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PSEUDO TRABAJO O TRABAJO FANTASÍA

COMENTARIO
por Alfredo Marinelli

 

Los conceptos de transformación y evolución conllevan objetivos elevados, abarcando aspectos psicológicos y cosmológicos de gran alcance. Estos objetivos van desde el conocimiento de sí mismo, el desarrollo de la comprensión y la voluntad, hasta la adquisición de estados superiores de consciencia, la creación de cuerpos superiores, el cumplimiento de un designio y aun la inmortalidad.

 

Sin embargo, a menudo se olvida que la relación del hombre con estas ideas y su contacto con los procesos del “Trabajo” no es una condición simple. A pesar de haber establecido esta conexión, el ser humano frecuentemente permanece en el “segundo estado de consciencia”, una condición análoga a un trance hipnótico.  La característica de este estado es el sueño, la fantasía y la ilusión, manifestaciones que persisten aun cuando se ha entrado en contacto con ideas de un orden superior.

 

En el segundo estado de consciencia, el individuo carece de consistencia interna e integridad real. Posee una notable propensión al auto-engaño y una incapacidad inherente para percibir en sí mismo los topes o mecanismos de defensa, por lo que suele distorsionar las ideas y a mantener una concepción incompleta de las acciones que debería emprender. Además a pesar de sus “buenas intenciones”, debido a su mal hábito de la postergación, no aplica en manera práctica las ideas con una auto-disciplina metódica y realista, En consecuencia, el acrecentamiento de la brecha entre el “conocimiento” y el “ser” se vuelve inevitable.

 

Esta situación genera un cúmulo de estados ficticios que sirven como lente para percibirse a sí mismo e interpretar su experiencia, asimilando de forma distorsionada los principios fundamentales del “Trabajo”. Esta es una circunstancia inherentemente conflictiva, con distintas variables y diferentes niveles de complejidad acorde a cada individuo. En lugar de obtener claridad y despertar, se incurre en lo que Robert S. de Ropp denomina el “segundo sueño”.

 

La herramienta clave con la cual se puede separar “la cizaña del trigo”, — es decir, distinguir la experimentación fehaciente de aquella basada en la ilusión y el engaño— es el discernimiento. El discernimiento no es una facultad automática, requiere de una etapa previa que es la auto-observación. Cuando se reflexiona y a su vez se pondera sobre todo lo observado, se inicia un proceso que culmina con la adquisición del discernimiento consciente, el único medio que hace posible distinguir lo imaginario de lo real.

 

Durante las distintas etapas de este proceso, y ante la ausencia de un discernimiento jerarquizado, resulta necesaria la incorporación de conocimientos específicos, que provean un marco contextual sólido, permitiendo evaluar la validez de nuestra capacidad de entendimiento.

 

El siguiente estudio realizado por Robert S. de Ropp cumple rigurosamente este requisito. Es un material imprescindible por su calidad informativa y esclarecedora, fundamental para diferenciar la fantasía de la realidad en los distintos procesos psicológicos de transformación.

 

Garín – Buenos Aires – Revisión 2025

Alfredo Marinelli

  


PSEUDO TRABAJO O TRABAJO FANTASÍA
por Robert S de Ropp  

Esclavos y Amos.


¿Qué es lo que denominamos con la palabra “Trabajo”? 

Puede ser definido muy sencillamente. El Trabajo involucra la transformación de un esclavo embrollado sumido en la ilusión, en un Amo totalmente integrado e iluminado.


Definamos qué pueden significar las palabras Amo y esclavo: 

El esclavo no tiene ningún control sobre su vida, es impulsado y atraído por fuerzas externas, está a merced de las impresiones casuales, es un esclavo de los hábitos, la mayoría de ellos perjudiciales, es fácilmente víctima de una excesiva credulidad y sugestión, de esperanzas y miedos de toda índole. Pero sobre todo el esclavo, es una criatura que vive en la fantasía. Habita un mundo de sueños. Está aislado del conocimiento del mundo real por un mecanismo existente en la corteza cerebral, cuyo funcionamiento genera ilusiones y engaños. El esclavo se miente a sí mismo acerca de él mismo, y acerca de todo lo demás. No sabe que miente. Es un esclavo que sueña que es libre. En su mentira sueña que conoce la verdad.


El Amo se ha liberado del mecanismo de su cerebro que produce dicha ilusión y engaño. Es un habitante del mundo real. Para poder entrar en ese mundo ha tenido que sacrificar sus sueños. Ha tenido el valor de enfrentar la verdad sobre sí mismo y sobre sus semejantes. Ha sido lo suficientemente fuerte y astuto para escapar de la prisión en la que los esclavos pasan la totalidad de su vida. Un Amo está completamente despierto. Ha visto la verdad y la verdad lo ha hecho libre. Pero ha pagado un alto precio para obtener su libertad.


