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CONCIENCIA Y ATENCIÓN

Introducción 

por Alfredo Marinelli

  

El trabajo con la atención entra dentro de todo trabajo sobre uno mismo. Éste es el terreno sobre el que se basan muchas cosas. Si no podemos reconocer la diferencia entre atención voluntaria y atención involuntaria, estamos viviendo en un mundo de sueños. La ciencia de la atención es difícilmente conocida en el mundo actual, y llegar a una real comprensión de esto toma mucho tiempo, una vez que hemos sido condicionados por la cultura contemporánea.

                                                          J.G. Bennett

Si se tuviera que generar una escala de jerarquía de las ideas y las prácticas de las enseñanzas de Gurdjieff, el trabajo sobre la atención sería una de las primeras. Nada es posible en el “Trabajo” sin la ciencia de la atención, ya que ningún trabajo puede realizarse en el sueño, se pueden realizar prácticas y ejercicios, pero mientras se realicen en el estado de atención unilateral, es decir en el estado de identificación y fascinación característica del mal llamado estado de vigilia, los mismos carecerán de “resultados” trascendentes. Los mejores esfuerzos y las mejores intenciones desencadenarán en un estado de impotencia y frustración si se realizan desde la atención unidireccional.

Toda posibilidad ulterior al estado ordinario generado por los distintos condicionamientos, como la mecanicidad, la sugestión y la ignorancia, va a depender de la capacidad para el estudio y el control de la atención.

Los cinco sentidos que nos conectan con el mundo externo funcionan sobre la base de la atención, por lo tanto, las distintas áreas de nuestro funcionamiento -llamadas en el Trabajo centros- ya sea el movimiento, la emoción o el intelecto, disponen de una atención específica que es direccionada por el evento en sí, atrapando nuestra atención, esto es atención involuntaria. También podemos colocar nuestra atención intencionalmente hacia un acontecimiento o hacia algo específico, esto es atención voluntaria, es prestar atención. En ambos casos, casi siempre, perdemos la capacidad de auto-percibirnos. Es en estas instancias en donde se genera la total ausencia de uno mismo, ya que se pierde el estado de presencia que le pertenece a todo ser humano. El resultado es que prácticamente dejamos de existir, debido a que dejamos de percibirnos como entidad.

Dentro de la capacidad perceptiva inherente de cada uno de los tres centros básicos se manifiestan distintos grados atencionales. Uno de ellos es comparable a la ausencia total de atención, ya que se caracteriza por una atención errante y divagante. Por ejemplo nuestro centro de movimiento puede realizar muchas acciones como manejar un automóvil y llevarnos al punto de destino sin percatarnos de lo que ocurrió en el trayecto. Frenamos, paramos en los semáforos, doblamos en los lugares precisos, y llegamos, pero con la total ausencia de uno mismo, nuestra existencia solo fue un flujo de imaginación o de hablar con uno mismo.

Otras veces nuestra atención es capturada por algo externo que es inquietante, desde algo banal como la trama de suspenso de una película hasta la resolución o decisión de un conflicto importante en la vida. Esta atención capturada exige plena atención, pero no exige ningún esfuerzo, es una atención atraída y retenida por el sujeto de la observación o de la reflexión, es un ensimismamiento con uno mismo que se caracteriza por una constante reactividad al medio, designado habitualmente con el nombre de “interés” o “entusiasmo”.

También ocurre que necesitemos solucionar algún problema, como así también aprender algo, como estudiar un idioma o sintetizar los conceptos de una investigación, por lo cual debemos esforzamos con una atención intencionalmente colocada en el hecho en sí. En estos casos la atención debe ser controlada y mantenida por la voluntad y la iniciativa.

No debemos confundir la atención particular de cada una de nuestras funciones con la atención requerida para la conexión y enriquecimiento de nuestro mundo interior. Es necesaria una atención desapegada independiente de cualquiera sea la condición externa, como también de las distintas actividades del pensamiento, la emoción o la sensación y que, por lo tanto, nos lleve a la consciencia.

Es muy común confundir la atención con el pensamiento, por ejemplo podemos pensar en nuestro cuerpo y el modo en que se mueve, podemos analizar nuestras emociones, podemos sentir los pensamientos que corren por nuestra mente, sin embargo, todo esto es la observación atencional del funcionamiento de un centro por parte de otro. No es una atención desapegada, es decir separada de eso que llegamos a llamar “nosotros mismos”

El estado de alerta, de darse cuenta, no es una introspección, sino que es dirigir la atención para “ver”, sin teorizaciones, comparaciones, ni interpretaciones, es decir sin realizar ninguna especulación sobre aquello que visualizamos atencionalmente.

Con la atención desapegada se puede vivir en presente lo que nos está pasando y lo que está aconteciendo a nuestro alrededor, comenzamos a ver nuestros mecanismos condicionados y como la parte que percibe no está condicionada, por lo tanto, afecta al condicionamiento, es similar a una llave que abre las puertas de la liberación y es el comienzo de un proceso, en donde el horizonte es halagüeño, gracias al vislumbre de la apertura de nuevas perspectivas en distintos planos y niveles de nuestro acontecer existencial.                                                                                      

Garín, Buenos Aires, 2024

Alfredo Marinelli

 

CONCIENCIA Y ATENCIÓN

por Rober S. de Ropp

La práctica de estar consciente es imposible sin el control de la atención. La atención es para la conciencia lo que el aceite para la llama de una lámpara. La llama persiste mientras hay aceite en la lámpara. Una vez que se acaba el aceite, se apaga la llama. El control de la atención es la única función poseída por el hombre que puede decirse le confiere cierto grado de elección. Él puede "dirigir su atención". Pero su poder para hacerlo depende de que posea cierta clase de energía cuya provisión es limitada. Cada día, al despertarse, tiene mucha de esta energía, igual que una batería después de ser cargada contiene mucho potencial eléctrico. Su trabajo interno depende cada día de la conservación de esta energía. Una vez que la ha gastado, es difícil reemplazarla.

El nivel de conciencia de un hombre puede medirse por la libertad con que dirige su atención. En el estado de identificación, no tiene "libertad para dirigir su atención". Cree que la tiene, pero ésta es una de las ilusiones que impone este estado.

En realidad, es un esclavo de cualquier cosa que llame su atención. "No podía dejar el libro." "No podía quitar los ojos del juego." "Estaba completamente sumergido en lo que estaba haciendo." Con estas y otras incontables frases, la gente describe la condición de identificación y la pérdida de libertad para dirigir la atención que esta condición impone. Una visión asombrosa o espectacular, una historia real o imaginaria, llama nuestra atención y nos absorbe en el proceso. Nuestro espacio interno está totalmente ocupado por el tema acerca del cual estamos leyendo, el espectáculo que estamos observando. No hay nada de voluntario en esta forma de atención. Estamos capturados como moscas en una telaraña, manipulados, dirigidos, encadenados. Observe las caras de la gente en las carreras, en el futbol, en las corridas de toros, en el boxeo, en cualquier espectáculo extravagante o brutal. Tras de esa cara no hay nada. Está vacía, es una máscara. La casa está abandonada.

