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GURDJIEFF Y LOS MAYORES ALCANCES DE LA AUTO-OBSERVACIÓN

INTRODUCCIÓN

Muchos de los conocimientos y técnicas precursoras que nos trajo G.I. Gurdjieff hoy pertenecen al pensamiento de la mayoría, un claro ejemplo es la idea de la auto-observación que es algo común dentro de la psicoterapia. Sobre este tema podemos encontrar un cúmulo de explicaciones y material informativo, ya que se ha dicho y escrito sobre el mismo desde distintos puntos de vista, no solo por Gurdjieff, Ouspensky y la mayoría de sus discípulos, sino también por personas no conectadas directamente con el “Trabajo”, como es el caso de Arthur J. Deikman con su excelente libro el “Yo Observador” o Red Hawk autor de “Self observation”: the awakening of conscience.

Intentar tratar los conceptos de la Auto-Observación u Observación de Sí, desde una perspectiva distinta, parecía un tema parcialmente agotado, a pesar de que la Auto-Observación es considerada en el “Trabajo” como una de las piedras angulares del auto-estudio práctico, para todo aquel que aspira al conocimiento de sí mismo. Dennis Lewis, basándose en su experimentación, comparte un enfoque distinto sobre esta práctica, que tiene la particularidad de conectar las técnicas de auto-observación con el cuerpo, por medio de la integración de la sensación, la relajación y la respiración.

Técnicas que nos permiten consustanciar el conocimiento de uno mismo con el poder transformador de la presencia en el ahora, única circunstancia en donde es posible la aplicación del libre albedrío, es decir elegir entre el “sí” y el “no”, mediante un acto volitivo, jerarquizado en su efectividad, hacia el cumplimiento de una voluntad superior que trasciende la voluntad de la naturaleza.

Dennis Lewis fue alumno de Lord John Pentland, presidente de la Fundación Gurdjieff de Nueva York y discípulo de G.I. Gurdjieff y P.D. Ouspensky. Es autor de: “Breathe Into Being”, “Free Your Breath, Free Your Life” y deThe Tao of Natural Breathing” (“El Tao de la Respiración Natural”, Gaia Ediciones).

Garín - Buenos Aires - 2024

Alfredo Marinelli


GURDJIEFF Y LOS MAYORES ALCANCES DE LA AUTO-OBSERVACIÓN

por Dennis Lewis



Dennis Lewis
Dennis Lewis
“La auto-observación es un método poderoso no solamente para el auto-estudio, sino que también para cambiarse así mismo. Introducido en occidente por Gurdjieff como parte de su sistema de trabajo sobre uno mismo, la auto-observación se aborda mejor no como una técnica sino más bien como una relación totalmente nueva con uno mismo como una criatura viva que respira.
 La auto-observación es un camino íntimo a la propia mente, cuerpo y espíritu. Nos permite experimentar nuevos niveles de consciencia y al hacerlo vivimos una vida más consciente y armoniosa.

Gurdjieff y la Identificación

Gurdjieff cree que debido a nuestro condicionamiento y educación la mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas como autómatas inconscientes. Ajenos a nuestro potencial real, a nuestra esencia, estamos totalmente “identificados” con nuestra personalidad, con la imagen de nosotros mismos, y con los pensamientos, sentimientos, imágenes, sueños, o sensaciones que capturan nuestra atención en un momento dado. Vivimos la ilusión de ser los artífices de nuestras vidas debido a que rápida y mecánicamente ponemos la sensación de ‘Yo’ a cada impulso que surge en el momento, especialmente aquellos impulsos que apoyan la imagen que tenemos de nosotros mismos, rara vez dándonos cuenta de nuestra fragmentación interna y nuestra carencia de voluntad y elección como resultado de ésta fragmentación. Nos perdemos a nosotros mismos a cada momento en un u otro aspecto de nuestra vida, sin contacto con la notable totalidad que es ‘nuestro derecho de nacimiento’.

 

Ya sea que uno esté acuerdo o no con Gurdjieff, su enfoque de la auto-observación y la consciencia -como se describe en el libro de PD Ouspensky "En busca de lo milagroso"- han tenido gran impacto en muchas enseñanzas psico-espitituales de occidente, y proporciona un excelente punto de inicio para cualquiera que busque una comprensión más profunda de sí mismo. Además, como ciertos procesos no pueden tener lugar a la luz de la consciencia, la auto-observación es en sí misma el inicio de un cambio real.

 

Mis primeros experimentos con la auto-observación en la Fundación Gurdjieff

Comencé a observarme a mí mismo seriamente en 1967 en un grupo bajo la dirección de algunos líderes de la Fundación Gurdjieff especialmente con Lord John Pentland. Nuestro esfuerzo fundamental en diversas condiciones especialmente organizadas del “Trabajo”, a través de la quietud, la discusión, la escucha, los movimientos, las tareas manuales y artesanales, era observarnos a nosotros mismos como realmente somos, intentando ser testigos, estar ‘presentes’ a cualquier cosa que surgiera en el momento.

 

Utilizando varios métodos, intentábamos descubrir en nosotros mismos una atención que pudiera ‘registrar’ si lo que estábamos experimentando era un pensamiento, un sentimiento, una sensación, o la combinación de estas u otras funciones. También intentábamos observar nuestra identificación con algunos hábitos, incluyendo el ensueño o el soñar despierto, la imaginación, la charla interior, y así sucesivamente, para verificar nuestra falta de unidad interna.

 

Al intentar observarnos a nosotros mismos -que usualmente requiere ir contra el impulso de nuestros hábitos para poder observarlos con mayor claridad- se nos recordaba no intentar juzgar o analizar lo que se veía. El juicio y análisis simplemente nos retrotraería nuevamente al círculo vicioso de identificación con los contenidos de nuestra consciencia -especialmente con las reacciones internas de lo que vemos- consumiendo así la poca atención libre que tiene que estar disponible para continuar la observación.

 

Sin embargo, si el juicio o el análisis se producen, y sucede a pesar de nuestras mejores intenciones, simplemente debemos incluirlo en la observación. En resumen, el Trabajo de Gurdjieff pide ser científicos con relación a nosotros mismos, con nuestro propio ser como el objeto de la observación. Pronto se hizo evidente, para alguno de nosotros al menos, que para ser algo más que tomar notas mentales o psicológicas, la auto-observación debe, en la medida de lo posible, abarcar los procesos y las energías de nuestros cuerpos.

 

A través de nuestra continua experimentación, comenzamos a tener destellos de las palabras de Gurdjieff cuando dijo: “es solamente anclando nuestra atención en la sensación viva de nuestro cuerpo que el ‘Yo Soy’, nuestra presencia real puede despertar”. Aunque se nos dijo que, la completa auto-observación depende de estar abierto a una energía superior, una consciencia más elevada, también se nos dijo que se comienza poniendo de forma voluntaria la atención que esté disponible para nosotros en nuestro estado somático del momento.

 

Gurdjieff deja claro que sólo cuando nuestra atención ordinaria está activamente ocupada experimentando el momento presente que la energía superior de consciencia puede surgir, una consciencia que relaciona simultáneamente nuestro mundo interior y exterior.

Para aquellos que deseen estudiarse a sí mismo con el método de ‘auto-observación’, el punto de partida es la sensación general del cuerpo. Es a través de esta sensación, una especie de telón de fondo perceptivo en tres dimensiones, que podemos discernir los diversos movimientos y las energías de nuestras propias funciones internas. Sin la estabilidad de esta sensación, nuestros esfuerzos de auto-observación se tornarán rápidamente en identificación con cualquier pensamiento, sentimiento o ensueño que esté sucediendo.

 

Gurdjieff, Auto-Observación & Sittings

Uno de los principales ejercicios en el Trabajo de Gurdjieff de los últimos años es llamado ‘sittings’, una forma profunda de trabajo interno que es pasado oralmente de maestro a estudiante. Aunque los diversos ejercicios que Gurdjieff transmitió a sus alumnos no están fácilmente disponibles para el público en general, el enfoque básico ha sido descrito con cierto detalle en el excelente libro de Jean Vaysse sobre las enseñanzas de Gurdjieff, llamado “Toward Awakening” (Hacia el Despertar a sí mismo).

 

Aunque es importante, por supuesto, eventualmente aprender cómo observarse a sí mismo en cualquier circunstancia, es útil comenzar por sentarse en silencio durante al menos 20 minutos al comienzo de cada día con los ojos cerrados y la columna vertebral erguida pero flexible. A medida que uno comienza a relajarse cada vez más en esta postura tan simple, permitiéndole a la atención ocupar gradualmente todo el cuerpo, uno comenzará a experimentar una nueva sensación más completa de uno mismo. Es esta sensación la que hace posible ver, oír y "registrar" nuestros pensamientos, sentimientos, intuiciones, posturas, etc., y cómo estas diversas funciones se influyen mutuamente en esta compleja "máquina" que llamamos uno mismo.