Piense cuidadosamente: ¿puede usted pagar ese precio? ¿Se atreve a confrontar confrontar la realidad? ¿Podría soportar el dolor de conocer la verdad acerca de usted mismo y de sus semejantes? Esta verdad no es en absoluto reconfortante.


Existen miles de millones de seres humanos dando vueltas, que como asnos, con los ojos vendados en una cinta de correr, son impulsados a trotar sin tregua. Forzados desde atrás por el palo del miedo y jalados hacia adelante por la zanahoria de la codicia. El supervisor a cargo de la cinta de correr, es un espíritu grande y terrible, se ha asegurado de que los asnos no intenten escapar. El espíritu lo ha logrado mediante el sencillo procedimiento de hipnotizar a los asnos haciéndoles creer que ya son libres.


¿Puede mitigarse el control paralizante de esta hipnosis?


Para la mayoría de los asnos no es posible. Cualquier liberador, bienintencionado, que intente despertarlos de su estado de profundo sueño hipnótico, será atacado, pateado y golpeado, por atreverse a sugerir siquiera a los asnos que ellos son simples esclavos. Porque esta sugerencia les robaría su más preciada ilusión, la ilusión de que ellos son libres y dueños de sus destinos. Los asnos prefieren continuar viviendo en su mundo irreal. Es más fácil soñar, que enfrentar la dura realidad. Ofreciéndoles una elección entre lo que es fácil y lo que es difícil, los asnos seguirán inevitablemente el camino fácil.

¿Cómo es posible que de vez en cuando, alguno de estos asnos esclavizados logre escapar de esta cinta de correr que no conduce a ninguna parte y se transforme en un Amo? 


La respuesta es que muy pocos pueden realmente escapar. El guardián de la cinta de correr, el temible espíritu, que algunos llaman Maya, otros Ahriman, el diablo o el Padre de la Mentira, tiene muchos buenos trucos a su disposición para evitar cualquier intento de escape. Él ha estado por aquí mucho tiempo y comprende muy bien las debilidades internas de la raza humana. El Espíritu de la Mentira, sabe que su antiguo adversario, el Espíritu de la Verdad, puede algunas veces influenciar en estos asnos hipnotizados. Puede darles algunos fugaces vislumbres de la realidad y despertarlos por un momento, de la espesa niebla de sus sueños en la que habitualmente pasan sus vidas.


En la psique humana, existe lo que se puede denominar el deseo hacia la verdad, pero este deseo es muy débil en comparación con su oponente, el deseo del auto-engaño. El Espíritu de la Verdad, actúa a través de la voluntad de la verdad, pero el Espíritu de la Mentira, sabe cómo contrarrestar y neutralizar la voluntad de la verdad, antes que ésta capacite a los esclavos a liberarse de sus ilusiones y engaños. Esto lo hace por la preparación astuta de una falsificación, una imitación del “Trabajo Real”, que denominaremos “Trabajo Fantasía”. Es en este “Trabajo Fantasía” donde muchos de los esclavos, que tratan de escapar de la cinta de correr, quedan nuevamente atrapados. El “Trabajo Fantasía” les da a los esclavos la renovada ilusión de que "están trabajando sobre sí mismos", cuando en realidad solo han cambiado un puñado de sueños por otros.


LAS ETAPAS DEL CAMINO

En el diagrama que titulamos: “Las Etapas del Camino”, frente a la cinta de correr mecánica, por donde deambulan los hombres esclavizados sin dirección y sin meta, se extiende una senda que cruza un pequeño valle. Desde el valle y a corta distancia se aprecia el límite de un frondoso bosque. Los esclavos que logran escapar de la cinta de correr mecánica, tienen por fuerza, que internarse en el bosque y deben encontrar su camino a través de él, recién cuando se cruza ese bosque y se sale de él, se puede empezar el verdadero trabajo interior.


Es necesario saber que cruzar el bosque es peligroso, es fácil perderse y extraviarse y muchos lo hacen, pues está repleto de senderos que no conducen a ninguna parte, además, abundan los "guías" que pretenden saber la geografía del bosque a la perfección y se ofrecen a ayudarlos a cruzar el camino, aunque no lo conocen y ni siquiera pueden orientarse a ellos mismos.


El bosque también contiene un profundo y sombrío desfiladero que Hermann Hesse denominó el Morbio Inferiore(1), es el lugar en el que toda inspiración se pierde, donde todo el entusiasmo se desvanece y donde todas las metas superiores caen en el olvido.