Esto es atención esclavizada. En esta condición, el silencio interno y la conciencia pura se pierden y todo el campo de la conciencia es "ocupado por un enemigo victorioso". En el estado de atención esclavizada, la fuerza vital se disipa. La provisión de todo el día puede perderse en pocos momentos. 

No menos costosa, en términos de energía, es la atención dispersa, la atención que vaga por todo el campo de la conciencia, arrastrada ahora acá, ahora allá, "una pluma para cada viento que sopla". Voluble, débil, desenfrenada, cambia de color como camaleón, cambia de forma como Proteo. Los ojos vagan sin propósito, los oídos se agitan como las camisas en el tendedero. Impresiones diversas atraen la atención como un hueso atrae a los perros. Hay una ausencia total de estabilidad interna. Este estado agota la fuerza del organismo en lo que se refiere al poder para mantener la conciencia. El resultado es una condición como de trance, un estado de semi-hipnosis que bordea en lo patológico, pero que no es reconocida como tal por los psiquiatras porque la gran mayoría de la "gente bien" pasa su vida en este estado, inclusive los psiquiatras.

"Soñar despierto", "soñar hipnotizante", "soñar caminando", "identificación", son nombres diferentes para la misma cosa. En este estado, el hombre no sabe realmente quién es él, en dónde está, si es o por qué es: un durmiente que camina... Si el hombre pudiera estar consciente de su estado de sueño, ¡cuán ansiosa y urgentemente lucharía por despertar! Porque el soñar despierto es peligroso y triste. El soñar despierto es esclavitud e intranquilidad interna. El hombre habla sin parar acerca de la libertad, grita y se amotina, demanda congresos legislativos y derechos civiles. Todo en vano. Las cadenas son internas, la esclavitud es espiritual. El nombre del gran esclavizador es "identificación" y el resultado de su dominación es él "soñar despierto". 

Hemos hablado de "atención esclavizada" y "atención dispersa". Pero ¿cuál es la función de la atención dirigida? Un estudiante de medicina mira con atención su libro de anatomía. Cada hueso, cada músculo, cada vena, nervio, arteria, ligamento, tendón, debe ser fijado en la memoria con su nombre, función, localización; todo en su lugar, al menos lo suficientemente como para capacitarlo a verter esa información en las respuestas de una prueba. Nadie podría acusar a este pobre tipo de estar tan perdido en el tema que no puede dejar el libro. Marañas de terminología se enredan en su cerebro. El mismo se enreda en su silla. Una y otra vez su atención vaga, una y otra vez la arrastra de regreso. Nada le gustaría más que tirar el libro al cesto de la basura, encender la televisión, "perderse a sí mismo" en algún programa de violencia o estafas, o con las ridiculeces de un hombre chistoso acompañado de risas grabadas. Pero los exámenes están cerca. El miedo a fallar azota su látigo sobre él, la ambición le cuelga una zanahoria frente a la nariz. Así que regresa al libro y enfoca su cansada atención en el laberinto de tubos y poleas que es la anatomía humana. 

Eso es trabajar, no jugar. Eso es atención dirigida, no atención atraída.

¿Está él, por lo tanto, menos identificado por estar trabajando? ¿Es su estado de conciencia superior al del observador, el oyente, el lector, perdidos en su trance hipnótico ante el mago que teje sus hechizos, fantasías e ilusiones en una pantalla o fuera de ella? ¡Qué lástima! No opera ninguna ley que asegure que quien trabaja obtenga libertad interna por ello. ¡Si fuera así! Si el trabajo en sí fuera la liberación, todos los hombres hubieran obtenido desde hace mucho la condición de Cristos o de bodhisattvas. Nuestro estudiante de medicina hace uso de un mecanismo diferente del usado por el observador o por el oyente meramente pasivo. Como quiera que sea, está totalmente identificado, totalmente perdido en la tarea. Ha perdido la conciencia separada, la sensación de dualidad, de observador y observado. Está inmerso en el libro o inmerso en su molestia con el libro o inmerso en su deseo de una alternativa, una actividad más fácil, como encender la televisión y ser "entretenido".

La atención dirigida no hipnotiza o embrutece en la misma forma que lo hacen la atención esclavizada o dispersa. Pero no induce tampoco un despertar completo. Una persona que usa la atención dirigida puede estar aún más profundamente identificada con su tarea en turno. Su espacio interno está ocupado aún más completamente con cualquier cosa que esté haciendo. No tiene existencia aparte, no tiene ser real.

Sólo cuando aprende a separarse de la tarea en turno, a mantener un cierto hilo de conciencia que permanezca aparte del pensar, del sentir, empieza a obtener el gusto del tercer estado de conciencia. En este estado, él es, existe objetivamente por sí mismo, como existe un árbol, como existe una mesa, como existe un libro. Está consciente del cuarto dentro del cual está sentado, de sí mismo como uno de los objetos en ese cuarto, de su "espacio interno" y de su espacio externo, del cuarto, la casa, los alrededores, los planetas, los soles, no con detalles específicos sino como una totalidad, como una presencia. En esta condición, el ser no está separado, y la atención, aunque dirigida a lo que hace, es al mismo tiempo flexible y abierta, no rígida y estrecha.

Este sentir el yo, no como el yo sino meramente como uno de los objetos del medio ambiente, remueve de un solo golpe todos los miedos, todas las tensiones, todas las ansiedades. Una condición de fluctuación y quietud, una deliciosa ataraxia envuelve a aquel en quien tal condición ha sido inducida. Él está en armonía con Tao (la incondicionada, innombrable fuente de toda realidad). Su trabajo, como el del admirable cocinero del príncipe Hui, perfectamente acorde con los principios eternos, muestra un ritmo, un equilibrio interno. En ningún lado hay impaciencia o desarmonía. La cara que, en el estado de identificación, está tensa o estúpida, ahora reviste tranquilidad, priva ese aire que uno observa en los rostros de los bodhisattvas que meditan. 

Este vivir en la armonía con Tao, esta libertad interior, no se adquiere sin un largo y cuidadoso adiestramiento. Es un estado de equilibrio fisiológico y psicológico, aparentemente sin esfuerzo, pero mantenido por una vigilancia tan real como la que capacita al acróbata a mantener su equilibrio por encima de las cabezas del público. No hay tensión en esta vigilancia. Esta es flexible, penetrante, es un escudo invisible, un instrumento que, captura y aprisiona las impresiones antes que éstas puedan poner en movimiento la maquinaria interna.

La atención generalizada, separada del ego, ofrece a quien la emplea el poder de escoger las impresiones. Quien tiene un vigilante en la puerta puede escudriñar todo lo que trata de entrar, puede recibir las impresiones que escoja y rechazar el resto. No hay arte más importante que el de recibir impresiones, porque las impresiones del hombre son un alimento tan real como el pan diario.

