted mismo y de sus semejantes? Esta verdad no es en absoluto reconfortante.


Existen miles de millones de seres humanos dando vueltas, que como asnos, con los ojos vendados en una cinta de correr, son impulsados a trotar sin tregua. Forzados desde atrás por el palo del miedo y jalados hacia adelante por la zanahoria de la codicia. El supervisor a cargo de la cinta de correr, es un espíritu grande y terrible, se ha asegurado de que los asnos no intenten escapar. El espíritu lo ha logrado mediante el sencillo procedimiento de hipnotizar a los asnos haciéndoles creer que ya son libres.


¿Puede mitigarse el control paralizante de esta hipnosis?


Para la mayoría de los asnos no es posible. Cualquier liberador, bienintencionado, que intente despertarlos de su estado de profundo sueño hipnótico, será atacado, pateado y golpeado, por atreverse a sugerir siquiera a los asnos que ellos son simples esclavos. Porque esta sugerencia les robaría su más preciada ilusión, la ilusión de que ellos son libres y dueños de sus destinos. Los asnos prefieren continuar viviendo en su mundo irreal. Es más fácil soñar, que enfrentar la dura realidad. Ofreciéndoles una elección entre lo que es fácil y lo que es difícil, los asnos seguirán inevitablemente el camino fácil.

¿Cómo es posible que de vez en cuando, alguno de estos asnos esclavizados logre escapar de esta cinta de correr que no conduce a ninguna parte y se transforme en un Amo? 


La respuesta es que muy pocos pueden realmente escapar. El guardián de la cinta de correr, el temible espíritu, que algunos llaman Maya, otros Ahriman, el diablo o el Padre de la Mentira, tiene muchos buenos trucos a su disposición para evitar cualquier intento de escape. Él ha estado por aquí mucho tiempo y comprende muy bien las debilidades internas de la raza humana. El Espíritu de la Mentira, sabe que su antiguo adversario, el Espíritu de la Verdad, puede algunas veces influenciar en estos asnos hipnotizados. Puede darles algunos fugaces vislumbres de la realidad y despertarlos por un momento, de la espesa niebla de sus sueños en la que habitualmente pasan sus vidas.


En la psique humana, existe lo que se puede denominar el deseo hacia la verdad, pero este deseo es muy débil en comparación con su oponente, el deseo del auto-engaño. El Espíritu de la Verdad, actúa a través de la voluntad de la verdad, pero el Espíritu de la Mentira, sabe cómo contrarrestar y neutralizar la voluntad de la verdad, antes que ésta capacite a los esclavos a liberarse de sus ilusiones y engaños. Esto lo hace por la preparación astuta de una falsificación, una imitación del “Trabajo Real”, que denominaremos “Trabajo Fantasía”. Es en este “Trabajo Fantasía” donde muchos de los esclavos, que tratan de escapar de la cinta de correr, quedan nuevamente atrapados. El “Trabajo Fantasía” les da a los esclavos la renovada ilusión de que "están trabajando sobre sí mismos", cuando en realidad solo han cambiado un puñado de sueños por otros.


LAS ETAPAS DEL CAMINO

En el diagrama que titulamos: “Las Etapas del Camino”, frente a la cinta de correr mecánica, por donde deambulan los hombres esclavizados sin dirección y sin meta, se extiende una senda que cruza un pequeño valle. Desde el valle y a corta distancia se aprecia el límite de un frondoso bosque. Los esclavos que logran escapar de la cinta de correr mecánica, tienen por fuerza, que internarse en el bosque y deben encontrar su camino a través de él, recién cuando se cruza ese bosque y se sale de él, se puede empezar el verdadero trabajo interior.


Es necesario saber que cruzar el bosque es peligroso, es fácil perderse y extraviarse y muchos lo hacen, pues está repleto de senderos que no conducen a ninguna parte, además, abundan los "guías" que pretenden saber la geografía del bosque a la perfección y se ofrecen a ayudarlos a cruzar el camino, aunque no lo conocen y ni siquiera pueden orientarse a ellos mismos.


El bosque también contiene un profundo y sombrío desfiladero que Hermann Hesse denominó el Morbio Inferiore(1), es el lugar en el que toda inspiración se pierde, donde todo el entusiasmo se desvanece y donde todas las metas superiores caen en el olvido.

 

Más allá del bosque, visibles de vez en cuando a través de las ramas de los árboles, existen dos altas cumbres: la Montaña del Poder y la Montaña de la Liberación, las montañas de la verdadera Iniciación. Los vislumbres de estos picos alientan al viajero a esforzarse y seguir buscando la salida del frondoso laberinto, para llegar al pie de las majestuosas montañas. Pero los vislumbres son sólo ocasionales y las bellas imágenes se olvidan con demasiada facilidad. Habiendo olvidado hacia dónde está tratando de dirigirse, el viajero, una vez más, vuelve a estar perdido y extraviado.