 

Más allá del bosque, visibles de vez en cuando a través de las ramas de los árboles, existen dos altas cumbres: la Montaña del Poder y la Montaña de la Liberación, las montañas de la verdadera Iniciación. Los vislumbres de estos picos alientan al viajero a esforzarse y seguir buscando la salida del frondoso laberinto, para llegar al pie de las majestuosas montañas. Pero los vislumbres son sólo ocasionales y las bellas imágenes se olvidan con demasiada facilidad. Habiendo olvidado hacia dónde está tratando de dirigirse, el viajero, una vez más, vuelve a estar perdido y extraviado.


Debido a lo peligroso de este lugar, los esclavos que escapan de la cinta de correr mecánica y llegan a internarse en el bosque, están a menudo en una condición peor que al principio. Al menos caminando sobre la cinta de correr mecánica estaban moderadamente confortables y a salvo de conocer la verdad acerca de ellos mismos, debido a su estado insidioso de sueño hipnótico.


En el bosque, por lo tanto, ya no estarán tan confortables. Ellos ya no podrán refugiarse en sus viejas ilusiones y engaños. Han tenido vislumbres de la verdad, y esas vislumbres han echado a perder su querido y cómodo sueño. Ellos no son ni esclavos felices ni Amos realmente libres. Su condición fue sintetizada en el siguiente aforismo de Gurdjieff:

 

"Feliz es el que se sienta en su propia silla; 

mil veces más feliz es el que se sienta en la silla de los ángeles; 

pero miserable es aquel que no tiene silla.”(2)

Los esclavos que escaparon de la cinta de correr mecánica y que se encuentran perdidos en el bosque, encuentran refugio de su situación en el Trabajo Fantasía. Sueñan que ellos están “en el Trabajo”, pero realmente no lo están. Ellos no han pagado el boleto de entrada requerido, no han sacrificado sus sueños, ni conquistado sus hábitos mecánicos. Están igual de esclavizados que cuando vagaban sin rumbo sobre la cinta de correr mecánica, pero la gran ilusión de que están “en el Trabajo” les impide verlo. Ellos han entrado en un estado llamado: “el segundo sueño”, del cual es muy difícil despertar. La gente en el segundo sueño, sueñan que están despiertas.

 

El “Pseudo Trabajo”, o “Trabajo Fantasía”, consiste en una serie de trampas muy difíciles de ver para los soñadores. Caer en cualquiera de estas trampas es suficiente para detener y arruinar el Trabajo Real. Algunas personas caen en un tipo de trampa, otros en otra. Algunas logran, después de largas dificultades, escapar de dichas trampas. Algunas nunca escaparán, por la simple razón de que ignoran estar atrapados.


¿Quién, entonces, puede entrar en el Trabajo real?


El Trabajo Real sólo es accesible a aquellos que ya pagaron su membresía para convertirse en socios activos del Club de los Buscadores de la Verdad.  Las siglas BV significan Buscadores de la verdad. Los miembros de este club son conocidos colectivamente como: “La Gente de la Verdad”. En árabe se les denomina: Ahl-i-Haqq, y como Al-Haqq, (la Verdad), es uno de los noventa y nueve nombres de Dios, también se les puede llamar el Pueblo de Dios.  Para los miembros de éste exclusivo club, Dios es la Verdad, y el objetivo del club es fijar la búsqueda de la verdad por encima de todos los demás propósitos de la vida.

A pesar de que el club “BV” está abierto para cualquier persona, muy poca gente llega a ser uno de sus miembros. Sobre todo, debido a que no pueden pagar el precio requerido. Para entrar al club “BV” y llegar a ser un miembro activo con todos sus derechos, uno debe sacrificar sus propias ilusiones, particularmente las ilusiones acerca de uno mismo, y esto es lo que muchas personas no están dispuestas a hacer. Aun aquellos que han escapado de la cinta de correr mecánica, muchas veces prefieren entrar en el “Trabajo Fantasía”, y conservar la ilusión de que las han sacrificado y han entrado en el Trabajo Real.


El Trabajo fantasía adopta la forma de “Ocho Trampas”. Cualquiera que trate de entrar en el “Trabajo Real”, cae tarde o temprano en una de estas trampas. Tales caídas son inevitables. Cualquier seguidor realista del Trabajo lo sabe y se prepara para confrontar las trampas por adelantado. Esto involucra conocer en que consisten, saber detectar si se ha caído en ellas, y saber cómo salir de las mismas.

 

Las ocho trampas principales del Pseudo-Trabajo o Trabajo-Fantasía son:

Trampa Nº1  El Síndrome de Hablar-Pensar.
Trampa Nº2  El Síndrome del Devoto.