 

Auto-Observación y Niveles de Sensación

No fue sino años después de haber dejado la Fundación Gurdjieff que entendí y formule gran parte de lo que sigue, es útil darse cuenta desde el principio de la auto-observación que la ‘sensación’ puede experimentarse en diferentes niveles, dependiendo del grado de relajación y atención en uno mismo.

 

Aunque el propio Gurdjieff no definió los niveles de sensación, por lo menos en ninguno de sus trabajos publicados, esto se vuelve bastante claro en un trabajo profundo y sostenido de auto-observación. Estos niveles incluyen la sensación automática de las molestias y dolores; la sensación más profunda de las tensiones y contracciones musculares; la sensación más sutil de la temperatura y movimientos: la sensación uniforme “punzante” de la piel, la sensación de vida y respiración de los órganos internos, huesos, tejidos y fluidos; y la sensación integradora de los circuitos de energía del cuerpo, conectando todos los órganos con las funciones de nuestro ser.

 

Aquellos que siguen el trabajo de la relajación consciente a través de un contacto más profundo con sus cuerpos eventualmente llegarán a un nivel más de sensación: la profunda, y abarcadora sensación de espacio y silencio que yace en el corazón de nuestro ser somático. Es sólo a través de la experiencia de ambas sensaciones, espacio y silencio que nuestra conciencia puede aceptar y acoger la totalidad de nosotros mismos. Es esta aceptación, esta bienvenida, el inicio de la auto-transformación. Para muchos que emprenden el trabajo interno de la auto-observación, sin embargo la observación de sus cuerpos rara vez va más allá de una “proyección” mental de su sensación. Para otros solamente abarca la sensación de la piel y de las tensiones más superficiales. Esto es comprensible, ya que para ir más profundo en nuestro organismo significa abrirse a las contradicciones y confusiones de nuestra vida interior, a las fuerzas reales.

 

Estas fuerzas incluyen nuestras aspiraciones y deseos más profundos, pero también los traumas, miedos, ansiedades, preocupaciones y otras emociones ocultas en las complejas interrelaciones del cerebro y su sistema nervioso, el esqueleto, los músculos y las vísceras que llamamos nuestro cuerpo.

 

Aunque el método de auto-observación es una herramienta poderosa de auto-estudio, aprender a abrirnos a nosotros mismos de esta manera requiere mucho más que la aplicación de ejercicios y técnicas. También hay que tener un gran conocimiento, sinceridad y sensibilidad. Tenemos poca consciencia directa de las operaciones de nuestro cerebro y de nuestro sistema nervioso, excepto cuando se reflejan en los tejidos, las estructuras y los movimientos de nuestro cuerpo. Además, en la práctica real, nuestra atención, que generalmente es bastante débil, rara vez puede llegar debajo de las capas más superficiales de los tejidos, órganos y músculos, condicionados por años de inconsciencia, negatividad y mal uso.

 

Basado en el Trabajo sobre mí mismo y también con otros dentro y fuera del Trabajo de Gurdjieff, es claro para mí que nuestros cuerpos, especialmente las vísceras, se han convertido gradualmente en la bóveda de almacenamiento de experiencias e impresiones no digeridas demasiado cargadas o dolorosas para enfrentar. En nombre de la homeostasis y la supervivencia, nuestro sistema nervioso cierra las puertas de estas experiencias a través de una especie de amnesia orgánica. Pero mantener las puertas cerradas consume una enorme cantidad de energía y crea una desarmonía en los niveles más profundos de nuestro ser.

 

El Trabajo de Auto-Sensado y Escucha

Al practicar la auto-observación, es interesante ver donde la atención de uno parece detenerse, dónde no puede avanzar más. Esto es posible usando lo que se llama el “auto-sensado”, un tipo de observación y escucha orgánica interna en la cual uno comienza con la sensación y receptividad de los ojos y oídos -incluyendo las impresiones que ellos reciben- y uno permite a esta sensación y receptividad expandirse gradualmente por todo el cuerpo. Esta expansión debe incluir todos los músculos voluntarios y el esqueleto, así como nuestro corazón, pulmones, diafragma, órganos digestivos, genitales, y otros órganos.

 

Porque es en estos lugares que los patrones más profundos de nuestra energía -las fuentes reales de nuestro comportamiento- son mantenidos. Y es en estos lugares dónde usualmente las manifestaciones físicas (especialmente las tensiones y contracciones innecesarias que consumen la energía necesaria para el trabajo interno) de nuestras barreras individuales son más claramente reflejadas.

 

A través del auto-sensado (detección física) de estas manifestaciones, las abrimos, por así decirlo, al alcance de nuestra atención, y podemos empezar a observar y transformar estas experiencias e impresiones -ya sean del pasado o presente- que han sido excluidas de nuestra consciencia. Al llevar a cabo este trabajo de auto-sensado es muy importante que nos acerquemos a nosotros mismos con gentileza y compasión.

 

Nos ha tomado muchos años ser lo que somos ahora, y es virtualmente imposible ver o romper todas nuestras barreras (que Gurdjieff llamaba “buffers” o “amortiguadores”) por el esfuerzo o la fuerza de voluntad solamente. Es una apertura sin fuerza a lo que observamos en nosotros en un momento dado, un profundo movimiento de bienvenida a todo lo que aparezca.

 

Es mi experiencia que al momento es imposible ir más allá de la consciencia de una barrera, podemos retroceder un poco y permitir que la sensación de la barrera se profundice. Cuando traemos nuestra atención nuevamente a una sensación de tranquilidad anterior, el sistema nervioso simpático puede relajar su férreo control y algunas de nuestras tensiones se comienzan a disolver por sì mismas. También podemos dejar que nuestra atención se desplace hacia las partes más libres y relajadas. Entonces dejamos simplemente que esta sensación de tranquilidad y comodidad se extienda a las partes más tensas. Cuando algunas tensiones más superficiales comienzan a disolverse, es posible observar niveles orgánicos de tensión más profundos en nosotros mismos y sentir las emociones y experiencias asociadas a ellas.

 

Aquellos de nosotros que emprendemos seriamente este trabajo de percepción de nosotros mismos veremos que la llave del auto-conocimiento y auto-transformación reside en nuestros sentimientos y emociones. Gurdjieff deja en claro que nuestros sentimientos y emociones son los caballos que conducen el carruaje de nuestro cuerpo. Y son nuestros sentimientos y emociones los que claramente moldean y reflejan nuestras relaciones, nuestras actitudes con nosotros mismos y con el mundo.

 

A medida que continuamos con el trabajo de auto-sensado, por ejemplo, veremos que cierta clase de sentimientos nos abren, permitiendo a nuestra consciencia moverse libremente a través de nuestro organismo, mientras que otros tipos nos cierran, bloqueando la consciencia y dejando las impresiones afuera. También nos convenceremos de que la real observación y estudio de las emociones, no es un proceso mental o psicológico, sino físico.

 

Auto-observación y Respiración

Mientras somos llamados desde nuestro ser interior hacia un trabajo de auto-observación más profundo, comenzaremos a ver, cuán difícil es observar nuestras emociones, especialmente aquellas que hemos evitado a lo largo de la vida, aquellas que nunca hemos asimilado. Afortunadamente, nuestro cuerpo nos da una entrada directa a nuestra vida emocional a través de la respiración. Nuestra respiración no solamente nos conecta con el mundo exterior, sino que también nos conecta con el cuerpo, la mente, las emociones y el espíritu, y nos mostrará si somos receptivos a las diferentes fuerzas actuando en el momento. Nuestra respiración nos puede incluso mostrar dónde resuenan en nuestro cuerpo las experiencias e impresiones que no somos capaces de enfrentar o digerir.

 

Gurdjieff nos advirtió, que cualquier intento por manipular o cambiar la respiración sin el suficiente conocimiento de nuestro organismo puede causar con el tiempo muchos problemas. Por lo tanto, es crucial al inicio de la auto-observación aprender a seguir y sentir la respiración sin hacer ningún intento por manipularla.

 

Seguir (sin alterar) la respiración es una práctica importante. Las razones para esto son muchas, pero dos son primordiales por lo que puedo ver: primero al seguir la respiración estabilizamos y reforzamos nuestra atención interior, y segundo mientras nuestra respiración tiene lugar refleja todo lo que está ocurriendo dentro y alrededor de nuestro organismo y provee una poderosa herramienta de auto-observación.