Debido a lo peligroso de este lugar, los esclavos que escapan de la cinta de correr mecánica y llegan a internarse en el bosque, están a menudo en una condición peor que al principio. Al menos caminando sobre la cinta de correr mecánica estaban moderadamente confortables y a salvo de conocer la verdad acerca de ellos mismos, debido a su estado insidioso de sueño hipnótico.


En el bosque, por lo tanto, ya no estarán tan confortables. Ellos ya no podrán refugiarse en sus viejas ilusiones y engaños. Han tenido vislumbres de la verdad, y esas vislumbres han echado a perder su querido y cómodo sueño. Ellos no son ni esclavos felices ni Amos realmente libres. Su condición fue sintetizada en el siguiente aforismo de Gurdjieff:

 

"Feliz es el que se sienta en su propia silla; 

mil veces más feliz es el que se sienta en la silla de los ángeles; 

pero miserable es aquel que no tiene silla.”(2)

Los esclavos que escaparon de la cinta de correr mecánica y que se encuentran perdidos en el bosque, encuentran refugio de su situación en el Trabajo Fantasía. Sueñan que ellos están “en el Trabajo”, pero realmente no lo están. Ellos no han pagado el boleto de entrada requerido, no han sacrificado sus sueños, ni conquistado sus hábitos mecánicos. Están igual de esclavizados que cuando vagaban sin rumbo sobre la cinta de correr mecánica, pero la gran ilusión de que están “en el Trabajo” les impide verlo. Ellos han entrado en un estado llamado: “el segundo sueño”, del cual es muy difícil despertar. La gente en el segundo sueño, sueñan que están despiertas.

 

El “Pseudo Trabajo”, o “Trabajo Fantasía”, consiste en una serie de trampas muy difíciles de ver para los soñadores. Caer en cualquiera de estas trampas es suficiente para detener y arruinar el Trabajo Real. Algunas personas caen en un tipo de trampa, otros en otra. Algunas logran, después de largas dificultades, escapar de dichas trampas. Algunas nunca escaparán, por la simple razón de que ignoran estar atrapados.


¿Quién, entonces, puede entrar en el Trabajo real?


El Trabajo Real sólo es accesible a aquellos que ya pagaron su membresía para convertirse en socios activos del Club de los Buscadores de la Verdad.  Las siglas BV significan Buscadores de la verdad. Los miembros de este club son conocidos colectivamente como: “La Gente de la Verdad”. En árabe se les denomina: Ahl-i-Haqq, y como Al-Haqq, (la Verdad), es uno de los noventa y nueve nombres de Dios, también se les puede llamar el Pueblo de Dios.  Para los miembros de éste exclusivo club, Dios es la Verdad, y el objetivo del club es fijar la búsqueda de la verdad por encima de todos los demás propósitos de la vida.

A pesar de que el club “BV” está abierto para cualquier persona, muy poca gente llega a ser uno de sus miembros. Sobre todo, debido a que no pueden pagar el precio requerido. Para entrar al club “BV” y llegar a ser un miembro activo con todos sus derechos, uno debe sacrificar sus propias ilusiones, particularmente las ilusiones acerca de uno mismo, y esto es lo que muchas personas no están dispuestas a hacer. Aun aquellos que han escapado de la cinta de correr mecánica, muchas veces prefieren entrar en el “Trabajo Fantasía”, y conservar la ilusión de que las han sacrificado y han entrado en el Trabajo Real.


El Trabajo fantasía adopta la forma de “Ocho Trampas”. Cualquiera que trate de entrar en el “Trabajo Real”, cae tarde o temprano en una de estas trampas. Tales caídas son inevitables. Cualquier seguidor realista del Trabajo lo sabe y se prepara para confrontar las trampas por adelantado. Esto involucra conocer en que consisten, saber detectar si se ha caído en ellas, y saber cómo salir de las mismas.

 

Las ocho trampas principales del Pseudo-Trabajo o Trabajo-Fantasía son:

Trampa Nº1  El Síndrome de Hablar-Pensar.
Trampa Nº2  El Síndrome del Devoto.

Trampa Nº3  El Síndrome del Falso Mesías.
Trampa Nº4  El Síndrome de Organización.
Trampa Nº5  El Síndrome de la Salvación Personal.
Trampa Nº6  El Síndrome de los Súper Esfuerzos.
Trampa Nº7  El Síndrome de las Reuniones Dominicales.

Trampa Nº8  El Síndrome de la Búsqueda del Gurú


                                                                                                Robert S. de Ropp

 (1) Hesse, H., “The Journey to the East” - Nueva York: The Noonday Press, 1956. Edición en castellano: “Viaje a Oriente” - Plaza & Janés

 (2) “Views from the Real World: Early Talks with Gurdjieff” - New York: E.P. Dutton and Co. Edición en castellano: “Perspectivas desde el Mundo Real” - Editorial Ganesha.