Menos comprendido es el efecto de la "mala-absorción" de impresiones, el efecto de la "digestión" de impresiones en diferentes niveles de atención, la venenosa acción de cierto tipo de impresiones y el nutritivo efecto de otras. 

En lo que concierne a las impresiones, los instintos del hombre le sirven de poca guía. Una vaca o un caballo pastando en la pradera generalmente son avisados por el instinto para evitar las plantas venenosas, pero un hombre, cuyas impresiones lo alimentan tanto como el pan, no muestra tal discernimiento. Por el contrario, con frecuencia busca deliberadamente impresiones venenosas, obligado por algún perverso impulso a degradar su vida interna, ya suficientemente corrupta sin esto. La degenerada industria del "entretenimiento" no duda en tomar ventaja de este perverso gusto, vertiendo a través de sus diferentes medios una corriente de material más o menos patológico que los lectores, observadores, oyentes, absorben ansiosamente en su psique. 

El equilibrio, el balance, la armonía interna, la "creación de una isla que ningún diluvio pueda hundir"; todo esto puede lograrlo quien haya aprendido a manejar sus impresiones. Entre el momento en que una impresión entra y en el que se produce la reacción a esa impresión, pasa un tiempo tan corto que difícilmente puede ser medido por la conciencia ordinaria del hombre. Sin embargo, mucho puede depender de lo que suceda en ese breve intervalo. Si el vigilante está despierto, la impresión puede ser detenida, así como un ladrón puede ser arrestado por un policía alerta antes que pueda entrar en la casa a robar la plata. El golpe es recibido en el escudo, el choque es absorbido. No hay reacción mecánica que después sea resentida. 

Aceptar o rechazar, ésta es la base del trabajo interno que conduce a la creación de un ser verdaderamente libre. La salud del hombre, así como su desarrollo interno y su nivel de ser, dependen de cómo metabolice tanto sus impresiones como su alimento. La manera en que las impresiones sean metabolizadas depende del grado de atención y de la calidad de esa atención.

 Robert S. de Ropp

Desarrollado por Alfredo Marinelli para el blog “Gurdjieff y Ouspensky – Estudio e Investigación”. Fuente de información: “The Master Game” de Robert S. de Ropp.

EL ESTADO DE PRESENCIA

¿QUÉ ES ESTAR PRESENTE? 

   por Alfredo Marinelli

 

No puedo explicar ni describir qué es la «presencia», pero puedo decir que no es un estado exclusivamente mental. Está vinculado a mi existencia corporal, aquí y ahora, y sin embargo, no depende de ella. Es algo más que ser consciente de que uno existe; es como ser consciente de que existe un vínculo sustancial entre «yo» y «mí». Personalmente, estoy convencido de que este vínculo es lo que se entiende por «alma». La cuestión es que no podemos hacer nada acerca de nuestra alma, pero podemos hacer mucho con respecto a la presencia. Algunos de los ejercicios espirituales más importantes sirven para renovar y mantener el estado de presencia.

                                                                                                                                 J.G. Bennett

La palabra presencia ha sido atrapada en interpretaciones alejadas de su contexto original, su profundo significado ha sido reemplazado por interpretaciones superficiales y descontextualizadas, pasando a formar parte del vocabulario popular. La presencia es un estado interior específico que trasciende a una simple idea o concepto y es la resultante de una ardua práctica experimental. No obstante, en todo coloquio con connotaciones espirituales se suele hablar de la presencia como algo a lo que se puede tener acceso con solo mencionarlo, sugerirlo o quererlo.

 

Suponer qué es la presencia, no es el estado de presencia. Las suposiciones sobre los distintos estados del ser -como el estado de presencia- son subterfugios generados por la conceptualización o intelectualización de ideas, sin haber realizado las prácticas y los ejercicios necesarios para vivenciar el estado específico que la misma conlleva.

 

Muchos de los aspectos de la presencia, como sus bases, técnicas y ejercicios son descritos en la Meditación Budista “Vipassana”. En occidente se la conoce como “Mindfulness” o “Atención Plena”. Podemos consultar libros como “La práctica de la atención plena” de Jon Kabat-Zinn, "El Proceso de la Presencia" de Michael Brown, “El poder del Ahora” de Eckhart Tolle, o las enseñanzas de Thich Nhat Hanh y S.N. Goenka, entre las cuantiosas fuentes de información existentes en la actualidad.

 

Una de las formas de explicar el estado de presencia es trayendo a colación su opuesto, es decir el estado de ausencia. La ausencia es la pérdida de percepción de uno mismo, la cual es proyectada inconscientemente hacia algo. Esta pérdida de percepción es similar a lo que sucede cuando nos miramos en un espejo y confundimos la imagen reflejada con nosotros mismos. Este engaño es pocas veces reconocido, nos miramos en el espejo y creemos que esa imagen que vemos somos nosotros mismos.

 

Si consideramos a la percepción de uno mismo como nuestro “yo” y a éste como nuestro hogar, estamos obligados a admitir que muy pocas veces estamos en casa, lo cual significa la ausencia y negación de la capacidad legítima de auto-consciencia que diferencia al ser humano de los animales. G.I. Gurdjieff se dirigía a sus discípulos utilizando la siguiente frase: "Ustedes nunca están en casa", haciendo alusión a un carente estado de “presencia” en el existir cotidiano del ser humano.

 

Realizando una retrospectiva de nuestra vida, reflexionando y ahondado en el pasado, los recuerdos traen aparejada la aprehensión de que toda la existencia se parece más a un sueño que a una realidad, la escasa memoria, la sensación de vacío y el escaso significado de nuestras experiencias son consecuencias de que, por regla general, “no estuvimos nunca en casa”. La mayoría de las actividades las desempeñamos en una especie de trance profundo, y aunque podemos interactuar con las circunstancias, ya sea con personas o con cometidos, obrando razonablemente, pensando, y aun teniendo recuerdos de lo vivido, no advertimos que nuestra conciencia estuvo totalmente ausente. Este estado en la terminología del trabajo es denominado con el término de “identificación”, en donde la atención es de un solo sentido, con la característica de un ensimismamiento unilateral ya sea hacia uno mismo o hacia el exterior, sin una consciencia independiente, en donde prácticamente (y trágicamente) no existimos como entidad. Esta sensación de vacío existencial solo se puede soslayar con la escisión de la atención, en donde sea cuales sean las circunstancias, no se pierde la percepción de uno mismo.

 

El estado de presencia sólo puede definirse por la sensación y el sabor en sus momentos de manifestación, ya que da a la existencia un sentido de autenticidad, comenzando a vivir con nuevas perspectivas y recobrando la dignidad inherente a todo ser humano, en lugar de ser vividos por la maraña de estados internos y aconteceres que nos mantienen en un sueño profundo, un sueño absolutamente literal.

 

Como todo estado, es imposible de transmitir, y tiene la particularidad que lo podemos reconocer en nosotros mismos cuando lo tenemos, cuando no se lo tiene, no se puede reconocer que no se lo tiene, es sólo cuando vuelve que podemos darnos cuenta de su ausencia.