 

En mi propio enfoque de trabajo con la respiración, un enfoque que ha sido desarrollado no sólo a través de mi experiencia con el Trabajo de Gurdjieff, sino también con otras tradiciones, uno empieza simplemente siguiendo el aire entrando y saliendo por la nariz. Después uno puede seguir el movimiento del aire en el momento presente saliendo y entrando de los pulmones. Uno puede también sentir donde tiene lugar la respiración dentro del propio cuerpo. ¿Se sitúa en los hombros, en el pecho o en el bajo abdomen? ¿Levanto los hombros cuando inhalo? ¿Mi vientre va hacia fuera o hacia dentro? ¿Siento la respiración en las costillas, en la espalda o en la pelvis? ¿Conforme siento la respiración mis inhalaciones y exhalaciones ocurren de forma uniforme y armoniosa o parecen empujar en alguna dirección o en otra? ¿Qué tensiones siento? ¿Cómo suena mi respiración? Cuando siento la localización de mi respiración, ¿Me siento en paz, agitado, enfadado, alegre, triste, aburrido, con voluntad? ¿Estoy siendo terco o rígido en mi forma de pensar? ¿Qué estoy pensando y sintiendo? Y en los niveles más avanzados de este trabajo uno puede incluso sentir una cierta cualidad de energía que parece entrar con cada respiración y uno puede seguir el movimiento de esta energía en su propio cuerpo. El propósito aquí es simplemente observar, ni analizar, ni juzgar, ni manipular. Como dijimos antes, sin la suficiente conciencia ni auto-conocimiento, cualquier esfuerzo por cambiar nuestra respiración puede, tal como Gurdjieff avisa, causar muchos problemas.

 

Los que trabajan con la respiración de este modo por un período de tiempo prolongado tendrán muchas impresiones fascinantes y reveladoras de sí mismos. Y también desarrollarán una atención más fuerte y estable, una que no se disipa fácilmente con las reacciones emocionales. Pero la clave es mantener la auto-observación, usando la respiración como vía para experimentar todo el organismo. Uno podrá observar, por ejemplo, como en momentos de obstinación, de fuerte identificación (como decía Gurdjieff) con el propio sentido del ‘yo’, la respiración parece subir ruidosamente hacia los hombros levantados, los músculos se contraen y la cavidad abdominal se levanta. O como, en momentos de receptividad tranquila la respiración se centra silenciosamente detrás del ombligo, el Hara o el Tan Tien Inferior, y el cuerpo entero parece relajarse.

 

Este acercamiento a la auto-observación es bastante íntimo, ya que nos brinda a cada uno de nosotros la oportunidad de aprender más sobre nosotros mismos de la forma más directa posible. Incluso empieza a alterar nuestro propio ser: la luz de la conciencia empieza a penetrar dentro del oscuro escondrijo de nuestro ser, relaja nuestras estructuras somáticas y tejidos somáticos y gradualmente permite que la energía fluya de forma más armoniosa.

 

Sin embargo, incluso en las condiciones especiales del Trabajo de Gurdjieff, la auto-observación no siempre saca a luz el origen profundo de nuestro comportamiento y ser. Debido a nuestro extenso condicionamiento por parte de la familia, los amigos, la educación y la sociedad y las poderosas interrelaciones que existen entre la estructura somática, la respiración y las emociones hay casi siempre contracciones profundas, tensiones y desarmonías en nuestros músculos, vísceras y sistema nervioso que no pueden sentirse si no es a través de un profundo y directo trabajo con el cuerpo y la respiración.

 

En muchos casos es necesario trabajar con un buen profesor de ciencias somáticas, o con un guía espiritual que pueda realizar un trabajo somático, y que pueda trabajar con nosotros individualmente, para ayudarnos a experimentar las formas en que nuestro cuerpo no solo refleja, sino que también sostiene una poderosa actitud emocional que no somos capaces de observar por nosotros, sin importar cuánto intentemos o cuan sensible seamos. Muchas veces el trabajo no puede ser realizado mediante palabras, movimientos o meditación. Sino que requiera el arte y ciencia de alguien más que pueda despertar y guiar nuestra energía orgánica y tomar consciencia de nuestro ser a través de nuestras tensiones, contracciones, y desarmonías sensoriales.


En mi propio trabajo de auto-observación, me he beneficiado enormemente no sólo de las condiciones extraordinarias del Trabajo de Gurdjieff (condiciones que hacen posible vernos a nosotros mismos más imparcialmente) sino también por una exploración somática intensiva con diferentes profesionales somáticos y maestros espirituales, incluyendo expertos en el trabajo de integración estructural Feldenkrais y también una modalidad taoísta de masaje abdominal y trabajo con la respiración llamado Chi Nei Tsang. En ambos enfoques, especialmente en Chi Nei Tsang fui capaz de experimentar en tan solo un par de años muchas de las profundas interrelaciones entre mente, cuerpo y emociones que me habitan y que había esquivado por muchos años. Para mí está claro, sin embargo, que sin el entrenamiento previo en auto-observación con el trabajo de Gurdjieff, sin aprender cómo traer la atención hacia mi propio ser interno en casi cualquier circunstancia de la vida, mis experiencias con estos maestros y profesionales no hubiera ido más allá́ de la obtención de importantes beneficios para la salud e interesantes apuntes psicológicos.

Si el método de auto-observación de Gurdjieff es para ser un camino íntimo hacia nuestro ser, sólo se puede hacer si estamos dispuestos a exponernos verdaderamente a nosotros mismos. Lo que se necesita, dice Gurdjieff es “sinceridad interna”. Pero esta disposición a ser expuesto, a estar presente a nosotros mismos desde la cabeza hasta los pies y desde fuera hacia dentro, necesita el soporte de condiciones especiales y de gente que puede ayudarnos a volver a nuestra propia casa en esta tierra, nuestros cuerpos, y ocupar cada piso y cada habitación de esta casa. No es suficiente con conocer nuestra casa iluminando con un potente foco desde el último piso a nuestra habitación favorita. Se necesita abrir la puerta de cada habitación, incluyendo el sótano, entrar en las habitaciones e iluminarlas.

Esto no es fácil, pero es posible, especialmente para aquellos que recuerdan que es sólo a través de vivir la sensación de la respiración desde la totalidad de nosotros mismos, que podemos vivir conscientemente vidas armoniosas. Esta sensación, sin estar restringida por actitudes emocionales inconscientes trabajando a través de nuestros músculos y órganos, es la sensación de la vida misma y del milagroso espacio y silencio que descansa en el corazón.

Traducido y extractado por Alfredo Marinelli para el Blog “Gurdjieff y Ouspensky – Estudio e Investigación” del número de otoño de 1993 de la revista “Gnosis”.

LA ÚLTIMA HORA DE VIDA

INTRODUCCIÓN 
por Alfredo Marinelli

La muerte es uno de los más grandes misterios de nuestra existencia, si bien la mente racional sabe que vamos a morir (lo cual es una realidad innegable), hay ciertas partes internas que la niegan o no la toman verdaderamente en cuenta, y es por esto que nuestras perspectivas y comportamientos diarios tienen un manto de perennidad, es decir, como si fuésemos a vivir eternamente.

Lo que consideramos nuestra vida es una realidad paradigmática, basada en conceptos, creencias y suposiciones, así nuestra percepción e interpretación es moldeada por nuestra historia social, cultural y personal. Este tipo de influencias, fundamentalmente la de nuestra cultura, ha generado un consenso implícito y explícito de negación a la muerte.

El producto de esta negación genera cierta inmunidad hacia el concepto de la muerte. Sin embargo la vida y la muerte son las dos puntas de una misma vara o las dos caras de una moneda, en otras palabras dos opuestos que se complementan mutuamente. Constantemente la vida y la muerte se afirman en forma simultánea, pues la vida y la muerte constituyen juntas, en definitiva, la realidad de la existencia. En términos metafísicos podemos decir que el no-ser realiza al ser o viceversa, pero para que esta realización ocurra ninguna de las partes pueden ser negadas. Cada una es la condición para la realidad de la otra.

Aferrarnos a la vida con el único mandato de sobrevivir es considerar a la vida como un trabajo contra la muerte, es escoger al ser contra el no ser, lo cual genera una contradicción básica, una duplicidad conceptual que nos impide realmente vivir, porque la persecución de la supervivencia para tener más y más tiempo disponible, es la ilusión de querer aferrar aquello que se nos escapa en el presente.

La vida y la muerte son dos conceptos inseparables, dos polaridades de un mismo fenómeno, aferrados a uno u otro opuesto nos alejamos del verdadero punto de referencia para evaluar nuestra existencia. El recuerdo de la “inevitabilidad de nuestra propia muerte” genera un balance entre estos dos aparentes opuestos, permitiendo el reconocimiento de nuestros sistema de valores,  los cuales en definitiva, fundamentan y desarrollan nuestra vida, porque todo aquello que valoramos genera significado y cuando algo adquiere significado surge un móvil que es el deseo, manifestado casi imperiosamente a través de un acto volitivo en pos de aquello que valoramos.

El discernimiento de cuáles son los valores propios o intrínsecos, denominados por Abraham H. Maslow “como los valores del ser” y de cuáles son los introyectados por el medio socio- cultural, con la posterior elección hacia los “valores del ser” determinan, en última instancia, nuestras posibilidades de auto-realización y auto-trascendencia.    