Traducido y extractado por Alfredo Marinelli del libro "Self-Completion: Keys to the Meaningful Life" - Gateway Books & Tapes, para el blog: “Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación”.

 

8 TRAMPAS DEL PSEUDO TRABAJO

COMENTARIO
por Alfredo Marinelli

Siempre evitamos o esquivamos “las trampas”. Sabemos que son un engaño y una interrupción o desvío en el desarrollo de cualquier proceso. Las siguientes trampas psicológicas tienen la particularidad de que se instauran silenciosamente y, una vez arraigadas perdemos la capacidad para percibirlas como tales.

Solo existe la posibilidad de salir de ellas cuando acontece una experiencia emocional muy fuerte, generalmente generada por acontecimientos externos. Esto se debe a que la posibilidad de ser “sincero con uno mismo”, es algo lejano en las primeras etapas del “Trabajo”, al menos hasta no haber desarrollado un gradiente importante de auto-conocimiento. La sinceridad es el gran baluarte para una sana discriminación y poder así diferenciar la realidad de la fantasía.

Si transitamos por un lugar lleno de trampas, y un compañero nos advierte: ¡Por ahí no vayas, ahí hay una trampa! se lo agradecemos. De la misma forma, agradezco a Robert S. de Ropp la enumeración de estas 8 Trampas del Pseudo-Trabajo. Las mismas cumplen con el propósito de informarnos, para no estar en la paradójica situación de estar en una trampa y no percibirla, sacándonos así de nuestra ingenua credulidad y ficticia evaluación de nuestro proceso interno.

Una vez iniciado el proceso del Trabajo Interior, caer en cualquiera de estas trampas es suficiente para detener o desviarnos de nuestra meta o propósito. Y es casi inevitable no caer, tarde o temprano, en alguna de ellas. El tipo de trampa va a depender de cada tendencia psicológica en particular. No es tarea sencilla escapar de algunas, y lo peor es la ignorancia de estar atrapados.

Estas “8 Trampas del Pseudo Trabajo”, amalgamadas con la entrada “Enfermedades Espirituales”, constituyen un compendio de alerta a los engaños psicológicos.  Ambas entradas pueden considerarse como un espejo generador de discernimiento de la veracidad del propio proceso interno. Es un hito fundamental conocer en qué consisten las trampas, evaluar si hemos caído en ellas y saber cómo salir de las mismas. 

Garin - Buenos Aires - Revisión 2025 
Alfredo Marinelli

CARACTERÍSTICAS DE LAS PRINCIPALES 8 TRAMPAS DEL PSEUDO-TRABAJO

Por Robert S. de Ropp

 

Trampa Nº1

El Síndrome de Hablar-Pensar.

 

Esta es una trampa sutil en la que muchos pueden caer. Estas personas por lo general hablarán y discutirán todo acerca del Trabajo. Piensan y charlan a todas horas sobre el Trabajo. Pero hablar y pensar acerca del Trabajo no producirá resultados, sería similar a creer que hablar y pensar acerca del sexo produciría bebés. En realidad, el Trabajo Real implica detener el diálogo interior. Estamos tan acostumbrados al parloteo incesante que no nos sentimos cómodos en un estado de silencio interior. Forzosamente tenemos que hablar a alguien acerca de algo, y si no es posible, entonces comenzamos a hablarnos a nosotros mismos. Este hábito de hablar acerca del Trabajo es alentado por la tendencia de aquellos que creen estar “en el Trabajo Real”, porque se reúnen en algún grupo formado para un gran propósito, como el del despertar de la conciencia.

 

Teóricamente, estos grupos se supone que sirven a un propósito digno. La intención original es de alentar el intercambio observaciones, promover la objetividad, la sinceridad en el Trabajo, etc. La mayoría de esos grupos raramente lo logran, porque, en la mayoría de los casos, la última cosa que quieren hacer los integrantes de estos grupos es confrontar sus propias debilidades. Se protegen de estos conflictos por medio de un elaborado sistema de amortiguadores psicológicos o topes, sin ninguna intención de sacrificar nada en lo absoluto.


Para hacer más grave el problema, la gente que dirige estos grupos tiene a menudo una ignorancia total sobre la ciencia de los tipos humanos. Debido a dicha ignorancia, no pueden entender las leyes personales que rigen y operan sobre los miembros de un grupo en particular. Teniendo en cuenta la ignorancia del líder de grupo promedio en general y la reticencia de la mayoría de los miembros del grupo a enfrentarse a los monstruos de sus laberintos personales, no es de extrañar que estos grupos resulten inútiles.

No es sorprendente que tales grupos prueben tarde o temprano su inutilidad. De hecho, son peores que inútiles, porque fomentan el síndrome de hablar-pensar. La gente se imagina que por haber pasado algún tiempo hablando acerca del Trabajo, ya están "en el Trabajo". En realidad, a menudo no saben ni siquiera lo que es el Trabajo. 