Trampa Nº3  El Síndrome del Falso Mesías.
Trampa Nº4  El Síndrome de Organización.
Trampa Nº5  El Síndrome de la Salvación Personal.
Trampa Nº6  El Síndrome de los Súper Esfuerzos.
Trampa Nº7  El Síndrome de las Reuniones Dominicales.

Trampa Nº8  El Síndrome de la Búsqueda del Gurú


                                                                                                Robert S. de Ropp

 (1) Hesse, H., “The Journey to the East” - Nueva York: The Noonday Press, 1956. Edición en castellano: “Viaje a Oriente” - Plaza & Janés

 (2) “Views from the Real World: Early Talks with Gurdjieff” - New York: E.P. Dutton and Co. Edición en castellano: “Perspectivas desde el Mundo Real” - Editorial Ganesha.


Traducido y extractado por Alfredo Marinelli del libro "Self-Completion: Keys to the Meaningful Life" - Gateway Books & Tapes, para el blog: “Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación”.

 

PSICOTRANSFORMISMO

por Robert S. de Ropp

El transformismo originalmente se refería a la teoría, de que los seres vivos no fueron creados por un acto de Dios, sino por la transformación gradual de una forma a otra. Esta teoría fue declarada más tarde por Darwin y Wallace como la Teoría de la Evolución. 

Psicotransformismo es el término que usó Ouspensky para describir una serie de cambios que pueden tener lugar en la psiquis del hombre. El Psicotransformismo trata de la posibilidad que el hombre tiene de transformarse desde un ser que es el Enemigo Público Nº1 desde el punto de vista de la biosfera - una criatura muy desarmonizada y peligrosa - en un ser que puede vivir en armonía consigo mismo y con el universo. De acuerdo a esta teoría, el hombre posee posibilidades de desarrollo que generalmente ni siquiera conoce, ni mucho menos usa.

La naturaleza garantiza que el hombre se desarrollará hasta la etapa de un animal sexualmente maduro. En este punto lo abandona para que haga lo que le plazca. Ya sea que se desarrolle más allá o no, depende enteramente de sus propios deseos. Puede, y generalmente lo hace, vivir como un tonto y morir como un perro, en cuyo caso llega a ser mera "comida para gusanos". O puede, mediante cierta clase de esfuerzo intencional transformarse en una clase más elevada de ser, y entonces es incorporado a una etapa ascendente del proceso cósmico.

La validez de la teoría del Psicotransformismo puede ser probada por cualquiera, porque el hombre siempre puede usarse a sí mismo como conejillo de Indias para ver si funciona. No hay que creer nada, sólo intentar el experimento.

En orden a estudiar esta teoría científicamente, es necesario considerar la estructura y función del cerebro humano. El cerebro del hombre es el más complejo y peligroso de todos los aparatos que se han desarrollado en la biosfera terrestre. Es un órgano horrorosamente desarmonizado. Su desarmonía proviene del hecho de que no es "uno" sino "muchos". Incorpora tres diferentes cerebros en una sola entidad: un cerebro instintivo cercano al nivel de un cocodrilo, un cerebro emocional no muy por encima del de un caballo, y, encaramado al tope de esta inestable combinación, como un rey en un trono tambaleante, un cerebro humano recientemente evolucionado, alojado en dos hemisferios cerebrales de grandes dimensiones.

             
De este modo, parece razonable que cualquier ser, lo suficientemente desafortunado para tener que crear alguna clase de armonía entre un cocodrilo, un caballo y un hombre, tenga alguna dificultad. Basta revisar la historia de la humanidad para darnos cuenta de la horrible confusión que esta mezcla ha provocado. Arthur Koestler en "El fantasma en la máquina", sugiere que el hombre es víctima de un error en la formación del cerebro. El error proviene de la incapacidad de los viejos cerebros para evolucionar armoniosamente con el nuevo. El resultado es un desastre biológico que puede llevar no solamente a la extinción de la raza humana, sino también a un daño irreparable en la biosfera del planeta tierra.

La candente pregunta que surge, ante la cual todas las otras preguntas parecen triviales, es esta: ¿Tiene el cerebro humano en sí mismo la capacidad, primero, de reconocer sus propios defectos y, segundo, de remediarlos?

La teoría del Psicotransformismo contesta que la posición del hombre es difícil y peligrosa, pero no sin esperanzas. El cerebro, como ciertos computadores muy sofisticados, tiene la capacidad de reconocer y corregir algunos de sus errores. Para hacer esto debe usar un sistema del cerebro que, si bien existe en el hombre, no es normalmente conocido. Permanece sin uso como una poderosa máquina cuyo dueño ni siquiera sabe que la posee.