Cuando se realiza esta opción, no siempre existe la movilización interna necesaria para ocuparnos fehacientemente de los valores del ser, y así transitar el proceso de transformación, aun deseándolo y sabiendo que es importante, no le damos la urgencia necesaria. La ilusión de que siempre habrá tiempo, degenera en una constante postergación cuyo síntoma es “la enfermedad del mañana”, llegando muchas veces incluso hasta el mismo olvido de los propósitos esenciales.

La movilización de los deseos del ser, para que estos se plasmen en acciones, necesita de una voluntad específica, que surge de nuestro interior y no depende de impulsos externos ni de nuestros condicionamientos, es decir que no es la resultante de necesidades, presiones y urgencias de las vivencias existenciales ordinarias, las cuales estamos obligados a cumplir. 

Esta voluntad específica no es generada por agentes externos, es totalmente libre y no es requerida por nada, salvo por nosotros mismos y sólo está disponible a todo aquel que, a través de una captación sensible, ha sabido asimilar el conocimiento trágico de su propia existencia.

La energía resultante de este particular conocimiento genera la motivación interna necesaria, que a través de nuestros deseos esenciales y sinceros, ponen en acción al libre albedrío en pos del crecimiento interior.

Es por esto que para mantener una constante movilización de nuestros deseos esenciales y sinceros, se debe tener el recordatorio de la inevitabilidad de nuestra propia muerte, como así también el recuerdo de todas aquellas experiencias vividas que lindan con las tragedias, dolores y sufrimientos de nuestra vida. Sin este conocimiento trágico es imposible comprender lo que Gurdjieff denominó “el terror de la situación”, sin lo cual son muy pocas las posibilidades de tomar alguna real determinación para objetivar nuestras esenciales aspiraciones.

Gurdjieff en “Relatos de Belcebú a su nieto” escribe:

Todos nosotros somos mortales y todo hombre puede morir en cualquier momento. Se plantea entonces la pregunta, ¿puede un hombre imaginar realmente y «experimentar» en su consciencia, el proceso de su propia muerte?

¡No! Un hombre no puede jamás, por mucho que lo desee, imaginar su propia muerte y experimentar ese proceso. Un hombre ordinario contemporáneo no puede ni siquiera imaginar plenamente la muerte de otro hombre. Puede imaginar, por ejemplo, que cierto Mr. Smith abandona el teatro y, al cruzar la calle, cae bajo un automóvil y muere. O que un letrero arrancado por el viento cae sobre la cabeza de Mr. Jones, que pasaba en ese momento por allí, y lo mata en el acto. O que Mr. Brown, después de comer pescado en mal estado, resulta intoxicado y muere al día siguiente.


Cualquiera puede imaginar fácilmente cualquiera de estas muertes. Pero, ¿puede el hombre medio contemplar la misma posibilidad para sí mismo, del mismo modo en que la admite para Mr. Smith, Mr. Jones y Mr. Brown, y sentir y vivir toda la desesperación procedente del hecho de que todo eso puede ocurrirle a él?


Pensad qué le sucedería a un hombre que pudiera imaginar claramente y vivir la inevitabilidad de su propia muerte. Si medita seriamente y es realmente capaz de analizar esto profundamente y conocer su propia muerte, ¿podría haber algo más espantoso?


En la vida ordinaria, particularmente en las últimas épocas, por encima del deprimente hecho de la inevitabilidad de la muerte, que debe ocurrirle a todos inevitablemente, existen para la gente muchos otros hechos similares, y la imagen real de la posibilidad de experimentarlos debe provocar en nosotros sentimientos de inexpresable e intolerable angustia.


Si el hombre medio contemporáneo tuviera la posibilidad de percibir o recordar, siquiera en su pensamiento, que, en cierta fecha conocida y definida, por ejemplo, mañana, dentro de una semana o un mes, o incluso dentro de uno o dos años, morirá indefectiblemente, ¿qué quedaría entonces de todo lo que hasta ahora ha constituido y llenado su vida?


Todo perdería sentido y significación para él. ¿Qué importancia tendría entonces la condecoración que recibió el día anterior por sus largos años de servicio y que tanto lo ha complacido, o la mirada que acaba de observar, llena de promesas, de la mujer que era desde hacía mucho el objeto de sus constantes anhelos, o el periódico junto a la taza de café, o el obsequioso saludo de su vecino al cruzarse en la escalera, y el teatro por la noche, y el descanso y el sueño y todas sus cosas predilectas, qué valor tendría todo eso?


No poseerían ya la significación que se les había otorgado antes, incluso si un hombre supiera que la muerte sólo lo iba a sorprender dentro de cinco o seis años.


En resumen, el hombre medio no puede ni debe contemplar su propia muerte «cara a cara» ya que entonces, por así decirlo, «saldría de su hoyo» y frente a él con absoluta claridad, surgiría la pregunta:


«¿Por qué, entonces, debemos vivir, trabajar y sufrir?»


«El único medio actual para salvar a los seres del planeta Tierra sería implantar nuevamente en sus presencias un nuevo órgano, un órgano como el Kundabuffer, pero esta vez con propiedades tales que cada uno de esos infortunados, durante el proceso de su existencia, pudiera percibir y conocer constantemente la inevitabilidad de su propia muerte, así como la de la muerte de todos los que sus ojos pueden contemplar.»


«Sólo una sensación y un conocimiento de ese tipo pueden destruir ahora el egoísmo completamente cristalizado en ellos, que ha absorbido la totalidad de su Esencia, y también la tendencia a odiar a los demás que fluye de ese egoísmo, es decir, la tendencia que engendra todas esas relaciones mutuas que existen allí y constituyen la principal causa de todas sus anormalidades, impropias de seres tricerebrados y maléficas para ellos mismos y para la totalidad del Universo.»


La creación de este órgano, aparentemente anatómico, está fuera del alcance de nuestras posibilidades, sin embargo podemos desarrollar un órgano símil al Kundabuffer, pero de carácter psicológico de constante auto-recordación. Los variados ingredientes para la formación de este órgano no sólo involucran la percepción constante de la inevitabilidad de nuestra propia muerte y de todo lo que nuestros ojos pueden contemplar, sino también todos aquellos hechos que provoquen en nosotros sentimientos de inexpresable e intolerable angustia, es decir todo aquello que en nuestra existencia ha sido fuente de conflicto, sufrimiento, dolor y pena.
                                                                     

LA ÚLTIMA HORA DE VIDA

G. I. Gurdjieff
Imagina, que sólo tienes unos pocos minutos, tal vez una hora para vivir; de alguna manera has descubierto exactamente cuándo morirás. ¿Qué harías con esta preciosa hora de estadía en la Tierra? ¿Serias capaz de completar todas tus cosas en esta última hora, tienes una idea consciente sobre cómo hacerlo? 

Y soltando tu último aliento ¿Sentirías satisfacción al saber que has hecho todo lo posible en esta vida, para darte cuenta que estás presente constantemente, siempre vibrando, siempre esperando, como un hijo esperando a su padre marinero? En el mundo manifestado todo tiene su principio y su final. En el Mundo Real todo está siempre presente y un hermoso día se te permitirá olvidar todo y dejar el mundo “para siempre.” 

La liberación vale un millón de veces más que la libertad. El hombre liberado, aunque esté en esclavitud, sigue siendo un maestro de sí mismo. Por ejemplo, si te doy algo, digamos, un coche, el cual no tiene combustible, el coche no se puede mover. Tu coche necesita un combustible especial, pero solamente tú puedes definir qué tipo de combustible se necesita y donde conseguirlo. 

Tienes que definirte a ti mismo, como digerir mis ideas para hacerlas tuyas, para que te pertenezcan sólo a ti. Tu coche no puede trabajar con el mismo combustible con el que trabaja el mío. Te sugiero solo el material principal. Tienes que sacar de éste lo que puedas usar. Entonces, más valerosamente, siéntate al volante. 

La vida orgánica es muy frágil. El cuerpo planetario puede morir en cualquier momento. Siempre está a un paso de la muerte. Y si te las arreglas para vivir un día más, es sólo una oportunidad accidental dada por la naturaleza. Si pudieras vivir una hora más, puedes considerarte una persona afortunada. Desde el momento de la concepción estamos viviendo tiempo prestado. 

Viviendo en este mundo tienes que sentir la muerte cada segundo, así que resuelve todos tus asuntos pendientes, incluso en tu última hora, ¿Pero cómo puede alguien saber exactamente cuál es su última hora? Para sentirte seguro reconcíliate con la naturaleza y contigo mismo en cada hora que se te dé, entonces nunca se te encontrará desprevenido. Al hombre se le tiene que enseñar esto empezando desde la escuela: como respirar, comer, moverse y morir mejor. Esto tiene que convertirse en una parte de un programa educacional. En este programa es necesario incluir la enseñanza sobre cómo darse cuenta de la presencia del “Yo” y también como establecer consciencia.

Pregunta: ¿Cómo actuar si no sientes que hay algo sin acabar?