 

La llave de acceso a una vida más significativa es posible sólo a través de un despertar parcial dado por la práctica de acordarse de sí mismo, es decir de estar presente en el ahora y aquí, es allí donde es posible el estudio de uno mismo a través del conocimiento, desarrollo y armonización de nuestras funciones -tales como el pensamiento, el sentimiento y la sensación- desencadenando en la manifestación del ser con cualidades como la espontaneidad, la indagación y el asombro que jerarquizan la capacidad de experimentación. Sin embargo, el factor fundamental y de mayor trascendencia es la capacidad de accionar mediante actos volitivos libres de cualquier coacción.

 

Mientras esto no ocurra somos dependientes, ya que nuestra existencia está manejada y movida por distintos impulsos provenientes del exterior ante los cuales reaccionamos. Confundimos estos movimientos y reactividades con la verdadera voluntad, lo cual nos quita la posibilidad de experimentar la espontaneidad y el sabor inconfundible del libre albedrío, que trasciende el determinismo y en donde se puede elegir entre diferentes opciones.

 

Esta capacidad de elección consciente nos permite accionar en concordancia con los principios inherentes de nuestra vida interna, siendo la misma la desencadenante de todo hacer. Es el punto de inflexión donde podemos concretar nuestras intenciones, trascender nuestros instintos y deseos, auto-educarnos, y tener un accionar responsable hacia todo ser viviente y hacia la vida en sí, lo cual va más allá de los patrones condicionantes del egocentrismo.

J.G. Bennett lo define de la siguiente manera:

 El momento presente es toda la región de nuestra experiencia dentro de la cual somos capaces de hacer algo, es decir, donde nuestras acciones están conectadas con nuestros propósitos.  Fuera del momento presente tenemos que depender de algo externo para alcanzar una conexión. 

Si me voy fuera de mi momento presente, entonces habrá elementos desconocidos e imprevistos que pueden hacer que hasta las cosas más simples sean para mí imposibles de realizar. 

La forma realista de considerar el momento presente es verlo como el mundo de nuestra efectividad o capacidad. 

Ausencia y presencia son los dos atisbos a recordar para evaluar el estado del ser, siendo la presencia en definitiva, la que determina nuestra efectividad y nuestro verdadero tiempo de existencia en la vida.

Garín, Buenos Aires, 2024

Alfredo Marinelli

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¿CUÁL ES EL PUNTO DE "ESTAR PRESENTE"?

   por Robert S. de Ropp

 

La plena conciencia de mi propio ser me es dada sólo de vez en cuando. ¿Por qué? Porque, la mayor parte del tiempo, estoy perdido en la fantasía. Definitivamente, no estoy aquí ahora. Estoy divagando en el pasado o soñando con el futuro, o pensando en algo, especulando sobre algo, hablando con alguien que ni siquiera está ahí, imaginando, complaciendo. ¡Qué manera de vivir!

 

Pero también hay otra forma. Cada día, en cualquier momento y en cualquier lugar, es posible estar en el "ahora y aquí" sólo recordándolo. Con el AHORA llega la conciencia del tiempo y con el AQUÍ llega la conciencia del lugar.

 

Pero, ¿por qué molestarse? Porque "estar presente" evita la pérdida de energía vital del cuerpo; permite el desarrollo de un centro de atención interior y si es practicado por un tiempo suficiente, le infunde al individuo un sentido realista de identidad en lugar de una personalidad que es en gran medida imaginaria.

 

Cualquier persona puede experimentar el estado de presencia ahora mismo, sólo es necesaria una energía especial que nos da el poder de concentrar intencionalmente nuestra atención. Esta energía se genera en el cuerpo durante las horas de sueño. Nos despertamos con un cierto suministro, pero una vez que ese suministro se disipa, es difícil de reponer. No es tarea fácil evitar la disipación de nuestro suministro diario de energía. En cuanto nos despertamos por la mañana, nos asaltan sueños diurnos que sustituyen a los sueños nocturnos de los que acabamos de salir. Rara vez nos despertamos con una clara conciencia de nuestra propia presencia. En cambio, nos sumergimos en una corriente de pensamiento asociativo que probablemente continuará durante todo el día. Tan pronto como comienza esta ensoñación, nuestra energía se agota. Podemos perder todo nuestro suministro durante la primera hora del día. Por esta razón es necesario, tan pronto como nos despertemos, comenzar con ejercicios especiales calculando prevenir esta pérdida de la conciencia.

 

Esta energía permite observar objetivamente lo que ocurre y hace posible el estado de doble atención que es la base de la auto-observación para poder separarnos de las diversas manifestaciones de nuestras máquinas. Podemos observar, sin identificarnos, a nuestros pensamientos, movimientos y emociones. Mientras conservemos esta energía podemos observarnos a nosotros mismos y separarnos de las manifestaciones de nuestra máquina. Además, y sin perder el sentido de sí mismo, podemos percatarnos de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Una vez que dejamos que esta energía se disipe, prácticamente no podemos hacer nada, nos convertimos en juguetes de nuestras impresiones, nuestras emociones y nuestros sueños. 

 

Los ocasionales intentos de experimentar el estado de presencia, mejoran la calidad de vida, pero tienen poco impacto en la evolución personal. Una transformación ascendente del nivel de ser solo es posible cuando el estado de presencia se convierte en una forma de vida. Pero entonces, ¿por qué no? El estado de presencia significa estar verdaderamente vivo y ¿quién no quiere vivir la vida al máximo?

 

ESTAR – AHORA – AQUÍ son los tres componentes del ser

 

ESTAR representa la conciencia de la presencia, la conciencia no sólo de la respiración sino de todo el cuerpo, su postura, su estado de relajación o tensión, etc.


AHORA representa la conciencia del tiempo, de este momento particular en el flujo de los acontecimientos.

 

AQUÍ significa conciencia de lugar, donde uno está.

Presencia, tiempo y lugar son los tres componentes del ser. 


La Conciencia de estos tres es la característica esencial del estado llamado auto-recordación.


Robert S. de Ropp


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Desarrollado por Alfredo Marinelli para el blog "Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación". Fuente de Información: “Self-Completion” de Robert S. de Ropp.

 

8 TRAMPAS DEL PSEUDO TRABAJO

COMENTARIO
por Alfredo Marinelli

Siempre evitamos o esquivamos “las trampas”. Sabemos que son un engaño y una interrupción o desvío en el desarrollo de cualquier proceso. Las siguientes trampas psicológicas tienen la particularidad de que se instauran silenciosamente y, una vez arraigadas perdemos la capacidad para percibirlas como tales.

Solo existe la posibilidad de salir de ellas cuando acontece una experiencia emocional muy fuerte, generalmente generada por acontecimientos externos. Esto se debe a que la posibilidad de ser “sincero con uno mismo”, es algo lejano en las primeras etapas del “Trabajo”, al menos hasta no haber desarrollado un gradiente importante de auto-conocimiento. La sinceridad es el gran baluarte para una sana discriminación y poder así diferenciar la realidad de la fantasía.