 

Trampa Nº2

El Síndrome del Devoto.

 

Un nombre alternativo para esta trampa es: “Adoro al Gurú”. Esta trampa se da cuando se desarrolla una devoción fanática y una creencia ciega en una doctrina o un Maestro. Esta devoción enceguece completamente al alumno, destruyendo toda capacidad de pensamiento individual y objetivo que alguna vez pudo poseer.

 

Todas las emociones son enfocadas en el “Maestro”, que alcanza el estatus de un dios a los ojos de los devotos. “El “Maestro nunca se equivoca”. Todas sus enseñanzas han de aceptarse al pie de la letra y en su totalidad. Si el maestro declara que existen dos lunas en el cielo terrestre, es porque tiene que haber dos lunas, aunque nadie haya visto ni un átomo ni rastro de una segunda luna. Si el maestro afirma que hay una ley cósmica que causa que los planetas se conviertan en soles, y los soles en galaxias, esto tiene que ser verdad, aunque científicamente sea una imposibilidad.

 

Este síndrome es una trampa no solo peligrosa, sino potencialmente destructiva. Es responsable de muchos de los desastres que han ocurrido a la humanidad. El peligro supremo del ser humano no está en el ladrón, en el violador o el asesino ordinario; sino que es ese ojo fanático que en adoración y ceguera total hacia su Gurú y en el nombre de cualquier sistema religioso o político, con gusto exterminará poblaciones enteras pensando que sus acciones están perfectamente justificadas, que hace lo correcto.

 

La mayoría de las atrocidades cometidas en el siglo XX han sido realizadas por este tipo de personas. Su capacidad de destrucción es ilimitada. Totalmente enceguecidos por su sistema de creencias, han perdido la capacidad de razonar objetivamente, han destruido totalmente en sí mismos la función de la Consciencia. Casi todos estos fanáticos son victimas de dos debilidades; la credulidad y la sugestión, que Gurdjieff definiera como las dos maldiciones de la raza humana.


Si la 3ª Guerra Mundial ocurre alguna vez, no será la responsabilidad de la torpeza militar o la indecisión política, sino la obra de devotos fanáticos, perfectamente dispuestos a volar el planeta en el nombre de una gaseosa ideología o doctrina en la que han puesto toda su enceguecida fe.


Trampa Nº3

El Síndrome del Falso Mesías

 

Esta trampa es la opuesta a la anteriormente descripta. Aquellos que caen dentro de ella llegan a estar convencidos de que ellos son “Maestros”, capaces de transmitir a otros determinadas verdades “vitales” acerca de la vida espiritual. La categoría del Falso Mesías no incluye lo que pudiera ser llamado consciencia espiritual estafadora. Tales personas, bastante deliberadamente, para su ganancia personal, inician alguna falsa religión o grupo, y generalmente sacan beneficios. Ellos son simples comerciantes que trafican con sueños. Sus actividades pueden ser consideradas como una rama de la industria del entretenimiento.

 

Las víctimas reales de esta trampa son bastantes sinceras, pues se han convencido de que lo que proclaman es verdad. Generalmente esta gente ha tenido algún tipo de experiencia religiosa, quizás ha viajado a la India, quizás ha recogido una amalgama de ideas esotéricas de aquí y de allá, o directamente de algún Gurú, quizás ha experimentado con drogas y ha tenido lo que es conocido como experiencia psicodélica, quizás ha emprendido un "sistema" con ideas prestadas de otros sistemas, etc.


Todas las victimas de esta trampa tienen una cosa en común: se encuentran en un viaje del ego. Quieren seguidores, entre más seguidores mejor. Ésta es la característica que los distingue de los verdaderos Maestros. Los Maestros genuinos rara vez pretenden atraer discípulos. Al contrario, tratan de advertir que el camino es difícil, arduo y lleno de peligros. Insisten que es mejor mantenerse cómodamente dormido que despertar a medias.

 

Otra característica de las victimas del Síndrome del Falso Mesías es que nunca dejarán ir a ninguno de sus seguidores, los quieren mantener en un permanente estado de dependencia. Aquellas "escuelas" iniciadas por estos "Maestros" nunca producen "graduados", nadie puede abandonar la escuela por su propia voluntad. El falso Maestro hace esclavos de sus seguidores, exige total obediencia, desalienta el pensamiento y la acción independientes. Cualquiera que se rebela dentro de sus filas es considerado como "traidor" a la doctrina.