Gurdjieff: Después de una pausa, respiró profundamente y respondió: 

Pregúntate quien estará en dificultades si mueres como un perro. En el momento de la muerte tienes que estar totalmente consciente de ti mismo y sentir que has hecho todo lo posible para usar todo, dentro de tus capacidades, en esta vida que te fue dada.  

Ahora no sabes mucho sobre ti mismo. Pero con cada día que excaves más y más profundamente dentro de este montón de huesos, empezarás a saber más y más detalles. Día a día encontrarás lo que deberías haber hecho y lo que tienes que rehacer dentro de las cosas que has hecho. Un hombre de verdad es aquel que pudo tomar de la vida todo lo que era valioso de ésta, y decir: “Y ahora puedo morir.” Debemos tratar de vivir nuestras vidas de manera que podamos decir cualquier día: “Hoy me puedo morir sin arrepentirme de nada.” 

Nunca gastes infructuosamente tu última hora de vida, porque se puede volver la hora más importante para ti. Si la usas incorrectamente, puedes arrepentirte después. Esta sincera emoción que sientes ahora, puede convertirse para ti en una poderosa fuente de la fuerza que te puede preparar para una muerte perfecta. Sabiendo que la próxima hora se puede volver la última para ti, absorbe las impresiones que te convertirán en un verdadero gourmet. Cuando la dama de la muerte te llame, prepárate, siempre. El maestro sabe cómo tomar de cada deliciosa pieza el último trozo de lo más valioso. Aprende a ser el maestro de tu vida.

Cuando era joven aprendí a preparar fragancias. Aprendí a extraer la esencia de la vida, sus cualidades más sutiles. Busca en todo lo más valioso, aprende a separar lo fino de lo grosero. El que ha aprendido como extraer la esencia, lo más importante de cada momento de la vida, ha alcanzado un sentido de calidad, es capaz de hacer con el mundo algo que no puede hacer un aborigen.

Puede ser que en los últimos momentos de tu vida no tengas la opción de dónde y con quién estar, pero tendrás la opción de decidir qué tan completamente los vivirás. La habilidad de tomar lo valioso de la vida es la misma que la de tomar lo más valioso de la comida, del aire y de las impresiones, las substancias necesarias para desarrollar tus cuerpos superiores. Si quieres tomar de tu vida lo más valioso para ti mismo, tiene que ser por el bien de lo superior; es suficiente dejar sólo un poco para ti mismo. Trabajar en ti mismo por el bien de otros es una manera inteligente de recibir lo mejor de la vida para ti. Si no estás satisfecho con la última hora de tu vida, puede que tampoco lo estés con tu vida entera. Morir significa pasar a través de algo que es imposible repetir de nuevo. Gastar tu precioso tiempo en nada significa privarte de la oportunidad de extraer lo más valioso de la vida. 

En este mundo, vivir la vida, de principio a fin, significa otro aspecto de lo Absoluto. Todos los más grandes filósofos, se prepararon cuidadosamente para la última hora de su vida. Y ahora te daré el ejercicio para prepararte para tu última hora en la tierra. Trata de no malinterpretar ninguna palabra del ejercicio dado. 

Ejercicio

Recuerda la hora que ha pasado, como si fuera tu última hora en la tierra y que justo acabas de darte cuenta de que has muerto. Pregúntate, ¿Estabas satisfecho en esa hora?

Y ahora reanímate a ti mismo de nuevo y establece el objetivo para ti mismo. En la próxima hora (si eres afortunado para vivir una más) trata de extraer de la vida un poco más de lo que hiciste en la última hora. Define, donde y cuando deberías haber estado más consciente, y en donde deberías haber puesto más fuego interno.

Y ahora abre más tus ojos, y con esto me refiero a abrirte más posibilidades, sé un poco más valiente de lo que fuiste en la hora anterior. Ya que sabes que ésta es tú ultima hora y que no tienes nada que perder, intenta ganar más valentía, por lo menos ahora. Desde luego, no tienes que hacer tonterías. Llega a conocerte mejor, mira a tu máquina como si la vieras desde afuera. Ahora, cuando estás muriendo, no tiene sentido mantener tu reputación y tu prestigio.

De ahora en adelante, hasta la verdadera última hora, aspira con persistencia para recibir lo más valioso que puedas de la vida, desarrolla tu intuición. Toma sólo unos pocos momentos cada hora para mirar a la hora que ha pasado, sin juicios, y después sintonízate para extraer más de la siguiente hora. 

Si consideramos cada hora como una unidad de vida independiente, intenta hacer lo máximo que puedas para usar cada unidad completamente. Esfuérzate y encuentra la manera de hacer en la siguiente hora mucho más que en la anterior, pero también se consciente de que te has encargado de las deudas que has acumulado hasta ahora. Aumenta la auto-exploración y el auto-conocimiento, y también aumenta la habilidad de dominarte a ti mismo, esto cambiara el trabajo de tu máquina, que siempre está fuera de control. Y estas habilidades se pueden convertir en el indicio de los verdaderos cambios. Y es absolutamente intrascendente lo que la máquina piense sobre esto. 

Vivir el resto de tu vida ensayando tu muerte cada hora, no es nada patológico. Nadie recibe más de la vida que el paciente con cáncer, que sabe aproximadamente cuando morirá. Y desde que él ya reconoció como desea pasar el resto de su vida, no tendrá que hacer el cambio total en ésta, pero podrá ir a algún lugar, a donde siempre deseó ir, que no lo haría en otras circunstancias. 

El hombre que sabe que morirá pronto, tratará de usar al máximo cada hora del resto de su vida. Esto es exactamente a lo que Cristo se refería cuando dijo que los últimos días vendrán pronto, los días anteriores al Juicio Final. Todos estamos parados frente al Juez, pero no son los otros los que nos juzgan, sino nosotros mismos los que hacemos la última estimación de nuestra vida. No tenemos que fallar el examen más importante, en donde el juez más serio somos nosotros mismos.

Cada momento, por sí solo, representa la partícula de la Creación Eterna. Por lo tanto a cada momento al que podemos extraer las sustancias más sutiles, a eso podemos llamarle “la esencia de la vida.” Imagina la sustancia “aire” o la sustancia “impresiones.” Finalmente, dibuja en tu cabeza la sustancia “momento.” Sí, hasta los momentos del tiempo son sustancias. 

Si pudiéramos extraer las sustancias más finas de las más groseras, tarde o temprano tendríamos que pagar por esto. Esta ley es llamada La Ley del Equilibrio. Por esto aprenderemos a pagar inmediatamente por aquello que recibimos de la vida. Sólo entonces no tendremos ninguna deuda. Pagar inmediatamente –a esto se le llama “obra real.” “Hacer” –es pensar, sentir, actuar, pero “obra real,” es pagar inmediatamente.

Hacer –sólo puede significar una cosa: extraer la esencia de cada momento de la vida y al mismo momento pagar todas las deudas a la naturaleza y a ti mismo; pero solamente cuando tienes “Yo,” puedes pagar inmediatamente. 

La vida real no es un cambio de actividad, sino un cambio en la calidad de la actividad. El destino, es el destino. Cada uno de nosotros tiene que encontrarse a sí mismo en el orden total de las cosas. No es tarde para empezar a hacerlo ahora, aunque has pasado la mayor parte de tu vida dormido. Empezando desde hoy puedes comenzar a prepararte para la muerte y al mismo tiempo, aumentar tu calidad de vida. Pero no pospongas el comienzo, tal vez de verdad sólo tienes una hora más de vida.

Pregunta: ¿Podemos compartir esto con otros? Pienso que es muy importante lo que escuchamos sobre esto esta tarde.

- Puedes volver a contarlo palabra por palabra, pero hasta que no lo hagas por ti mismo, no significará nada para otros. La existencia es el medio, o el instrumento, para la acción. Piensa en esto y encontraras el porqué. 

Pregunta: Por lo tanto, ¿No podemos pagar las deudas, si no existimos, o si nuestro “Yo” está ausente? 

- ¿Por qué tienes tanta necesidad de pagar? ¿Pagar para qué? Si la vida es sólo una coincidencia, entonces no hay necesidad de continuar. Esto no significa que tienes que terminar tu vida con un suicidio. Lo opuesto, tienes que poner todo tu esfuerzo en “vivir.” El hombre ordinario siempre vive solamente yendo con la corriente. No solo está dormido, está absolutamente muerto. Para vivir realmente, es necesario apoyar los esfuerzos de la naturaleza, para tomar activamente de la vida, y no actuar pasivamente, a donde sea que fluya. 

Para extraer lo más valioso de la vida, tienes que poder manejar tus emociones. Mira que tan justamente puedes estimarte. Mírate atentamente y encontrarás varias extraordinarias maneras de ser justo. Cada vez date cuenta de los diferentes momentos en que el deseo aparece. Actúa como antes, pero siempre estate consciente de su presencia. Transporta al mundo la parte de tu sangre, pero la de nivel superior. 