Si transitamos por un lugar lleno de trampas, y un compañero nos advierte: ¡Por ahí no vayas, ahí hay una trampa! se lo agradecemos. De la misma forma, agradezco a Robert S. de Ropp la enumeración de estas 8 Trampas del Pseudo-Trabajo. Las mismas cumplen con el propósito de informarnos, para no estar en la paradójica situación de estar en una trampa y no percibirla, sacándonos así de nuestra ingenua credulidad y ficticia evaluación de nuestro proceso interno.

Una vez iniciado el proceso del Trabajo Interior, caer en cualquiera de estas trampas es suficiente para detener o desviarnos de nuestra meta o propósito. Y es casi inevitable no caer, tarde o temprano, en alguna de ellas. El tipo de trampa va a depender de cada tendencia psicológica en particular. No es tarea sencilla escapar de algunas, y lo peor es la ignorancia de estar atrapados.

Estas “8 Trampas del Pseudo Trabajo”, amalgamadas con la entrada “Enfermedades Espirituales”, constituyen un compendio de alerta a los engaños psicológicos.  Ambas entradas pueden considerarse como un espejo generador de discernimiento de la veracidad del propio proceso interno. Es un hito fundamental conocer en qué consisten las trampas, evaluar si hemos caído en ellas y saber cómo salir de las mismas. 

Garin - Buenos Aires - Revisión 2025 
Alfredo Marinelli

CARACTERÍSTICAS DE LAS PRINCIPALES 8 TRAMPAS DEL PSEUDO-TRABAJO

Por Robert S. de Ropp

 

Trampa Nº1

El Síndrome de Hablar-Pensar.

 

Esta es una trampa sutil en la que muchos pueden caer. Estas personas por lo general hablarán y discutirán todo acerca del Trabajo. Piensan y charlan a todas horas sobre el Trabajo. Pero hablar y pensar acerca del Trabajo no producirá resultados, sería similar a creer que hablar y pensar acerca del sexo produciría bebés. En realidad, el Trabajo Real implica detener el diálogo interior. Estamos tan acostumbrados al parloteo incesante que no nos sentimos cómodos en un estado de silencio interior. Forzosamente tenemos que hablar a alguien acerca de algo, y si no es posible, entonces comenzamos a hablarnos a nosotros mismos. Este hábito de hablar acerca del Trabajo es alentado por la tendencia de aquellos que creen estar “en el Trabajo Real”, porque se reúnen en algún grupo formado para un gran propósito, como el del despertar de la conciencia.

 

Teóricamente, estos grupos se supone que sirven a un propósito digno. La intención original es de alentar el intercambio observaciones, promover la objetividad, la sinceridad en el Trabajo, etc. La mayoría de esos grupos raramente lo logran, porque, en la mayoría de los casos, la última cosa que quieren hacer los integrantes de estos grupos es confrontar sus propias debilidades. Se protegen de estos conflictos por medio de un elaborado sistema de amortiguadores psicológicos o topes, sin ninguna intención de sacrificar nada en lo absoluto.


Para hacer más grave el problema, la gente que dirige estos grupos tiene a menudo una ignorancia total sobre la ciencia de los tipos humanos. Debido a dicha ignorancia, no pueden entender las leyes personales que rigen y operan sobre los miembros de un grupo en particular. Teniendo en cuenta la ignorancia del líder de grupo promedio en general y la reticencia de la mayoría de los miembros del grupo a enfrentarse a los monstruos de sus laberintos personales, no es de extrañar que estos grupos resulten inútiles.

No es sorprendente que tales grupos prueben tarde o temprano su inutilidad. De hecho, son peores que inútiles, porque fomentan el síndrome de hablar-pensar. La gente se imagina que por haber pasado algún tiempo hablando acerca del Trabajo, ya están "en el Trabajo". En realidad, a menudo no saben ni siquiera lo que es el Trabajo. 

 

Trampa Nº2

El Síndrome del Devoto.

 

Un nombre alternativo para esta trampa es: “Adoro al Gurú”. Esta trampa se da cuando se desarrolla una devoción fanática y una creencia ciega en una doctrina o un Maestro. Esta devoción enceguece completamente al alumno, destruyendo toda capacidad de pensamiento individual y objetivo que alguna vez pudo poseer.

 

Todas las emociones son enfocadas en el “Maestro”, que alcanza el estatus de un dios a los ojos de los devotos. “El “Maestro nunca se equivoca”. Todas sus enseñanzas han de aceptarse al pie de la letra y en su totalidad. Si el maestro declara que existen dos lunas en el cielo terrestre, es porque tiene que haber dos lunas, aunque nadie haya visto ni un átomo ni rastro de una segunda luna. Si el maestro afirma que hay una ley cósmica que causa que los planetas se conviertan en soles, y los soles en galaxias, esto tiene que ser verdad, aunque científicamente sea una imposibilidad.

 

Este síndrome es una trampa no solo peligrosa, sino potencialmente destructiva. Es responsable de muchos de los desastres que han ocurrido a la humanidad. El peligro supremo del ser humano no está en el ladrón, en el violador o el asesino ordinario; sino que es ese ojo fanático que en adoración y ceguera total hacia su Gurú y en el nombre de cualquier sistema religioso o político, con gusto exterminará poblaciones enteras pensando que sus acciones están perfectamente justificadas, que hace lo correcto.

 

La mayoría de las atrocidades cometidas en el siglo XX han sido realizadas por este tipo de personas. Su capacidad de destrucción es ilimitada. Totalmente enceguecidos por su sistema de creencias, han perdido la capacidad de razonar objetivamente, han destruido totalmente en sí mismos la función de la Consciencia. Casi todos estos fanáticos son victimas de dos debilidades; la credulidad y la sugestión, que Gurdjieff definiera como las dos maldiciones de la raza humana.


Si la 3ª Guerra Mundial ocurre alguna vez, no será la responsabilidad de la torpeza militar o la indecisión política, sino la obra de devotos fanáticos, perfectamente dispuestos a volar el planeta en el nombre de una gaseosa ideología o doctrina en la que han puesto toda su enceguecida fe.


Trampa Nº3

El Síndrome del Falso Mesías

 

Esta trampa es la opuesta a la anteriormente descripta. Aquellos que caen dentro de ella llegan a estar convencidos de que ellos son “Maestros”, capaces de transmitir a otros determinadas verdades “vitales” acerca de la vida espiritual. La categoría del Falso Mesías no incluye lo que pudiera ser llamado consciencia espiritual estafadora. Tales personas, bastante deliberadamente, para su ganancia personal, inician alguna falsa religión o grupo, y generalmente sacan beneficios. Ellos son simples comerciantes que trafican con sueños. Sus actividades pueden ser consideradas como una rama de la industria del entretenimiento.