La conducta de un Maestro genuino es exactamente lo contrario, pues siempre dará ánimos al discípulo a confiar en su propio juicio, a encontrar su camino individual, a descubrir al Maestro interior en sí mismo. Sólo ofrecerá consejo si se le pide. El puede perfectamente poner un espejo psicológico en el cual el discípulo pueda reflejarse en su realidad interior, pero nunca forzara a nadie a mirarse en ese espejo. Nunca hará intentos para retener a ninguno de los discípulo, si desean abandonarlo les dará alas para que así lo hagan. No le interesa rodearse de un grupo de ovejas hipnotizadas que creen servilmente cada palabra que dice. A él le interesa solo una cosa, la Liberación, no el sustituir una forma de esclavitud por otra. Él no obtiene satisfacción por dominar a sus seguidores. Tales juegos del ego no le interesan. Ya sea que tenga un alumno, o cientos de discípulos o ninguno, para él, no representa una gran diferencia.

 

Otra característica del falso Mesías es su amor propio. Éste toma varias formas. Quizás se vestirá con ropajes fantásticos y se adjudicará varios tipos de títulos esotéricos, se bautizará con nombres como “Gran Alma”, “Mahatma”, “Maharashi” o “Baghwan”, “Gran Iniciado” o “Magus”. Todos sus discípulos deberán referirse a él con estos títulos y en total reverencia. La conducta de un Maestro genuino es exactamente lo opuesto. No busca títulos, ni reverencias, ni se viste con ropajes elegantes. Lejos de fomentar una actitud de reverencia por parte de sus alumnos, los escandaliza deliberadamente, dará choques a los discípulos comportándose de una manera aparentemente indigna de un Maestro, para ver las reacciones que provoca.  Al estar libre del ego le resulta verdaderamente indiferente si la gente lo admira o lo vitupera. No necesita de admiración, ha alcanzado un punto en el que ni la adulación ni el insulto hacen mella en él.


Trampa Nº4

El Síndrome de Organización

 

Ésta es una trampa peligrosa, y en donde grupos enteros de personas pueden caer. Desempeña un importante papel en el Trabajo-Fantasía, e incluso podría considerarse su piedra angular. El Síndrome de la Organización se desarrolla, cuando un Maestro genuino muere y sus allegados o discípulos de más antigüedad, consideran un deber sagrado, el continuar "la Obra del Maestro".

 

Así que se forma una organización, de esta organización nace una jerarquía. El rango en la jerarquía no depende del nivel del ser individual, sino de la cantidad de tiempo que han estado en el trabajo y de la cercanía con el Maestro cuando estaba vivo. Tales jerarquías tienden a llegar a ser fosilizadas. Desalientan la independencia y la libertad de acción en el trabajo, y toman refugio en la ortodoxia rígida. Todas las enseñanzas y los métodos que legó el Maestro deben ser preservados y transmitidos exactamente, así como fueron enseñados.


Estas personas, “pilares de la ortodoxia” rara vez comprenden que los tiempos, las situaciones y la gente cambia y que los métodos que alguna vez fueron eficientes en un tiempo dado, quizás ya no sirvan para nada, que lo que fue útil en una época, puede ser inútil en otro tiempo y sobre todo en otro lugar. También ignoran el hecho de que, en el Trabajo”, la antigüedad no es sinónimo de progreso espiritual. El hecho de que alguien haya estado cuarenta o cincuenta años “en el Trabajo” o que haya conocido íntimamente al Maestro no lo convierte automáticamente en un ser liberado.

 

Los mal llamados "discípulos antiguos" en el Trabajo son los que por lo general han perdido una real comprensión de las metas del Trabajo. Quizás estén operando en piloto automático, bastante mecánicamente. Conocen todas las frases estándar al derecho y al revés, las técnicas "aprobadas" por la ortodoxia y las pueden exteriorizar sin esfuerzo alguno cada vez que se oprime el botón correcto. Por eso quizá es que dan la impresión de poseer autoridad. Lo triste es que los jóvenes que penetran en las filas de la organización, son los que más peligro corren que se les lave el cerebro, al pensar que la autoridad de esta gente esta justificada.

 

Sin embargo, el hecho es que los discípulos antiguos están espiritualmente a menudo en un callejón sin salida. Habiendo perdido de vista los verdaderos objetivos del Trabajo, se ocupan de la política de la organización. Gastan sus energías en los pequeños juegos de la competencia que tienen lugar en cualquier organización. No son Maestros sino políticos de poca monta. Es de dudarse si alguien pueda en realidad sustituir al Maestro y continuar su Obra, porque un Maestro genuino, desarrollará sus propios métodos de acuerdo con sus habilidades e intereses especiales. Gurdjieff, por ejemplo, fue, como él mismo lo dijo: “Un maestro de danzas”. Él enseñó a través de los movimientos. Ciertamente ésta no fue la única manera en la que enseñó, sino que los movimientos jugaron un rol muy importante en sus métodos. Otro Maestro, quizás coloque el énfasis en alguna forma diferente de Trabajo, en la meditación, o en el teatro interno y externo, o en los ejercicios respiratorios.