Al final de cada hora después que hayas estimado su utilidad, imagina que despertaste en lo absolutamente desconocido en comparación a la anterior que pasó. Es importante notar que la aparente continuidad de la última hora, realmente está cambiando con cada hora, aunque las cosas y personas parecen las mismas de antes. Con el tiempo aprenderás a verte a ti mismo como un espíritu de una sustancia especial, que viene de un mundo a otro, como un huésped sin invitación de la naturaleza.

Mirando desde este punto de vista, evalúa todo lo que hagas en tu vida. Mira los resultados de todos tus esfuerzos del pasado y piensa qué sentido tienen ahora, en tu última hora de vida. Aquellos que están involucrados en el “Trabajo”, están muertos a este mundo y al mismo tiempo están más vivos en este mundo que nadie más. “Trabajo”, algo extraño, impredecible, pero para muchos es imposible vivir sin él.

El modo ordinario de entender la vida es vanidad de vanidades. Por más grande que sea el resultado es de acuerdo a las medidas terrestres, tarde o temprano fallará. Hasta la arena está siendo hecha polvo por el tiempo. Hasta las personas más relevantes de la historia han sido olvidadas. Para entender las posibilidades reales de este mundo, es necesario encontrar lo que podemos alcanzar en este mundo, que será bastante útil en el Mundo Real.

Mira atentamente a las vidas de todas las personas más grandes, aquellos que dirigieron ejércitos, que tuvieron poder sobre otros. ¿Cuál es el beneficio para ellos de todas sus grandes acciones ahora, cuando están muertos? Incluso cuando estaban vivos, todas estas grandes acciones no fueron más que sueños vacíos. No estamos aquí para elogiarnos a nosotros mismos o para probarnos a nosotros mismos, lo más repugnante en el hombre ordinario es la habilidad de satisfacer rápidamente a su carne. 

La mayoría de las personas encuentran muchas excusas para no trabajar en sí mismos. Están en una completa prisión de sus debilidades. Pero justo ahora no hablamos sobre ellos, sino sobre ti. 

Entiéndeme bien, no necesito seguidores, estoy más interesado en encontrar a los buenos organizadores, los verdaderos guerreros del nuevo mundo. Comprendo las debilidades de la organización, porque justo hora no hablamos sobre la organización habitual que consiste de iniciados.

Te recuerdo una vez más, aprende a vivir cada una de tus horas con un beneficio más grande. Crea un detallado plan de tu última hora de vida. Para entender cómo debería morir uno, deberías de hacer crecer raíces más profundas en la vida, sólo entonces podrás morir como un ser humano, no como un perro. Aunque, esto no es dado a todo el mundo -morir. Puedes convertirte en abono para nuestro planeta, pero realmente no significa morir. Morir a este mundo para siempre, es un honor que tienes que pagar con Trabajo Consciente y Sufrimiento Intencionado. Tienes que ganártelo.

Trata de imaginarte a ti mismo –relativamente– claramente en tu última hora sobre la tierra. Escribe un tipo de guión de esta última hora, como si estuvieras escribiendo el guión para una película. Pregúntate: “¿Así es como quiero disponer de mi vida?” Si no estás satisfecho con la respuesta, rescribe el guión hasta que te guste. 

Mira a la vida como un negocio. El tiempo es tu dinero para la vida. Cuando vienes a este mundo, se te dio una cantidad definitiva de dinero y no puedes excederla. El tiempo es la única moneda con la cual pagas por tu vida. Ahora mira como usaste la mayor parte de éste de una manera estúpida. Ni siquiera has alcanzado el objetivo principal de la vida, tener descanso. Fallaste como hombre de negocios, y como usuario de vida, te engañaste a ti mismo. Toda tu vida pensaste que todo se te ha dado gratis, y ahora de repente descubriste que no es gratis. Pagas por usar el tiempo, éste es el por qué cada momento de tu estadía aquí cuesta algo. 

¿Entonces como podría ser posible para ti rembolsar por lo menos estas pérdidas? Comprueba, ¿Si el déficit de tu cuenta bancaria es solo temporal, o es quizá constante? ¿Perdiste el tiempo o pudiste invertirlo con éxito? Si has gastado todo tu dinero en vacaciones, entonces no hay nada que hacer más que arrepentirte por el pasado. 

Durante muchos años, has estado gastando tu vida como si tus padres te hubieran dado una cuenta bancaria con crédito ilimitado. Pero ahora la cantidad se terminó y te das cuenta que estas solo por completo y no hay nadie a quien recurrir. No hay más tiempo en tu cuenta bancaria. Ahora te ves forzado a ganar cada hora de tu vida. Toda tu vida te comportaste como un niño y gastaste el tiempo tal como lo hace una pareja de recién casados en su luna de miel. 

Nuestro principal enemigo, que nos impide aplicar los esfuerzos necesarios, es la desesperanza. Sé que tienes muchas excusas para no prepararte para tu última hora de vida. El hábito es una gran fuerza, pero empezando una vez, puedes aprender a hacerlo cada vez más y más. 

No te enredes todo el día, esfuérzate al menos una hora al día para hacer un esfuerzo, de lo contrario perderás todo. Piensa sobre el ensayo de tu última hora como si fueran ejercicios de ballet, tienes que hacerlo toda tu vida.

Yo dedico cuatro horas al día a este ejercicio, pero cuando era joven, le dedicaba el doble. 
                                                                           G. I. Gurdjieff

Traducción del Ruso por Alexandra Kharitonova, con traducción al Ingles por Reijo Oksanen – descubierto por Ilya Kotz y Avi Solomon del Grupo de Nyland Jerusalén. Compaginado por Alfredo Marinelli para el Blog "Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación"

LOS HECHOS DE LA EXPERIENCIA

INTRODUCCIÓN                                                                                                                                                                              por Alfredo Marinelli

Nuestra vida psíquica puede ser considerada como la suma de todas nuestras experiencias. Lo que somos ahora, es decir la manera en que nos vivenciamos, percibimos y nos valoramos, tanto a nosotros mismos, como al prójimo y al mundo externo, son el resultado de las experiencias que hemos vivido. A su vez cada uno de nuestros comportamientos y reacciones surgen como consecuencia de la repetición de estas experiencias

Una de las causas que imposibilitan un desarrollo ulterior del hombre, una vez que la naturaleza lo desarrolló hasta su etapa de adulto, es la pérdida significativa de su capacidad de experimentación, punto de inflexión en el cual la calidad de la experiencia comienza a ser limitada. Las nuevas experiencias que pueden acontecer son reinterpretadas por lo ya experimentado, es decir que cada experiencia la vivimos de acuerdo con nuestras experiencias pasadas, según los condicionamientos producidos anteriormente. Sin embargo, la experiencia debería ser un proceso de aprendizaje continuo y no algo que condicione a toda experiencia futura, de esta manera es poco lo nuevo que se puede incorporar para ampliar la comprensión de nuestro proceso existencial.

Generalmente nos olvidamos de nuestras experiencias, ya que tienden a desaparecer de nuestro plano consciente, pero su efecto condicionante permanece siempre activo desde el plano subconsciente. Así la capacidad de darse cuenta, percatarse o asombrarse, prácticamente desaparece. 

             “Su experiencia, como tantas veces sucede, le hizo desconocer la verdad”

                                                                                                          Anatole France

En nuestro existir cotidiano no nos percatamos verdaderamente de lo que sucede, fundamentalmente en nuestro interior. La mayor parte del tiempo nuestros sentidos están volcados hacia lo externo. Pasan por nosotros pensamientos, emociones y sensaciones de las cuales no somos conscientes -es claro que las funciones pueden existir sin la conciencia-  todo simplemente sucede y es esta falta de consciencia la generadora de un estado de ilusión y mecanicidad en las vivencias existenciales. Es en este estado en donde disminuye la capacidad de adaptación a situaciones nuevas, impidiendo la manifestación de los atributos humanos de intuición y creatividad, estado en el cual es imposible experimentar en nueva manera. 

"Cada experiencia la vivimos de acuerdo con nuestras experiencias pasadas, según los condicionamientos producidos anteriormente. Por consiguiente, lo que somos ahora es el resultado exacto de todas las experiencias acumuladas durante nuestra vida"

Antonio Blay

Es necesaria una nueva capacidad perceptiva que permita una resonancia interior más profunda en nuestra manera de experimentar. La experiencia intencional solo es posible en el momento presente, para que esto ocurra es necesario un gradiente de atención para poder percatarnos y darnos cuenta. Su función -similar a un catalizador- permite que lo nuevo a experimentar no sea interpretado por el condicionamiento de lo ya experimentado. De lo contrario más que experimentar somos experimentados por la vida, perdiendo la posibilidad de capitalizar experiencia alguna -al menos en sentido interno.