 

Las víctimas reales de esta trampa son bastantes sinceras, pues se han convencido de que lo que proclaman es verdad. Generalmente esta gente ha tenido algún tipo de experiencia religiosa, quizás ha viajado a la India, quizás ha recogido una amalgama de ideas esotéricas de aquí y de allá, o directamente de algún Gurú, quizás ha experimentado con drogas y ha tenido lo que es conocido como experiencia psicodélica, quizás ha emprendido un "sistema" con ideas prestadas de otros sistemas, etc.


Todas las victimas de esta trampa tienen una cosa en común: se encuentran en un viaje del ego. Quieren seguidores, entre más seguidores mejor. Ésta es la característica que los distingue de los verdaderos Maestros. Los Maestros genuinos rara vez pretenden atraer discípulos. Al contrario, tratan de advertir que el camino es difícil, arduo y lleno de peligros. Insisten que es mejor mantenerse cómodamente dormido que despertar a medias.

 

Otra característica de las victimas del Síndrome del Falso Mesías es que nunca dejarán ir a ninguno de sus seguidores, los quieren mantener en un permanente estado de dependencia. Aquellas "escuelas" iniciadas por estos "Maestros" nunca producen "graduados", nadie puede abandonar la escuela por su propia voluntad. El falso Maestro hace esclavos de sus seguidores, exige total obediencia, desalienta el pensamiento y la acción independientes. Cualquiera que se rebela dentro de sus filas es considerado como "traidor" a la doctrina.


La conducta de un Maestro genuino es exactamente lo contrario, pues siempre dará ánimos al discípulo a confiar en su propio juicio, a encontrar su camino individual, a descubrir al Maestro interior en sí mismo. Sólo ofrecerá consejo si se le pide. El puede perfectamente poner un espejo psicológico en el cual el discípulo pueda reflejarse en su realidad interior, pero nunca forzara a nadie a mirarse en ese espejo. Nunca hará intentos para retener a ninguno de los discípulo, si desean abandonarlo les dará alas para que así lo hagan. No le interesa rodearse de un grupo de ovejas hipnotizadas que creen servilmente cada palabra que dice. A él le interesa solo una cosa, la Liberación, no el sustituir una forma de esclavitud por otra. Él no obtiene satisfacción por dominar a sus seguidores. Tales juegos del ego no le interesan. Ya sea que tenga un alumno, o cientos de discípulos o ninguno, para él, no representa una gran diferencia.

 

Otra característica del falso Mesías es su amor propio. Éste toma varias formas. Quizás se vestirá con ropajes fantásticos y se adjudicará varios tipos de títulos esotéricos, se bautizará con nombres como “Gran Alma”, “Mahatma”, “Maharashi” o “Baghwan”, “Gran Iniciado” o “Magus”. Todos sus discípulos deberán referirse a él con estos títulos y en total reverencia. La conducta de un Maestro genuino es exactamente lo opuesto. No busca títulos, ni reverencias, ni se viste con ropajes elegantes. Lejos de fomentar una actitud de reverencia por parte de sus alumnos, los escandaliza deliberadamente, dará choques a los discípulos comportándose de una manera aparentemente indigna de un Maestro, para ver las reacciones que provoca.  Al estar libre del ego le resulta verdaderamente indiferente si la gente lo admira o lo vitupera. No necesita de admiración, ha alcanzado un punto en el que ni la adulación ni el insulto hacen mella en él.


Trampa Nº4

El Síndrome de Organización

 

Ésta es una trampa peligrosa, y en donde grupos enteros de personas pueden caer. Desempeña un importante papel en el Trabajo-Fantasía, e incluso podría considerarse su piedra angular. El Síndrome de la Organización se desarrolla, cuando un Maestro genuino muere y sus allegados o discípulos de más antigüedad, consideran un deber sagrado, el continuar "la Obra del Maestro".

 

Así que se forma una organización, de esta organización nace una jerarquía. El rango en la jerarquía no depende del nivel del ser individual, sino de la cantidad de tiempo que han estado en el trabajo y de la cercanía con el Maestro cuando estaba vivo. Tales jerarquías tienden a llegar a ser fosilizadas. Desalientan la independencia y la libertad de acción en el trabajo, y toman refugio en la ortodoxia rígida. Todas las enseñanzas y los métodos que legó el Maestro deben ser preservados y transmitidos exactamente, así como fueron enseñados.


Estas personas, “pilares de la ortodoxia” rara vez comprenden que los tiempos, las situaciones y la gente cambia y que los métodos que alguna vez fueron eficientes en un tiempo dado, quizás ya no sirvan para nada, que lo que fue útil en una época, puede ser inútil en otro tiempo y sobre todo en otro lugar. También ignoran el hecho de que, en el Trabajo”, la antigüedad no es sinónimo de progreso espiritual. El hecho de que alguien haya estado cuarenta o cincuenta años “en el Trabajo” o que haya conocido íntimamente al Maestro no lo convierte automáticamente en un ser liberado.

 

Los mal llamados "discípulos antiguos" en el Trabajo son los que por lo general han perdido una real comprensión de las metas del Trabajo. Quizás estén operando en piloto automático, bastante mecánicamente. Conocen todas las frases estándar al derecho y al revés, las técnicas "aprobadas" por la ortodoxia y las pueden exteriorizar sin esfuerzo alguno cada vez que se oprime el botón correcto. Por eso quizá es que dan la impresión de poseer autoridad. Lo triste es que los jóvenes que penetran en las filas de la organización, son los que más peligro corren que se les lave el cerebro, al pensar que la autoridad de esta gente esta justificada.

 

Sin embargo, el hecho es que los discípulos antiguos están espiritualmente a menudo en un callejón sin salida. Habiendo perdido de vista los verdaderos objetivos del Trabajo, se ocupan de la política de la organización. Gastan sus energías en los pequeños juegos de la competencia que tienen lugar en cualquier organización. No son Maestros sino políticos de poca monta. Es de dudarse si alguien pueda en realidad sustituir al Maestro y continuar su Obra, porque un Maestro genuino, desarrollará sus propios métodos de acuerdo con sus habilidades e intereses especiales. Gurdjieff, por ejemplo, fue, como él mismo lo dijo: “Un maestro de danzas”. Él enseñó a través de los movimientos. Ciertamente ésta no fue la única manera en la que enseñó, sino que los movimientos jugaron un rol muy importante en sus métodos. Otro Maestro, quizás coloque el énfasis en alguna forma diferente de Trabajo, en la meditación, o en el teatro interno y externo, o en los ejercicios respiratorios.

 

Existen muchas técnicas, algunas más efectivas que otras, algunas útiles para cierto tipo de personas, y algunas útiles para personas diferentes, de acuerdo al tipo individual y a su psicología. Pero los "pilares de la ortodoxia" que consideran su deber sagrado el "continuar con la obra del Maestro" no se dan cuenta de que lo que el Maestro dejó quizás ya no sea apropiado para las condiciones presentes de existencia. Tampoco toman en seria consideración si ellos mismos han en realidad comprendido la enseñanza real del Maestro.