Si miramos los sistemas cerebrales que determinan el comportamiento del hombre y los otros animales, veremos que predominan dos sistemas. Siguiendo a John Lilly, los llamaremos los sistemas de detención y de partida.

Psicodinámica de los sistemas cerebrales

partida....................................detención 
acción.....................................inacción
placer......................................dolor
recompensa............................castigo

Neurohormonas

Norepinefrina..........................Acetilcolina

Los dos sistemas están íntimamente relacionados con recompensa y castigo. El sistema de partida ofrece al animal su recompensa. Es más o menos sinónimo con el centro del placer, cuyo poder fue tan dramáticamente demostrado por Olds en ratas y por Lilly en el mono. Si insertamos un electrodo en el centro del placer de una rata o de un mono y lo conectamos a una barra que la criatura pueda pulsar, tendremos una fascinante, e incluso atemorizadora, demostración del poder que este centro puede ejercer. Hora tras hora, descuidando todas sus otras necesidades, el animal permanecerá ahí oprimiendo la barra. Es, literalmente, un esclavo de su centro del placer.

El efecto del sistema de detención es igualmente dramático aunque, afortunadamente para nosotros, está localizado en una parte muy pequeña del cerebro. Este sistema cerebral castiga al hombre tan drásticamente que, si se implanta un electrodo allí y es frecuentemente activado, la criatura se decae, pierde interés en la vida y finalmente muere. La única manera de detener su depresión es activando su sistema de partida.

Es digno de mencionar que estos dos sistemas dependen para su funcionamiento de dos diferentes sustancias químicas. El sistema del placer o partida depende de la neurohormona norepinefrina; el dolor o detención depende de la neurohormona acetilcolina. Es muy importante que nos demos cuenta de cómo todos nuestros estados de ánimo y nuestro total sentido de aquello que llamamos "uno mismo" depende de diminutas trazas de ciertas sustancias químicas, las neurohormonas, liberadas en las terminales de las fibras nerviosas. Un defecto en el metabolismo de la norepinefrina puede hundir a una persona en las profundidades de una inexplicable depresión o inducir las alucinaciones de la esquizofrenia. Los médicos sacudirán sus cabezas y, si son de "orientación psicoanalítica" referirán al paciente a un colega psiquiatra, quien pondrá a la persona contra las cuerdas, cobrándole cincuenta dólares por la hora. Pero esto es inútil, porque el problema real es químico. Todas las formas de conducta pueden finalmente estar relacionadas con eventos a nivel molecular que ocurren en ciertas áreas del cerebro. Las llamadas drogas psicotrópicas actúan en el cerebro alterando estos procesos bioquímicos.

Los sistemas de detención y de partida sustentan todas las conductas comunes. El hombre busca estímulos que activen su centro del placer. Con igual buena fe busca evitar cualquier influencia que active el centro del dolor. Se mueve como un asno entre el garrote y la zanahoria, una bestia estúpidamente dirigida por impulsos que difícilmente puede entender, en un viaje sin dirección y sin un real sentido. Ya sea tratando de capturar el placer o huyendo del dolor, es un esclavo de estos tiránicos centros cerebrales que limitan su libertad y lo transforman en un muñeco desvalido.

"Corrupta y vieja naturaleza, nos empuja vehemente. Un aguijón es la lujuria y el otro, el dolor."

Estas palabras, gritadas por un loco en una de las más inspiradas novelas de H. G. Wells, resumen la condición del hombre en el nivel de ser en que habitualmente existe, Pero la teoría del Psicotransformismo establece que éste no tiene por qué existir en ese desdichado nivel.

El nuevo cerebro del hombre, la neocorteza, es un grande, complejo y verdaderamente magnífico órgano, cuyo poseedor no sabe como usar. Es como un extraordinario computador puesto en manos de un ignorante y rústico labriego que no tiene ni la más remota idea de para qué es. E incluso peor, el manual de instrucciones se ha perdido.

Sumado a los centros de detención y partida, que el hombre comparte con los otros animales, la neocorteza contiene centros superiores, los centros del poder y de la liberación. Aquel que pueda activar estos centros cesa de ser un esclavo de la dualidad placer-dolor. Tal persona obtiene una libertad interior aparejada a una comprensión totalmente nueva de sí mismo y de su poder, ha colmado su potencialidad y ha llegado a ser verdaderamente un hombre.

La teoría del Psicotransformismo establece que aunque estos centros superiores existen en el cerebro del hombre, sólo pueden ser activados mediante esfuerzos intencionales. Es como si la naturaleza obsequiara al hombre con un soberbio regalo y luego, arrepintiéndose de su generosidad, pusiera ciertos obstáculos en su psiquis que le harán casi imposible usar el regalo.