El proceso de transformación no se trata tanto de experimentar, sino de lograr un nuevo estado para realizar la experiencia. Solo así generamos los órganos adecuados para un nuevo modo de vida. De lo contrario seguiremos viviendo en el mundo de las palabras como si éstas fueran la realidad, distorsionando la experiencia mediante convulsiones o pasividades emocionales y confundiendo nuestras sensaciones como si fueran la totalidad de nosotros mismos. 

"Lo que experimentamos en el estado ordinario de identificación es una vida empobrecida, en su mayoría imaginaria, basada en la mentira interior y diseñada a partir de las condiciones y presiones de nuestra crianza, educación y cultura"

Dennis Lewis

Cuando nuestra experiencia deja de estar cubierta y enterrada por todo tipo de informaciones e ideas adquiridas del entorno, podremos percibir sin depender de las palabras o de imágenes anteriores, comenzando a tener experiencias frescas y verdaderas.

En síntesis el verdadero proceso de transformación comienza cuando comenzamos a experimentarnos intencionalmente a nosotros mismos y al mundo a través de un nuevo gradiente de atención desapegada, para menguar el estado de identificación y acceder a una franja más elevada del nivel de consciencia, denominado en el Trabajo como el "Tercer Estado de Consciencia", donde es posible capitalizar verdadera experiencia. La experimentación y el momento presente están íntimamente ligados, ya que uno no puede existir sin el otro. 

La experiencia sólo se produce en el presente, y más allá de la experiencia nada existe.                                                                                                 Ramana Maharshi

Sin una atención separada de nuestras tareas, que mantenga un cierto hilo de consciencia apartada de nuestras funciones es decir: pensamientos emociones y sensaciones, podemos estar muchos años en alguna tradición espiritual, estudiando, realizando ejercicios, esforzándonos, y sin embargo, llegando al punto en que es poco lo que acontece como nuevo, es poco lo que se cambia, ya que ningún trabajo de orden psicológico/espiritual puede realizarse en el sueño, es decir, sin un despertar parcial.

La calidad de la experiencia si es jerarquizada por niveles más elevados de consciencia y un correcto funcionamiento de las funciones, da por resultado la implementación de la espiritualidad en todos los aspectos de la vida cotidiana.

*    *    *

LOS HECHOS DE LA EXPERIENCIA

por J. G. Bennett

Debemos empezar por la comprensión de nosotros mismos tal como somos. Nuestras vidas son vividas mecánicamente, y están llenas de negatividad inútil. La mayor parte del tiempo somos arrastrados por un impulso, y ni siquiera nos damos cuenta de lo que está sucediendo. Pasando casi todo nuestro tiempo en sueños, no acabamos teniendo sino sueños, y nosotros mismos no tenemos otra substancia que la de un sueño. Sólo recordamos nuestros sueños en la medida en que los advertimos; lo no advertido se pierde para siempre (*). Pero si nos preguntamos a nosotros mismos cuán a menudo estuvimos en un estado de advertencia durante la última semana, o durante el último día, encontraremos que es muy poco lo que ha permanecido con nosotros.

Encontraremos pensamientos acerca de lo que hemos estado haciendo; encontraremos rutinas que tienen que ver con nuestras actividades diarias; pero en nada de esto encontraremos una experiencia real, ningún material real de memoria concreta. Casi toda nuestra vida desaparece porque no entramos en absoluto en la experiencia: no nos percatamos de nosotros mismos, no vemos lo que está pasando. Lo que sucede sólo le sucede a la máquina que hay en nosotros, la personalidad, la cual carece de ser propio. Nos hemos acostumbrado de tal modo a vivir en este estado que no conseguimos ver lo anormal que resulta. Nuestras experiencias son tan dependientes de cosas exteriores, que cuando estas cosas no están ahí nuestra experiencia no existe.

(*) Para ver que soñamos tenemos que dejar de soñar, aunque sólo sea por un momento. Esto equivale a decir que hemos de entrar en un mundo superior. Es por ello que la realización del sueño se halla tan claramente vinculada con el 'despertar'.

La estrechez y restricciones de nuestras vidas no son advertidas. Somos gente que vive en ciudades, con sus atmósferas medio envenenadas y sus extremos de ruido, con-gestión y stress, cosas dañinas para todos nosotros, pero tan acostumbrados estamos a todo ello que no advertimos el daño que se nos está haciendo. Sólo cuando salimos al campo, respiramos aire fresco y estamos rodeados de paz, caemos en la cuenta de que hemos estado viviendo una vida tensa y artificial. Incluso puede que entonces echemos en falta todos los venenos, y nos sintamos tan desorientados con el buen aire y el silencio que no podemos soportar el mundo natural. 

El despertar a los mundos superiores es un alivio, pero ha de haber en nosotros algo que anhele ese alivio, algo que no sea totalmente adicto a la esclavitud. Cuando despertamos al Mundo 24, podemos ver el Mundo 48 como lo que es: un estado de existencia con grilletes. Podemos caer en la cuenta de que en el mundo de la personalidad hemos estado soñando sobre hacer cosas y experimentar cosas, pero sin hacer y experimentar nada realmente. Entonces podemos comprender que nada realmente beneficioso puede ocurrir en ese mundo: es una impostura de vida, no es vivir. 

A diferencia del Mundo 96, el Mundo 48 no es un mundo negativo. Hay leyes superiores que le vienen de más arriba. Es posible experimentar algo directamente. A causa de esto, podemos percatamos, incluso a través de nuestra vida de la personalidad, de que algo es erróneo, de que algo falta, incluso cuando las cosas parecen 'irnos bien'. En el Mundo 48, estamos alienados de nosotros mismos por nuestra dependencia de los estímulos externos. Incluso cuando hacemos algo excitante y positivo, siempre hay algo de lo que sentimos carecer. Este sentimiento de no estar completos fue maravillosamente expresado por Buda, "Todas las cosas compuestas carecen de permanencia. Nada viene a la existencia que no porte las semillas de su propia disolución". 

Cuando estamos bajo las leyes iniciadas por impulsos existenciales, la situación es realmente mucho peor; pues entonces no tenemos iniciativa propia, y dependemos de que se nos haga algo. Esto se halla muy lejos del verdadero estado de un ser humano; pero se ha venido a aceptar como cosa normal. Dependemos de que nuestro interés sea despertado, nuestras funciones estimuladas, para que pueda producirse en nosotros alguna actividad. Incluso cuando advertimos esto, seguimos aferrados a la absurda creencia de que somos algo por derecho propio. Las leyes que operan en nosotros en este estado completamente mecánico son las iniciadas por un impulso existencial. Gurdjieff dice que estas leyes han perdido 'la mitad de la fuerza de su vivacidad', y nos colocan a mitad de camino entre la condición de seres libres y la de cosas inertes. 

Deberíamos tener claro que los estados dependientes consumen la mayor parte de nuestro tiempo, tanto si dependemos de cosas como si dependemos de otra gente. Sólo por azar caemos bajo la influencia de otro tipo de ley y somos capaces de sentir diferentemente respecto a nosotros mismos, ver aquello a lo que miramos, o hacer contacto con la situación real en la que existimos. Viviendo del modo en que lo hacemos, somos incompletos y necesitamos ser apoyados por factores externos, no sólo para mantener nuestra existencia, sino también para nuestro funcionamiento interno y nuestras manifestaciones. Nuestras supuestas 'vidas internas' no son sino un espejo de nuestras vidas mecánicas. Tenemos la impresión de estar vivos sólo a medias; pero mientras tratemos de introducir algo a través de canales externos, tales como leer libros o expandir nuestra vida social, nuestros esfuerzos no sólo no conseguirán darnos más vida, sino que incluso nos harán más dependientes del exterior. 

Tenemos que aprender a sentirnos incómodos en este estado de sueño, de no estar realmente vivos. Esto nos acercará a las leyes del Mundo 24, permitiéndonos ser atraídos hacia los mundos superiores. Nuestras mentes pueden estar llenas de todo tipo de ideas de auto-mejora, pero nada de esto dará fruto. Lo que importa es la atracción interna hacia algo más real. No importa cómo entendamos la teoría, no importa cuáles sean los sentimientos engendrados por experiencias particulares en las que vemos los hechos de nuestro estado dormido, todos ellos seguirán siendo datos subjetivos en uno u otro de nuestros cerebros, y carecerá de efecto alguno sobre nuestra totalidad. Hasta que no hayamos sido capaces de reconocer nuestros sueños mientras están en marcha, ningún cambio será posible para nosotros. No basta con reconocer en nuestras mentes que estamos dormidos, o sentir con nuestros corazones que debemos trabajar; debemos ser capaces de afrontar con nuestra totalidad lo que significa estar dormidos. 