 

El Síndrome de la Organización es tan malo para los discípulos como para los miembros de la jerarquía que se hace cargo de la institución. Es malo para los discípulos porque les ofrece un medio para engañarse a sí mismos, un escondite, un subterfugio, una artimaña. Creen que están “en el Trabajo” porque se reúnen, charlan, ejecutan movimientos y por lo tanto pertenecen a una Tradición. Si se quedan por el tiempo suficiente quizá se levantaran por las filas de la jerarquía y llegaran a ser dirigentes de grupos. Quizás terminaran imaginando que ellos mismos son "Maestros".

 

Desafortunadamente las actividades de la organización se pueden volver en extremo mecánicas. Tienen poco o ningún efecto en los que las realizan, al igual que la asistencia semanal a la iglesia suele tener poco o ningún efecto en los que van a ella. Para estas personas, ir a la iglesia se ha convertido en un hábito. El domingo se va a la iglesia igual que el sábado por la noche se sale a comer a un restaurante o se va al cine.

Es en extremo difícil escapar de la trampa de la organización, tanto para los miembros de la jerarquía que la dirigen como para los neófitos a los que se supone que deben guiar. A muchas personas les encanta esta trampa y son felices de permanecer en ella. Prefieren el Trabajo Fantasía al Trabajo Real. Les encanta que les digan qué hacer, que pensar, que posturas y máscaras adoptar, pues les ahorra el supremo conflicto de razonar y tomar responsabilidades por sí mismos.

 

A veces sucede, que dentro de una moribunda organización, se da el caso que se desarrolla un Maestro genuino, con el poder suficiente de romper la trampa y liberar a aquellos atrapados en ella, siempre que ellos tengan el anhelo de ser liberados. Algo similar sucedió entre las filas de la Sociedad Teosófica cuando Krishnamurti, tuvo el valor de disolver la organización que había sido preparada para él (La Orden de la Estrella) y expuso despiadadamente y sin miramientos la manipulación de la que habían sido objeto sus miembros.

 

Krishnamurti necesitó de un gran coraje para hacerlo, pero ésta es una característica propia de los verdaderos Maestros, que sin vacilar destruyen ídolos, rompen sueños, destruyen sistemas dogmáticos de creencias prefabricadas. El Maestro es un enemigo declarado de ortodoxias, desconfía de jerarquías. Es un espíritu libre cuyo único interés es el de ayudar a otros a obtener su verdadera y genuina libertad.

Trampa Nº 5

El Síndrome de la Salvación Personal

 

Ésta es una trampa sutil y peligrosa. Ha sido la maldición de las tres religiones de Abraham: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Este síndrome ha convertido todas estas religiones en cultos de culpabilidad, donde los humildes devotos imploran a un Dios en las 'alturas' el ser perdonados por sus 'pecados' y les otorgue algo vagamente descrito como salvación. Pero me pregunto, ¿salvación de qué o de quién? Supuestamente del “infierno”. Salvación del fuego eterno, que ha sido uno de los métodos preferidos de los sacerdotes de estas religiones, para atemorizar a los fieles y así se comporten de acuerdo a la manera que los sacerdotes pretenden.

 

Un gran error subyace en la estructura del Síndrome de Salvación Personal. Quienes lo padecen imaginan que el yo personal, el llamado ego, puede ser salvado o condenado. Si van a los cielos, sería su yo personal, así el Sr. Pérez o la Sra. Pérez irán en ascensión en medio de una hueste de angelitos e instrumentos de cuerda en sinfonías celestiales. O si contrariamente, caen en el pozo del infierno, serán el Sr. o Sra. Pérez los que estarán chillando y gritando de dolor y de terror en medio de las llamas y de una colección de demonios de diferentes jerarquías. Así que las vidas del Sr. Pérez y de la Sra. Pérez, dominadas como están bajo esta absurda superstición, se vuelven un manojo de conflictivos sentimientos de culpa y al mismo tiempo, simple y sencillamente, no pueden dejar de pecar, pero tampoco no dejan de desear, ni de buscar su "salvación personal".

 

Si solo supieran que la salvación real nada tiene que ver con la personalidad. La salvación no es otra cosa más que la liberación del sentido del "yo personal", de la percepción fragmentada del 'yo', de los limitados y estrechos confines del ego. El reino de los cielos, que ha llegado a ser una frase sin significado, se refiere a ese estado de liberación del ego. Jamás podremos penetrar en el "Reino de los Cielos" vestidos con nuestros egos, como dice el evangelio sobre el camello, que es más fácil que pase por el ojo de una aguja. Constantemente preocupados por “Qué tengo que hacer yo para ser salvado”, "Mi salvación", solo empeoramos las cosas pues es el "yo", el "mi" lo que no puede ser salvado. El "Yo" es el obstáculo. El creador y sustentador de la gran ilusión y herejía de la separatividad.

 

El verdadero Trabajo es la operación alquímica de separar el "yo" para trascender el estrecho ego, lograr la unión, la yoga con el verdadero Ser, que es real e impersonal, fuera del marco del espacio-tiempo. "Aquel que ve al ser en todas las cosas y todas las cosas contenidas en el ser, ese es libre". Al ser liberado, no hay necesidad de preocuparse por su destino personal. Ya no se molesta en preguntar si va a ser salvado o castigado, ni le interesa saber a dónde ira después de la muerte. Para él, todas las ideas acerca del cielo o del infierno son cuentos fantásticos sólo aptos para niños. Una vez que se ha desprendido del yo personal, toda conversación sobre qué debe hacer para salvarse carece de sentido. No puede haber salvación para el yo personal porque se basa en una ilusión.

Trampa Nº6
El Síndrome de los Súper Esfuerzos

 

Esta sutil trampa también puede llamarse el “Síndrome de Escalar el Monte Everest”. Consiste en creer que el Trabajo involucra algún tipo terrible de intensos súper-esfuerzos, similares a los que realiza un alpinista que lucha por alcanzar la cumbre del Monte Everest solitariamente. La trampa es sutil porque la idea detrás de esto es muy cercana a la realidad.

 

El Trabajo involucra grandes esfuerzos, pero son esfuerzos de un tipo muy especial. Son más parecidos a la habilidad de un equilibrista o a un malabarista. Se requiere una constante atención y esfuerzo en perfecta armonía, más que la imagen del super-esfuerzo que comúnmente se desarrolla en esta trampa, y no se parecen para nada a aquellos esfuerzos llenos de heroísmo con los que se entrena a los soldados, o de los escaladores del Monte Everest.

 

En el síndrome del super-esfuerzo subyace un malentendido profundamente arraigado sobre la naturaleza del Trabajo. El verdadero Trabajo consiste en una lucha contra el estado de identificación. La identificación se entiende por el proceso de sumergirse totalmente en lo que uno esta haciendo de forma que toda percepción objetiva desaparece, aun la percepción de nuestra propia existencia. La mayoría de las personas pasan su vida entera viviendo en este estado, y nuestra cultura está diseñada para fortalecer su continuidad. Siempre se nos está apremiando a tomar partido, a identificarnos con algo. Con un sueño, un proyecto, una creencia, una ambición o un juego. Estamos tan acostumbrados a estar en este estado de identificación, que difícilmente podemos imaginar sea posible vivir de otra manera.