En el Nuevo Testamento, que es un tratado de Psicotransformismo escrito en clave, encontramos referencias a esta idea en varias parábolas. El centro superior del cerebro del hombre ofrece las llaves de ese estado llamado "El Reino de los Cielos". El hombre comúnmente no sabe que este reino existe. Si pertenece a la llamada Iglesia Cristiana, puede haber escuchado que este reino está situado en alguna parte en la estratósfera, poblado por una improbable fauna, como querubines o ángeles, o que es un estado que se obtiene después de la muerte. Pero El Reino de los Cielos existe en su propio cerebro. Depende de él encontrarlo. Así, en las parábolas del Nuevo Testamento, el reino de los cielos es comparado al tesoro oculto en un campo y que, cuando el hombre lo descubre, vende todo lo que tiene para comprar ese campo.

La misma idea es presentada en forma algo diferente en la parábola del hijo pródigo. Habiendo despilfarrado sus bienes en una vida disipada se encuentra reducido al nivel de un porquerizo que gustosamente se llenaría la barriga con los desperdicios de lo que los cerdos comieron. Sólo en esta deplorable situación extrema, recuerda la casa de su padre y resuelve volver allá a toda costa.

Estas parábolas expresan alegóricamente dos de los más importantes principios del Psicotransformismo. En primer lugar, antes que el hombre siquiera comience a desarrollarse, debe darse cuenta de que, mientras permanezca esclavo de los centros del placer y del dolor, su vida no es mejor que la de un animal. Es un cerdo entre los cerdos. De hecho, está más abajo que ellos porque al menos los cerdos no tienen un potencial mayor que desperdiciar. En segundo lugar, el hombre debe entender que, para entrar en El Reino de los Cielos en la alegoría de los Evangelios, debe estar dispuesto a sacrificar todo lo que posee.

La naturaleza no tiene previsto asegurar que el hombre desarrollará todo su poder. Entenderemos esto al comparar al hombre con un insecto, una mariposa, por ejemplo, que pasa por varias formas: huevo, oruga, crisálida y adulto alado. La naturaleza asegura que el insecto pasará por todos estos estados. Pero el hombre, cuya última transformación interior puede ser comparada al cambio de oruga a mariposa, es forzado a depender enteramente de sus propios esfuerzos intencionales para efectuar esta metamorfosis. La naturaleza no sólo no lo ayuda, sino que además pone grandes obstáculos en su camino. Si quiere alcanzar su total desarrollo y despertar los centros superiores de su cerebro, debe trabajar en contra de la naturaleza. Más correctamente, podemos decir que debe trabajar en contra de la naturaleza en un nivel, en orden a servir los propósitos de ella en un nivel más elevado, porque la razón nos obliga a percibir varios niveles en el funcionamiento del cosmos. Los procesos que tienen lugar en un nivel pueden ser opuestos a los que ocurren en otro. No es necesario ir tan lejos como aquellos dualistas babilonios que postulaban dos principios: una fuerza de la oscuridad y una fuerza de la luz. Basta decir que el proceso que llamamos naturaleza opera en varios niveles y que el hombre se encuentra colocado entre dos niveles de ese proceso cósmico. Tiene la posibilidad de transcenderse a sí mismo y alcanzar un nivel superior de ser, o puede permanecer como está, siendo un cerdo entre los cerdos.

El Psicotransformismo se refiere a las leyes que gobiernan la auto-trascendencia. En muchos sistemas de enseñanza el Psicotransformismo es comparado con un viaje. Este viaje interior es aludido como el Camino, y los diferentes niveles de desarrollo son señalados como etapas del Camino. Podemos dibujar un mapa del Camino y distinguir cinco etapas, como se muestra en la figura siguiente.



En el nivel más bajo está la selva, representada aquí como un círculo, porque nadie a ese nivel llega jamás a alguna parte. La gente se mueve en círculos como los burros que hacen girar una rueda de molino. Ellos viven entre la zanahoria y el garrote. Son arrastrados por deseos, ya sea de riqueza, fama, placer sexual, etc. o son manejados por miedos, miedo a la pobreza, a las enfermedades, al desempleo. Este nivel es llamado "la selva" porque en él se vive bajo la ley de la selva: comer y ser comidos.
Más allá de la selva se extiende el bosque. Es un mejor lugar para estar que la selva. Al menos hay senderos en el bosque y algunos de esos senderos llevan a algún lugar. También hay guías y algunos de ellos conocen el camino.