 

Existen muchas técnicas, algunas más efectivas que otras, algunas útiles para cierto tipo de personas, y algunas útiles para personas diferentes, de acuerdo al tipo individual y a su psicología. Pero los "pilares de la ortodoxia" que consideran su deber sagrado el "continuar con la obra del Maestro" no se dan cuenta de que lo que el Maestro dejó quizás ya no sea apropiado para las condiciones presentes de existencia. Tampoco toman en seria consideración si ellos mismos han en realidad comprendido la enseñanza real del Maestro.

 

El Síndrome de la Organización es tan malo para los discípulos como para los miembros de la jerarquía que se hace cargo de la institución. Es malo para los discípulos porque les ofrece un medio para engañarse a sí mismos, un escondite, un subterfugio, una artimaña. Creen que están “en el Trabajo” porque se reúnen, charlan, ejecutan movimientos y por lo tanto pertenecen a una Tradición. Si se quedan por el tiempo suficiente quizá se levantaran por las filas de la jerarquía y llegaran a ser dirigentes de grupos. Quizás terminaran imaginando que ellos mismos son "Maestros".

 

Desafortunadamente las actividades de la organización se pueden volver en extremo mecánicas. Tienen poco o ningún efecto en los que las realizan, al igual que la asistencia semanal a la iglesia suele tener poco o ningún efecto en los que van a ella. Para estas personas, ir a la iglesia se ha convertido en un hábito. El domingo se va a la iglesia igual que el sábado por la noche se sale a comer a un restaurante o se va al cine.

Es en extremo difícil escapar de la trampa de la organización, tanto para los miembros de la jerarquía que la dirigen como para los neófitos a los que se supone que deben guiar. A muchas personas les encanta esta trampa y son felices de permanecer en ella. Prefieren el Trabajo Fantasía al Trabajo Real. Les encanta que les digan qué hacer, que pensar, que posturas y máscaras adoptar, pues les ahorra el supremo conflicto de razonar y tomar responsabilidades por sí mismos.

 

A veces sucede, que dentro de una moribunda organización, se da el caso que se desarrolla un Maestro genuino, con el poder suficiente de romper la trampa y liberar a aquellos atrapados en ella, siempre que ellos tengan el anhelo de ser liberados. Algo similar sucedió entre las filas de la Sociedad Teosófica cuando Krishnamurti, tuvo el valor de disolver la organización que había sido preparada para él (La Orden de la Estrella) y expuso despiadadamente y sin miramientos la manipulación de la que habían sido objeto sus miembros.

 

Krishnamurti necesitó de un gran coraje para hacerlo, pero ésta es una característica propia de los verdaderos Maestros, que sin vacilar destruyen ídolos, rompen sueños, destruyen sistemas dogmáticos de creencias prefabricadas. El Maestro es un enemigo declarado de ortodoxias, desconfía de jerarquías. Es un espíritu libre cuyo único interés es el de ayudar a otros a obtener su verdadera y genuina libertad.

Trampa Nº 5

El Síndrome de la Salvación Personal

 

Ésta es una trampa sutil y peligrosa. Ha sido la maldición de las tres religiones de Abraham: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Este síndrome ha convertido todas estas religiones en cultos de culpabilidad, donde los humildes devotos imploran a un Dios en las 'alturas' el ser perdonados por sus 'pecados' y les otorgue algo vagamente descrito como salvación. Pero me pregunto, ¿salvación de qué o de quién? Supuestamente del “infierno”. Salvación del fuego eterno, que ha sido uno de los métodos preferidos de los sacerdotes de estas religiones, para atemorizar a los fieles y así se comporten de acuerdo a la manera que los sacerdotes pretenden.

 

Un gran error subyace en la estructura del Síndrome de Salvación Personal. Quienes lo padecen imaginan que el yo personal, el llamado ego, puede ser salvado o condenado. Si van a los cielos, sería su yo personal, así el Sr. Pérez o la Sra. Pérez irán en ascensión en medio de una hueste de angelitos e instrumentos de cuerda en sinfonías celestiales. O si contrariamente, caen en el pozo del infierno, serán el Sr. o Sra. Pérez los que estarán chillando y gritando de dolor y de terror en medio de las llamas y de una colección de demonios de diferentes jerarquías. Así que las vidas del Sr. Pérez y de la Sra. Pérez, dominadas como están bajo esta absurda superstición, se vuelven un manojo de conflictivos sentimientos de culpa y al mismo tiempo, simple y sencillamente, no pueden dejar de pecar, pero tampoco no dejan de desear, ni de buscar su "salvación personal".