 

Es posible que las personas lleguen a estar identificadas con lo que imaginan que es el Trabajo, esto significa, que se aproximen al Trabajo con una actitud de trágica consternación y exagerada seriedad. Están seguros de que deben exigirse de sí mismos no esfuerzos ordinarios, sino super-esfuerzos. No comprenden que el Trabajo es un juego de habilidad para ser jugado suavemente y con un espíritu de desapego. Para la gente con este síntoma, el Trabajo se convierte en una especie de prueba. Esta severa actitud, ceñuda e inflexible produce terribles estados emocionales, exceso de tensión y de incomodidad. Cualquier fracaso para persistir en los súper-esfuerzos, produce un sentimiento de culpa.

 

Los sentimientos de culpa generan esos patrones de autocastigo que han sido y son una característica tan desagradable de la vida de ciertos tipos de fanáticos religiosos. Estos fanáticos se castigan y flagelan a sí mismos mediante procedimientos tales como el uso de cilicios, largos períodos de ayuno, colgarse cadenas, prácticas de abstinencia sexual, o privarse de horas de sueño, etc. A menudo adquieren la perniciosa costumbre no sólo de auto-flagelarse, sino de también castigar a los demás, especialmente a aquellos que no están de acuerdo con sus creencias religiosas.

 

Pero además el Síndrome del Super-esfuerzo produce otro efecto sutil. Los organizadores del Trabajo, que usualmente sucumben a esta trampa, normalmente asignaran un período de tiempo para ser dedicado al super-esfuerzo. Tiempo en el cual, todo estará destinado para hacer la existencia de los que toman parte, tan incomoda y tan difícil como sea posible. Habrá quizás lecturas interminables de sagradas escrituras, largas horas de dura labor manual y física, ejercicios especiales supuestamente diseñados para promover el "recuerdo-de-sí", etc. Quizás habrá poca comida, pocas horas de sueño, nula calefacción en invierno y condiciones incomodas en general. Una actitud de resignada determinación impregna el ambiente. Hacer o morir, conquistar o fracasar.

 

Es posible que para aquellos que comprenden lo que están haciendo esto no sea del todo negativo y ganen algo de esas pruebas difíciles. El problema es que muchos emprenden estos retiros de prueba, sin saber ni entender por que lo que hacen. La prueba en sí se convierte en una excusa para un viaje puramente del ego. Un espíritu de competencia se desarrolla, como un concurso, una carrera para saber quien puede soportar más humillación, más trabajo, más malos tratos, hambrunas, etc. sin ninguna queja externa.


Pero el verdadero daño solo aparece después de terminadas estas orgías de auto-negación y auto-tortura. La reacción no se hace esperar. Cualquier energía recuperada o ganada durante los días de privación, en lugar de ser usada en algo creativo, es dilapidada en excesos en esas mismas indulgencias a los que se tuvo que renunciar durante el período de privación. Las personas implicadas se sienten con su sagrado derecho a darse un capricho.  ¿Acaso no estuvieron haciendo super-esfuerzos? ¿No tienen derecho, por tanto, a relajarse y disfrutar? Así que derrochan todo lo que han ganado en actividades inútiles y, a menudo, perjudiciales para su salud.

 

El Síndrome del super-esfuerzo es un obstáculo para comprender la verdadera naturaleza del Trabajo Interior. El Trabajo verdadero no es heroico y no se trata de hacer hazañas espectaculares. Es comparable a los movimientos pacientes y hábiles de un escultor modelando algún duro material como la piedra o el marfil. Es un conjunto de esfuerzos constantes y sin pausa, no un gran super-esfuerzo. Esto necesita de una paciencia ilimitada y requiere de una voluntad que esté dispuesta de empezar una y otra, y otra vez. Sobre todo, implica liberarse de la identificación, porque la identificación siempre destruye el Trabajo Real y lo sustituye por el Trabajo Fantasía. Lo hace de una manera tan sutil que muchos de los que caen en esta trampa son incapaces de ver dónde han cometido su error.


Trampa Nº7

El Síndrome de las Reuniones Dominicales

 

Ésta es una de las trampas más obvias. Está estrechamente relacionada con la Trampa de Organización, pues necesita una organización para manifestarse.

 

Los que caen en esta trampa pierden toda visión del verdadero propósito. Sustituyen el Trabajo Real sobre sí mismos por la asistencia regular a las reuniones de la organización. Asisten a estas reuniones de manera bastante mecánica, por costumbre. Al asistir a ellas, obtienen un sentimiento de pertenencia y la seguridad de que están realmente "en el Trabajo". Cuando están en las reuniones, hacen los ruidos que se espera de ellos, expresan una o dos observaciones, escuchan las lecturas, leen libros, y todo lo demás. Y una vez que abandonan la reunión, se olvidan por completo del Trabajo sobre sí mismos.

 

En estas personas, el Trabajo se ha convertido en una mera manifestación de la personalidad. Es totalmente artificial. Quizás hubo una época en que llegó a representar algo real, pero este contacto desde hace tiempo se ha perdido. Todo esta basado en fantasías y mentiras, así de simple. Esta fantasía es producida por el mecanismo para crear ilusiones, que opera implablemente y que es tan sutil en el cerebro humano.

Trampa Nº8

El Síndrome de la Búsqueda del Gurú

 

Esta también es una trampa bastante obvia. Los que caen en ella se pasan la vida yendo de maestro en maestro, exigiendo a cada uno que les revele los grandes secretos del Trabajo. No pueden o no quieren entender que no existen secretos que puedan ser revelados. Los secretos del Trabajo se protegen a sí mismos. Sólo pueden ser descubiertos a través de la práctica y la dedicación sincera, y esa práctica debe alcanzar un cierto nivel de intensidad y continuidad antes de que el secreto pueda ser revelado ante el practicante.

 

Los que caen en la trampa de la Búsqueda del Gurú no tienen intención alguna de trabajar ni de practicar en forma continua e intensa. Lo quieren todo presentado en una bandeja de plata. Si no se les presenta el trabajo de esta manera, concluyen que el Gurú es un impostor que no sirve para nada, que es un fraude y deambulan en busca de otro Gurú. Su búsqueda nunca termina, o sólo termina cuando ellos mueren, por la simple y sencilla razón de que no desean que ésta termine. Para ellos, la búsqueda se ha convertido en un juego en sí mismo. Hace mucho tiempo que olvidaron lo que estaban buscando realmente.

Robert S. de Ropp 


Traducido y extractado por Alfredo Marinelli. Fuente de información "Self-Completion: Keys to the Meaningful Life" - Gateway Books & Tapes, para el blog: “Gurdjieff y Ouspensky - Estudio e Investigación”