La primera etapa en el camino es pasar desde la selva al bosque. Esto ocurre cuando alguien despierta al hecho de que la vida en la rueda del molino, entre el garrote y la zanahoria, no es una forma de existencia particularmente satisfactoria. Tal persona comenzará a buscar una manera de vivir más significativa. La búsqueda a ese nivel consiste en leer libros, asistir a charlas, hablar con otros recolectando material acerca del Camino. Todo lo recopilado irá formando una entidad definida en la persona del buscador, la que es llamada en el Psicotransformismo "el centro magnético".

El buscador que entra en el bosque sólo tiene a su centro magnético para guiarlo. Este puede ser fuerte e inteligente o débil y estúpido. La función del centro magnético es poner al buscador en contacto con un guía. Cada buscador consigue el guía que se merece. Un tonto obtiene un tonto como guía, un farsante a un farsante. Una persona con discernimiento continuará buscando hasta encontrar un genuino guía. Esto no es fácil. Los farsantes son muy numerosos, los guías genuinos son pocos.

Cuando el buscador encuentra a su guía comienza una fase más intensa de trabajo interior. Llega a ser aspirante para la iniciación. En el aspirante, el centro magnético cambia lentamente a una nueva y más poderosa entidad. Esta es llamada el Observador o el Testigo. En esta etapa el buscador tiene una gran obligación: verse a sí mismo como realmente es. Sin esto, nada es posible.

El buscador verá, antes que nada, que no tiene control sobre su vida, que es mantenido en esta confusión, esta selva, por ciertas funciones que están simbolizadas en las cartas del Tarot por el Loco, el Diablo y la Rueda de la Fortuna.

El Loco representa la sugestionabilidad y la credulidad en el hombre. Se tragará cualquier cuento viejo. Vagando con la cabeza en el aire, está a punto de caer en un precipicio, pero no lo nota porque está inmerso en sus sueños. Transporta los cuatro símbolos sagrados en su espalda sin saber que significa ninguno de ellos - ni siquiera sabe por qué los lleva.

El Diablo representa a todas las mentiras en las que vivimos, las mentiras que nos decimos a nosotros mismos y las que nos dicen nuestros líderes; y la Rueda de la Fortuna es la tendencia que tiene el hombre de engancharse en actividades totalmente fortuitas y sin dirección. El hombre no sabe lo que hace. Actúa por impulsos, sin real intención y cada impulso es llamado "yo".

Con miras a entender el rol del observador, debemos darnos cuenta de que en su habitual estado de inconsciencia el hombre tiene muchos "yoes". Cada uno de ellos puede llegar a ser dominante por un tiempo. Algunos son directamente opuestos a los otros. Esto ocurre por el estado de desarmonía interior tan característico de la vida del hombre en la selva. La función del observador es estudiar a estos "yoes". Es como un administrador recién nombrado para hacerse cargo de un negocio que está fracasando por la incapacidad del equipo para trabajar en conjunto.

El observador estudia los diferentes "yoes" objetivamente. Debe decidir cuáles son valiosos y cuales peligrosos. Tiene muy poca autoridad con qué comenzar y no puede ejercer ningún control. Además carece de objetividad y puede engañarse al rehusarse a ver a ciertos "yoes" o a evaluarlos correctamente. Aquí especialmente necesita ayuda de su guía.

A medida que el observador aumenta su poder, se va trasladando gradualmente de la personalidad a la esencia. La personalidad es superficial, la esencia es profunda. Una vez que la esencia es alcanzada, el nivel de ser del aspirante cambia. Hasta cierto punto ya no es más un aspirante a la iniciación. Llega a ser un iniciado del primer orden. Ha alcanzado el nivel del hombre objetivo.

En nuestro mapa del camino localizamos al hombre objetivo al pie de la primera montaña, la montaña del poder. Él ha pasado por ciertas pruebas, la más importante se llama "desnudar el falso ego". La principal característica del hombre objetivo es que no se le puede adular ni insultar. Está más allá del alcance de la alabanza y la reprobación. Se ha desembarazado de la importancia de su "yo" y se ha dado cuenta de su insignificancia.

No es poca cosa llegar a ser un hombre objetivo. Se necesitan años de esfuerzo más la ayuda de un buen guía. En verdad, puede tomarle tanto tiempo a una persona alcanzar este nivel que la vejez, el último enemigo del hombre de conocimiento, puede hacer imposible cualquier desarrollo posterior. Pero, si no es muy viejo, el iniciado de primer orden podrá embarcarse en la siguiente etapa del Camino, el acceso a la montaña del poder.

Ahora nos volvemos hacia un mapa diferente del mundo interior del hombre. El mandala que se muestra en la figura siguiente pertenece a la clase de diagramas llamados "yantras" y contiene gran cantidad de información. Algunos de estos son aplicables al mundo en que el hombre vive, otros al mundo interior del hombre.