 

Si solo supieran que la salvación real nada tiene que ver con la personalidad. La salvación no es otra cosa más que la liberación del sentido del "yo personal", de la percepción fragmentada del 'yo', de los limitados y estrechos confines del ego. El reino de los cielos, que ha llegado a ser una frase sin significado, se refiere a ese estado de liberación del ego. Jamás podremos penetrar en el "Reino de los Cielos" vestidos con nuestros egos, como dice el evangelio sobre el camello, que es más fácil que pase por el ojo de una aguja. Constantemente preocupados por “Qué tengo que hacer yo para ser salvado”, "Mi salvación", solo empeoramos las cosas pues es el "yo", el "mi" lo que no puede ser salvado. El "Yo" es el obstáculo. El creador y sustentador de la gran ilusión y herejía de la separatividad.

 

El verdadero Trabajo es la operación alquímica de separar el "yo" para trascender el estrecho ego, lograr la unión, la yoga con el verdadero Ser, que es real e impersonal, fuera del marco del espacio-tiempo. "Aquel que ve al ser en todas las cosas y todas las cosas contenidas en el ser, ese es libre". Al ser liberado, no hay necesidad de preocuparse por su destino personal. Ya no se molesta en preguntar si va a ser salvado o castigado, ni le interesa saber a dónde ira después de la muerte. Para él, todas las ideas acerca del cielo o del infierno son cuentos fantásticos sólo aptos para niños. Una vez que se ha desprendido del yo personal, toda conversación sobre qué debe hacer para salvarse carece de sentido. No puede haber salvación para el yo personal porque se basa en una ilusión.

Trampa Nº6
El Síndrome de los Súper Esfuerzos

 

Esta sutil trampa también puede llamarse el “Síndrome de Escalar el Monte Everest”. Consiste en creer que el Trabajo involucra algún tipo terrible de intensos súper-esfuerzos, similares a los que realiza un alpinista que lucha por alcanzar la cumbre del Monte Everest solitariamente. La trampa es sutil porque la idea detrás de esto es muy cercana a la realidad.

 

El Trabajo involucra grandes esfuerzos, pero son esfuerzos de un tipo muy especial. Son más parecidos a la habilidad de un equilibrista o a un malabarista. Se requiere una constante atención y esfuerzo en perfecta armonía, más que la imagen del super-esfuerzo que comúnmente se desarrolla en esta trampa, y no se parecen para nada a aquellos esfuerzos llenos de heroísmo con los que se entrena a los soldados, o de los escaladores del Monte Everest.

 

En el síndrome del super-esfuerzo subyace un malentendido profundamente arraigado sobre la naturaleza del Trabajo. El verdadero Trabajo consiste en una lucha contra el estado de identificación. La identificación se entiende por el proceso de sumergirse totalmente en lo que uno esta haciendo de forma que toda percepción objetiva desaparece, aun la percepción de nuestra propia existencia. La mayoría de las personas pasan su vida entera viviendo en este estado, y nuestra cultura está diseñada para fortalecer su continuidad. Siempre se nos está apremiando a tomar partido, a identificarnos con algo. Con un sueño, un proyecto, una creencia, una ambición o un juego. Estamos tan acostumbrados a estar en este estado de identificación, que difícilmente podemos imaginar sea posible vivir de otra manera.

 

Es posible que las personas lleguen a estar identificadas con lo que imaginan que es el Trabajo, esto significa, que se aproximen al Trabajo con una actitud de trágica consternación y exagerada seriedad. Están seguros de que deben exigirse de sí mismos no esfuerzos ordinarios, sino super-esfuerzos. No comprenden que el Trabajo es un juego de habilidad para ser jugado suavemente y con un espíritu de desapego. Para la gente con este síntoma, el Trabajo se convierte en una especie de prueba. Esta severa actitud, ceñuda e inflexible produce terribles estados emocionales, exceso de tensión y de incomodidad. Cualquier fracaso para persistir en los súper-esfuerzos, produce un sentimiento de culpa.

 

Los sentimientos de culpa generan esos patrones de autocastigo que han sido y son una característica tan desagradable de la vida de ciertos tipos de fanáticos religiosos. Estos fanáticos se castigan y flagelan a sí mismos mediante procedimientos tales como el uso de cilicios, largos períodos de ayuno, colgarse cadenas, prácticas de abstinencia sexual, o privarse de horas de sueño, etc. A menudo adquieren la perniciosa costumbre no sólo de auto-flagelarse, sino de también castigar a los demás, especialmente a aquellos que no están de acuerdo con sus creencias religiosas.

 

Pero además el Síndrome del Super-esfuerzo produce otro efecto sutil. Los organizadores del Trabajo, que usualmente sucumben a esta trampa, normalmente asignaran un período de tiempo para ser dedicado al super-esfuerzo. Tiempo en el cual, todo estará destinado para hacer la existencia de los que toman parte, tan incomoda y tan difícil como sea posible. Habrá quizás lecturas interminables de sagradas escrituras, largas horas de dura labor manual y física, ejercicios especiales supuestamente diseñados para promover el "recuerdo-de-sí", etc. Quizás habrá poca comida, pocas horas de sueño, nula calefacción en invierno y condiciones incomodas en general. Una actitud de resignada determinación impregna el ambiente. Hacer o morir, conquistar o fracasar.