En los Cuentos de Belcebú, Gurdjieff, disfrazado de Belcebú, dice una y otra vez que la duración de la vida de los seres tricerebrados sobre la Tierra está disminuyendo constantemente. Tomado literalmente, esto carece de sentido, dado que los hombres, por término medio y en el sentido físico, estamos viviendo hasta edades más avanzadas que en ninguna otra época. Pero de lo que habla es de la duración real y substancial de nuestras vidas, que depende muchísimo de cuánta experiencia tengamos en la esencia. Esto significa: cuánto de nuestras vidas pasamos en el Mundo 24, por oposición al estado de sueño del Mundo 48. La vida tiene menos contenido del que solía tener, pues cada vez tendemos más a vivir en el mundo de la personalidad, el Mundo 48. En este mundo, el tiempo es muy extraño. Parece como si experimentásemos las cosas mientras suceden, de modo que nosotros estamos presentes conforme el mañana deviene hoy y el hoy ayer; pero si lo consideramos realmente, apenas estamos ahí en absoluto. El mundo ni siquiera 'nos ha pasado de largo'; no hemos estado ahí en absoluto para experimentar un proceso de ese mundo, ni siquiera para ser ciegos a él. El ayer del Mundo 48 es delgado e insubstancial, mientras que el pasado vivido en el Mundo 24 está vivo como los recuerdos de nuestra personalidad nunca podrán estarlo. Podemos decir que un minuto de vida en el Mundo 24 tiene tanta vida y contenido como un día entero en el Mundo 48. 

Hasta que no lleguemos a ver el mundo de la personalidad tal como es, nos aferraremos a la creencia de que se puede hacer algo importante mientras permanecemos en él. Es muy difícil romper con esta creencia, y es una de las cosas que más tiempo lleva establecer en nosotros; pero hasta que la establezcamos, continuaremos yendo a la caza de objetivos carentes de realidad práctica. Para el trabajo práctico, hemos de llegar a una condición en la que veamos nuestro sueño conforme se desarrolla; de modo que, aquí y ahora, realicemos la verdad de nuestro comportamiento mecánico. No importa cuántas experiencias hayamos acumulado de ver que estamos en un estado de sueño; es necesario también ver cuantísimo tiempo pasamos en el Mundo 48. No sirve de nada decir, "Bien, ahora he aprendido realmente la lección, y realmente veo que gran parte del tiempo lo paso dormido, puedo pasar a otra cosa y dejar eso a un lado". Podemos por una vez ver que realmente no estamos degustando la comida que ingerimos; pero debemos intentarlo ver todas las veces que comemos. 

Hablamos de liberación 'en esta misma vida'; pero esto también significa que en este mismo momento, no un poco ayer, otro poco hoy, y un poco mañana. Si no trabajamos ahora, no trabajamos nunca. Hemos de educarnos a nosotros mismos de este modo. Al principio podemos aprender a examinar nuestro día y lo que hemos hecho, y preguntarnos cuánto de lo que hicimos tuvo algún significado, y qué tipo de significado era éste. No es necesario adoptar un rol activo e iniciador para que una acción tenga substancia; el asunto estriba en que lo que sucede en nuestras vidas cuando somos simplemente objetos, podría igualmente no haber sucedido en absoluto. Posteriormente, podemos aprender a ser activos y comprender la importancia de luchar con los hábitos para, finalmente, llegar al punto de entender lo que se generará en nosotros si iniciamos la lucha entre el 'sí' y el 'no' a base de separarnos de nosotros mismos. 

La parte de nosotros que ve lo que está sucediendo, que ve cómo son las cosas, puede ser llamada 'como si yo'. Lo que observa se halla bajo menor número de leyes que lo observado. Cuanto más se mantenga esta parte sin reaccionar con lo que ve, tanto mejor para nosotros. La reacción puede estropearlo todo. En un relámpago, una observación se convierte en ocasión de auto-condena o auto-alabanza. Nos sentimos a gusto con nosotros mismos, o sumidos en la miseria. No es fácil llegar a la capacidad de simplemente ver. Al mismo tiempo, hemos de comprender que esta parte que observa no es el 'yo' real; simplemente hace el papel del 'yo'. Esto es más difícil de lo que parece, pues las leyes mecánicas del Mundo 48 puede volverlo todo patas arriba, y convertir a esta parte que observa en lo que se conoce como 'personalidad del trabajo'. La única protección se halla en la pureza de ver. Quien ve no es nada en sí mismo, y nunca se le debería dar una identidad material, como si fuera 'algo' por derecho propio. 

La gran tragedia del Mundo 48 es que muchísimo de lo que nos sucede en ese mundo no tiene realmente nada que ver con 'nosotros', esto es, con nuestra propia naturaleza, nuestra propia esencia. Nos desviamos de la línea de nuestra propia vida y experimentamos las cosas de un modo que ni siquiera está de acuerdo con nuestro carácter o sino. Tenemos la desagradable sensación de que lo que hacemos carece de sentido. 

Gurdjieff habló acerca de todo esto diciendo que estaba sujeta a la 'ley del accidente'.

"Recuerdo cuando oí hablar de ella por primera vez hace muchos, muchos años. Una de las cosas que dijo Gurdjieff al respecto fue que ésta era la primera de las leyes del Mundo 48 de la que podíamos liberamos. Tan pronto como somos capaces de entregarnos realmente a trabajar sobre nosotros mismos, de entregarnos a partir de una comprensión de la necesidad de trabajar, esto es, como resultado de haber creado en nosotros algo que ya no es al nivel del Mundo 48, entonces esta ley del accidente ya no es capaz de apresarnos del mismo modo. Entonces podemos caer bajo la acción de leyes que dan significado a lo que nos sucede. Entonces, en vez de que nuestras vidas estén siempre mezcladas y confusas, como es característico del Mundo 48, empiezan a sucedernos cosas, agradables o desagradables, que realmente nos pertenecen." 

Cuando empezamos a volvernos libres de la ley del accidente, nuestra relación con el mundo del sueño cambia.  Somos capaces de reconocer cuándo nos hemos salido de los raíles para entrar en una forma de vida mecánica. Entonces nuestro sueño puede servimos de recordatorio. Conocemos el sabor del sueño y el sabor de la vida real. El sabor del sueño nos dice que no estamos trabajando, o que falta algo en el modo en que trabajamos. Entonces tenemos que hacer algún esfuerzo para separarnos de nosotros mismos, y hacer que las leyes superiores cobren vida en nosotros. Es algo muy parecido a ser sensibles a lo que se llama el 'tono muscular' del cuerpo físico: pero en este caso, con lo que estamos trabajando es con el 'tono psíquico' de nuestra vida interna. El trabajo sobre nosotros mismos es necesario, en primer lugar, simplemente para ponernos en el estado natural del Mundo 24. Esto no requiere que estemos perpetuamente en un estado de tensión, igual que la conservación del tono muscular no requiere que estemos continuamente levantando pesos. Gran parte del trabajo sobre uno mismo pertenece a la vida normal del hombre, y es una verdadera desgracia que la educación descuide completamente el bienestar de nuestra vida interior. 

Como dijimos, no podremos realmente atribuirnos un lugar permanente en el Mundo 24 hasta que tengamos un 'cuerpo' correspondiente a dicho mundo. Este cuerpo interior, o segundo cuerpo, puede representarse como algo construido a partir de la energía sensitiva; podemos, pues, entender que un modo de vida en el que la sensibilidad es utilizada en reacciones tan pronto como está disponible, no es capaz de conducir a la creación de una presencia sustancial. Nuestra experiencia del Mundo 24 es realmente un cambio en la relación entre las leyes dependientes y las leyes independientes del Mundo 48. La mitad de las leyes del Mundo 48 son las mismas que las del Mundo 24, y es esto lo que nos permite degustar el sabor de una vida real sin estar establecidos todavía en el mundo superior. Encontramos, por ejemplo, que tras haber estado luchando durante largo tiempo con una cierta negatividad hacia alguien, de repente toda la dificultad se desvanece y tenemos una satisfacción maravillosa. Pero por mucho que intentemos prolongar este estado de libertad, sólo durará un cierto tiempo, y retornaremos a nuestra condición original. 

Sólo cuando podamos separarnos de nuestros estados y verlos tal como son, esto es, como manifestaciones temporales de diferentes leyes, podremos empezar a trabajar sin buscar recompensa, por el trabajo en sí. Entonces podremos aceptar los estados conforme vienen, y dejarlos irse a su voluntad. Si un determinado estado es terrorífico, no creemos que todo haya ido mal; si otro estado es muy bello, no creemos haber cambiado nuestro nivel de ser. Siendo así, los estados que nos llegan pueden ser parte del proceso normal de transformación, y podemos poner más equilibrio en nuestras vidas. Entonces podemos tener experiencias reales en las que nuestra esencia puede crecer, pues hemos aprendido a no contaminarlas. Lo que suele contaminarlas es el hecho de que la personalidad se identifica con ellas, hurtándoles su libertad al llevarlas al Mundo 48. Cuando son inmaculadas, lo que estamos experimentando pertenece al Mundo 24. 

Compaginado por Alfredo Marinelli para el Blog: "Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación". 

Fuente de información: "Deeper Man" de J. G. Bennett