El gran círculo negro exterior es la barrera que evita que la gente siquiera comience el gran trabajo, el gran proceso alquímico. Luego hay tres círculos sucesivos los cuales, en el mándala tibetano, serían el círculo de las llamas, el de los rayos (o dorjes) y el de flores de loto. Esto corresponde a ciertas energías en el hombre, las que éste puede aprender a despertar y a usar para la transmutación interna.

Los dos cuadrados interiores del mándala representan las habitaciones cerradas de la psiquis humana. Son equivalentes a la montaña del poder y a la montaña de la liberación de la figura anterior. A las cámaras interiores se accede a través de cuatro puertas y cada puerta tiene su guardián. El hombre objetivo, aunque iniciado de primer orden, sólo está en el umbral del primer cuadrado. Para entrar en la primera habitación, debe vencer al guardián de la puerta. El guardián representa ciertos patrones fijos de pensamiento, sentimiento y percepción que mantienen al hombre en su mundo habitual.

El mundo dentro del mandala no es familiar. Es, pidiendo prestada una frase de Carlos Castañeda, "una realidad separada". En la lucha por entrar a este extraño mundo, el viajero encontrará fenómenos peculiarmente engañosos e ilusorios, los fenómenos del umbral. Han sido muy bien descritos por Ouspensky en "Un Nuevo Modelo del Universo", en el capítulo titulado "Misticismo Experimental". Ellos son siempre productos de la imaginación del viajero y, por muy fascinantes que puedan parecer, él debe descartarlos.

El que asciende la montaña del poder desarrollará los poderes o "siddhis". Quien posee estos poderes puede ejercer influencia sobre la gente que los rodea. Puede doblegarlos a su voluntad, dominarlos, hipnotizarlos, e incluso, destruirlos. Puede hacer esto porque ahora tiene una voluntad unificada obtenida mediante el proceso llamado "la batalla entre el sí y el no". En el curso de esta lucha, los "yoes" en conflicto en el ser del hombre se han fundido en una sola entidad poderosa, un maestro interno. Aquel que ha creado en sí mismo esta entidad es un hombre de poder, o iniciado de segundo grado.

Una persona puede alcanzar esta etapa del Camino sin llegar a ser un hombre objetivo. Hay ciertos atajos hacia la montaña del poder. El que toma estos atajos lo hace asumiendo riesgos. Entra al cerco sagrado del mándala llevando aun su ego personal, y será tentado a usar sus poderes para fines egoístas y a menudo destructivos. La idea del brujo perverso o del mago negro, se refiere esencialmente a alguien que ha tomado el atajo hacia la montaña del poder. En los pueblos primitivos, el "shamán" o médico brujo, es frecuentemente alguien que ha tomado este atajo. A menudo, eran más temidos por su poder de destruir que venerados por su poder de sanar.

El cuadrado más interno del mandala corresponde a la montaña de la liberación. Es lo sacrosanto del templo interior del hombre. Para esta etapa del Camino no hay atajos. Quien haya alcanzado este nivel de ser es un iniciado de tercer grado, un hombre perfecto, un Buda, un liberado. Es completamente imposible para alguien así hacer mal uso de sus poderes, porque ha transcendido totalmente su ego personal. Se ha vaciado de su conciencia separada para acceder a la conciencia universal. Está completamente libre, no se apega a nada. Citando al Bhagavad Gita: "El ve al Ser en todo y todo en el Ser". En él, el proceso del Psicotransformismo ha alcanzado la última etapa.

En el centro del mándala hay una mancha blanca, la cual es la semilla del mundo no manifestado, la fuente de toda vida. El mándala como un todo representa el proceso cósmico de lo no manifestado fluyendo hacia la manifestación a través de la dualidad Yin - Yang. 

En realidad, la misma idea está contenida en una buena alfombra de oración. La alfombra de oración se muestra en la figura siguiente.



Se basa en la idea del "templo interior" del hombre, las habitaciones cerradas en su psique correspondientes a las montañas del poder y la liberación. (Es muy difícil conseguir una buena alfombra de oración. Las personas que hacen alfombras de oración y las personas que las utilizan o las entienden nunca parecen juntarse e intercambiar ideas. A menudo cada uno tiene que hacer su propia alfombra, que es lo que hice.) Cualquier persona que sabe cómo orar puede entrar en estas habitaciones.


Traducido y extractado por Alfredo Marinelli para el blog "Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación" de "On the Way to Self Knowledge" del capítulo: Drugs, Yoga and Psychotransformism, editado por Jacob Needleman and Dennis Lewis. Alfred A. Knopf.- New York.