 

Es posible que para aquellos que comprenden lo que están haciendo esto no sea del todo negativo y ganen algo de esas pruebas difíciles. El problema es que muchos emprenden estos retiros de prueba, sin saber ni entender por que lo que hacen. La prueba en sí se convierte en una excusa para un viaje puramente del ego. Un espíritu de competencia se desarrolla, como un concurso, una carrera para saber quien puede soportar más humillación, más trabajo, más malos tratos, hambrunas, etc. sin ninguna queja externa.


Pero el verdadero daño solo aparece después de terminadas estas orgías de auto-negación y auto-tortura. La reacción no se hace esperar. Cualquier energía recuperada o ganada durante los días de privación, en lugar de ser usada en algo creativo, es dilapidada en excesos en esas mismas indulgencias a los que se tuvo que renunciar durante el período de privación. Las personas implicadas se sienten con su sagrado derecho a darse un capricho.  ¿Acaso no estuvieron haciendo super-esfuerzos? ¿No tienen derecho, por tanto, a relajarse y disfrutar? Así que derrochan todo lo que han ganado en actividades inútiles y, a menudo, perjudiciales para su salud.

 

El Síndrome del super-esfuerzo es un obstáculo para comprender la verdadera naturaleza del Trabajo Interior. El Trabajo verdadero no es heroico y no se trata de hacer hazañas espectaculares. Es comparable a los movimientos pacientes y hábiles de un escultor modelando algún duro material como la piedra o el marfil. Es un conjunto de esfuerzos constantes y sin pausa, no un gran super-esfuerzo. Esto necesita de una paciencia ilimitada y requiere de una voluntad que esté dispuesta de empezar una y otra, y otra vez. Sobre todo, implica liberarse de la identificación, porque la identificación siempre destruye el Trabajo Real y lo sustituye por el Trabajo Fantasía. Lo hace de una manera tan sutil que muchos de los que caen en esta trampa son incapaces de ver dónde han cometido su error.


Trampa Nº7

El Síndrome de las Reuniones Dominicales

 

Ésta es una de las trampas más obvias. Está estrechamente relacionada con la Trampa de Organización, pues necesita una organización para manifestarse.

 

Los que caen en esta trampa pierden toda visión del verdadero propósito. Sustituyen el Trabajo Real sobre sí mismos por la asistencia regular a las reuniones de la organización. Asisten a estas reuniones de manera bastante mecánica, por costumbre. Al asistir a ellas, obtienen un sentimiento de pertenencia y la seguridad de que están realmente "en el Trabajo". Cuando están en las reuniones, hacen los ruidos que se espera de ellos, expresan una o dos observaciones, escuchan las lecturas, leen libros, y todo lo demás. Y una vez que abandonan la reunión, se olvidan por completo del Trabajo sobre sí mismos.

 

En estas personas, el Trabajo se ha convertido en una mera manifestación de la personalidad. Es totalmente artificial. Quizás hubo una época en que llegó a representar algo real, pero este contacto desde hace tiempo se ha perdido. Todo esta basado en fantasías y mentiras, así de simple. Esta fantasía es producida por el mecanismo para crear ilusiones, que opera implablemente y que es tan sutil en el cerebro humano.

Trampa Nº8

El Síndrome de la Búsqueda del Gurú

 

Esta también es una trampa bastante obvia. Los que caen en ella se pasan la vida yendo de maestro en maestro, exigiendo a cada uno que les revele los grandes secretos del Trabajo. No pueden o no quieren entender que no existen secretos que puedan ser revelados. Los secretos del Trabajo se protegen a sí mismos. Sólo pueden ser descubiertos a través de la práctica y la dedicación sincera, y esa práctica debe alcanzar un cierto nivel de intensidad y continuidad antes de que el secreto pueda ser revelado ante el practicante.

 

Los que caen en la trampa de la Búsqueda del Gurú no tienen intención alguna de trabajar ni de practicar en forma continua e intensa. Lo quieren todo presentado en una bandeja de plata. Si no se les presenta el trabajo de esta manera, concluyen que el Gurú es un impostor que no sirve para nada, que es un fraude y deambulan en busca de otro Gurú. Su búsqueda nunca termina, o sólo termina cuando ellos mueren, por la simple y sencilla razón de que no desean que ésta termine. Para ellos, la búsqueda se ha convertido en un juego en sí mismo. Hace mucho tiempo que olvidaron lo que estaban buscando realmente.

Robert S. de Ropp 


Traducido y extractado por Alfredo Marinelli. Fuente de información "Self-Completion: Keys to the Meaningful Life" - Gateway Books & Tapes, para el blog: “Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación”